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[Política] Se roban todo: De la dentadura de Belgrano y las manos de Perón al anillo de Menem y pertenencias de periodistas en la Rosada
Anillos, joyas, dentaduras, cuerpos embalsamados, parte de cadáveres, bastones de mando y bandas presidenciales, hasta pertenencias de periodistas acreditados en la Casa Rosada en los últimos días. Todo eso y mucho más que desconocemos, les robaron a figuras políticas argentinas que van desde Belgrano y Perón hasta Menem y Frondizi.
Escribe: Germán Giacchero
Más allá de los millones y millones de pesos y dólares que “se afanaron” nuestros funcionarios y amigotes en los últimos siglos, algunos probados y otros presentes en el imaginario popular, hay muestras de una tristemente célebre costumbre argentina que se repite en el tiempo, con episodios graves y truculentos que presenta la historia política.
Robar. Robar lo que sea. Con fines muy diversos: desde la pura maldad y el oportunismo idiota, hasta la intención de querer quebrar al “enemigo” político y cambiar el rumbo histórico del país.
A Manuel Belgrano, dos ministros de la Nación le robaron piezas de su dentadura durante la exhumación de sus restos, varios años después de la muerte del General patriota. Ambos fueron obligados a devolver los dientes, pero el bochorno pasó a la posteridad.
La profanación de la tumba de Juan Domingo Perón y la desaparición de sus manos constituye otro evento vergonzoso, del que mucho se dijo, pero nada se comprobó en materia judicial.
Ni hablar del cadáver de María Eva Duarte de Perón. El cuerpo embalsamado de Evita permaneció oculto durante 16 años, luego de ser sustraído por agentes militares.
Fue una pesadilla para los sucesivos gobiernos dictatoriales que no sabían qué hacer con los restos de la “abanderada de los humildes”. Hasta que, negociación mediante, Perón recibió el cadáver que había estado enterrado en Italia durante algunos años.

Otros hechos más leves, pero no por eso menos reprobables estuvieron relacionados con figuras políticas argentinas. En 2009, por ejemplo, se llevaron el bastón y la banda presidencial de Arturo Frondizi del Museo Histórico de la Casa Rosada.
Y la lista sigue, por supuesto.
Hace unos días nada más, los periodistas acreditados en la Casa Rosada se encontraron con una sorpresa: escritorios revueltos, pertenencias personales sustraídas y casilleros personales forzados.
Nadie puede explicarse cómo pasó eso en la sede del gobierno argentino, donde la seguridad debería ser intachable. En el sector no hay cámaras de seguridad, no hubo denuncia formal y solo una investigación de oficio de la Policía Federal.
Medio raro todo, ¿no?
El anillo
Carlos Menem falleció el 14 de febrero de 2021a los 90 años. Poco después se conoció que le habían sacado el anillo de oro que llevaba en una de sus manos. Las sospechas recayeron en un enfermero.

El objeto fue restituido por familiares del acusado, quien permaneció prófugo. Lo llevaron a una Comisaría, les tomaron testimonio y quedaron en libertad.
El anillo estaba grabado con las inscripciones de los nombres de los hijos del expresidente.
Una muestra más de la tristemente célebre viveza criolla.
Pero, como ya lo dijimos, fue solo un capítulo más de acontecimientos lamentables que siguieron la misma modalidad. No el peor, claro.
Dientes y reloj
Belgrano murió en la más absoluta pobreza. Al Héroe de la Patria le enviaron una mínima cantidad de dinero cuando reclamó al Gobierno la liquidación de los sueldos adeudados.
No hubo un funeral destacado ni grandes reconocimientos hasta varios años después. En 1902, exhumaron sus restos para ser trasladados a un nuevo monumento por iniciativa del presidente Julio Argentino Roca.
Algunos huesos y su dentadura se colocaron en una bandeja de plata. Ahí fue cuando los ministros del Interior y de Guerra, González y Ricchieri, se apropiaron cada uno de un diente de Belgrano. La excusa usada luego fue que era para mostrar las piezas dentales al general Bartolomé Mitre.

El reclamo de la prensa surtió efecto y las restituyeron. “Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación”, había publicado “La Prensa”.
Pero, el creador de la bandera nacional padeció otros infortunios. Un reloj de oro, con cadena, obsequio del rey Jorge III de Inglaterra, que le había obsequiado a su médico, el escocés Joseph Redhead, fue robado del Museo Histórico Nacional en junio de 2007.
Mientras tanto, aún resta que se construya una de las cuatro escuelas con un dinero que destinó con esa finalidad en 1.813. No llegó a ver ninguna construida. La de Tarija se levantó en 1974, la de Tucumán, en 1998, y la de Jujuy, en 2004. La de Santiago del Estero, brilla por su ausencia.
Las manos
El 29 de junio de 1987, 13 años después de su muerte, la tumba de Perón en el cementerio de La Chacarita fue profanada. Se llevaron varios objetos, como la espada y su gorra militar, y también sus manos, que habrían sido cortadas con una sierra, según la investigación judicial.
Su féretro estaba blindado con un vidrio de siete centímetros de espesor y tenía cuatro cerraduras que se abrían usando 12 llaves. La tapa de madera estaba cubierta por una plancha de metal.

Hubo un pedido de rescate inicial y sospechas de una “vendetta” por parte del italiano Licio Gelli, jefe de la logia Propaganda Due (P2), por un supuesto pacto incumplido por Perón. Pero, la hipótesis quedó en la nada.
Seis hombres fueron arrestados y cinco procesados, pero ninguno fue acusado formalmente. Los últimos fueron sobreseídos en 1990. Aunque se sostiene que hubo participación de agentes de inteligencia militar, la causa no posee una pista sólida ni tampoco imputados.
Incluso, varias personas que participaron de la investigación han muerto de manera sospechosa o asesinadas. El juez Jaime Far Suau, por caso, falleció el 22 de noviembre de 1988 en un accidente automovilístico.
El cuerpo
El cadáver embalsamado de Eva Perón fue un botín de guerra disputado entre los propios militares en el poder y el peronismo que resistía.
Su cuerpo fue robado de la sede de la CGT y tuvo un peregrinaje errático y vergonzoso durante largos 16 años. Los militares no querían enterrarla en un lugar donde se la pudiera venerar y se convirtiera en un símbolo de la resistencia al poder de facto.

Pesadilla y locura significó el cadáver en manos de sus captores. Uno terminó matando a su esposa embarazada cuando pensó que alguien había descubierto el lugar secreto donde la tenía: el altillo de su casa. Y un jefe de inteligencia fue separado de su cargo cuando se descubrió que manoseaba el cuerpo.
Tras negociaciones con el Vaticano, Evita fue sepultada en un cementerio italiano con nombre y nacionalidad de ese país. El 3 de septiembre de 1971, Perón recibió el féretro con el cuerpo tras un derrotero de una década y media.
Sus restos descansan hoy en el Cementerio de la Recoleta.
Otros robos
En agosto de 2007, se robaron del Museo de la Casa Rosada una lapicera del presidente Roberto Ortiz y dos relojes de Nicolás Avellaneda y Agustín P. Justo.
El reloj de Avellaneda era un Robert Roskell de Liverpool de bolsillo, con cadena de oro, chalequero y relicario.
El de Justo era un Ulysse Nardin -marca suiza fundada en 1846 y aún activa-, de oro y pesaba 196 gramos.
En octubre de ese año, faltaron cuatro medallones del año 1850 del Museo Fernández Blanco.
En febrero de 2008, tras un asalto al Museo Histórico y Numismático del Banco Nación, se alzaron con monedas valuadas en 100.000 pesos.

A comienzos de este año, hubo incluso algunos cruces entre integrantes de Las Fuerzas del Cielo mileístas por el faltante de un pote de miel, tazas y vasos térmicos, de un sector de la Casa Rosada.
El suceso más reciente tuvo como víctimas a los periodistas acreditados en la sede del Ejecutivo nacional, con quienes los funcionarios del Gobierno, incluso el propio presidente Javier Milei, tienen una relación bastante tensa.
Durante el último fin de semana, desconocidos ingresaron a la Sala de Periodistas “Decano Roberto Di Sandro”, y los trabajadores de prensa se encontraron con un escenario desalentador: cajones de escritorios totalmente abiertos, mochilas movidas y pertenencias personales desparramadas por el suelo o faltantes.
El hecho, como era de esperarse, reavivó de inmediato las denuncias por amedrentamiento y persecución contra la prensa libre. Mientras la Policía Federal inició una investigación criminal de oficio, desde el Poder Ejecutivo mantuvieron un llamativo desentendimiento sobre lo ocurrido.
Por lo visto, no se salva nada. Ni nadie.
Lástima.