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Un inglés en el sur cordobés
¿Te acordás, hermano?
Escribe: Julio a. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)
“Villa Nueva – Un Pueblo con Historia”, el libro de Pablo Granados – 10/11/1975, en su capítulo “La lucha contra los indios” dice que: “…por los antecedentes de las grandes heridas que abren en nuestro departamento las invasiones de los indios, el gobernador Manuel López decretó el 13 de mayo de 1834… “Visto que en los departamentos Río Seco, Santa Rosa, Río Segundo y Tercero Abajo casi han concluido las crianzas de haciendas de todo tipo y raza, por las frecuentes invasiones de los salvajes indígenas, por el término de doce años, contados desde la fecha, no tributarán diezmos de cuatropea (1) quienes allí habitan…mientras los campos que rodean a “Fraile Muerto” (actual Bell Ville) ofrecen excelentes posibilidades para quienes deseen dedicarse a la agricultura”. Las fortificaciones en esa zona tuvieron que ver con la decisión tomada por jóvenes ingleses que decidieron venir a tentar suerte en un espacio de la pampa donde el asedio de los aborígenes era moneda corriente.
El libro “Un Poblador de las Pampas” (Marzo 2003) escrito por Richard Arthur Seymour y traducido por don Justo P.Sáenz (h) se refiere a la audaz empresa de Richard Arthur Seymour, inglés, futuro estanciero en el sur de la provincia de Córdoba, hombre culto y de buena cuna, que llegó a Buenos Aires en marzo de 1865, cuya obra puede ser calificada de estupenda, pues ningún extranjero ha descripto con mayor frescura, objetividad y precisión de detalles como eran los campos de frontera, cuando se decidió a fundar una estancia (2).

Y continúa – A él se agregó, después,su hermano Walter y juntos concretaron su experiencia de noveles criadores de ovejas y precursores de la agricultura comarcana, en un mismo sitio y orientados por un solo propósito, explotar las diez mil hectáreas compradas al gobierno de Córdoba, a trece leguas al Sudeste de Bell Ville, con el río Saladillo como uno de sus límites. En cuatro años de estancieros, tropezaron y lucharon contra múltiples factores que infundieron categoría heroica a la existencia de estos pobladores en el desierto argentino, sin dejar de ser optimistas sobre el porvenir de nuestra patria. Auténticos gentleman, fueron civilizadores, junto con otros jóvenes británicos que llegaron atraídos porla posibilidad de ganar dinero. Su lucha fue intensa, titánica, hasta los ataques de los indios los tuvieron a mal traer.
El libro de Seymour es una verdadera joya de la literatura descriptiva, ya que no se le escapó un solo detalle de lo que ocurría en nuestras llanuras, describiendo con precisa exactitud las costumbres, modo de vida de sus nativos, etc. etc. y la riqueza de su flora y de su fauna.
De los cientos de anécdotas que con excelsa creación gramatical ha descripto, rescataremos algunas que a nuestro entender son las más importantes, como cuando… “Expresa que Rosario está rodeada por campos comprados por ingleses y alumbrada a gas como cualquier ciudad de Inglaterra y pronto estará conectada con Córdoba por el Ferrocarril Central Argentino, que se construye con capitales ingleses. El ferrocarril, con una extensión de unos 360 Km. es de fácil construcción en una planicie que no requiere grandes obras de arquitectura. El primer tramo llegará hasta Villa Nueva, importante localidad de la provincia y existe la posibilidad de llegar a Mendoza y a Santiago de Chile. Opino que el Río de la Plata debería ser uno de los países más florecientes del mundo. Sin duda alguna esta zona del país se verá favorecida pues el puerto de Rosario, apto para que amarren grandes barcos, pudiendo así conectar esta parte del continente con nuestra Inglaterra.
Seymour continúa: “Nos habíamos provisto de todo lo necesario, sin dejar de lado varias pistolas, salimos de Rosario una mañana temprano en diligencia, que a decir verdad es un armatoste tirado por seis, siete o diez caballos, según las condiciones del camino, situado cerca del terraplén donde vimos a los peones colocando los durmientes y rieles del futuro FCCA. A todo esto, el conductor no reparaba en pozos, ni vizcacheras. Íbamos seis dentro y dos más sentados en el pescante. Llegamos a Fraile Muerto al otro día por la tarde”.