Hasta cuándo durarán los aplausos…

Escribe: Germán Giacchero

¿Hasta cuándo durarán los aplausos a los médicos, enfermeros, y profesionales de la salud que honran su trabajo en la línea de fuego contra el coronavirus?

¿Hasta cuándo estarán presentes los aplausos para los taxistas, colectiveros, cadetes y choferes de todos los transportes por no poder parar en esta cuarentena?

¿Hasta cuándo se sentirá el eco estimulante de los aplausos para los recolectores de basura que desafían la pandemia haciendo lo que hacen todos los días?

¿Hasta cuándo se repetirán los aplausos a policías, bomberos, inspectores de tránsito y autoridades que no pueden hacer abandono de tareas?

¿Hasta cuándo se renovará el aplauso para los vecinos convertidos en artistas de ocasión con sus cantos, su música o sus pasitos de baile para alegrar largas jornadas de encierro? 

¿Hasta cuándo se extenderán los aplausos y los gestos de aprobación para todas esas personas solidarias, de cualquier edad, condición social, oficio y nivel educativo, hermanadas por el fin de ayudar a los demás?

¿Hasta cuándo batiremos palmas por todos los que no pueden dejar la calle, mientras casi todo el mundo está sumergido en una cuarentena casi total, con sus excepciones a la vista?

¿Hasta cuándo seguirán ardiendo las manos de aplausos por quienes la están pasando mal, muy mal o han caído en desgracia por los efectos colaterales de una pandemia voraz y de un confinamiento que complica la vida económica, financiera, familiar o personal en muchos sentidos?

¿Hasta cuándo la sociedad aplaudirá a los docentes, profesores y maestros, urbanos y rurales, titulares y suplentes, jóvenes y mayores, que, a pesar de no dar clases en las aulas, continúan haciendo su trabajo desde sus hogares? Algo a lo que ya estaban acostumbrados desde siempre, pero que ahora se ha intensificado por esta situación especial de aislamiento.

¿Hasta cuándo durarán los aplausos para las mamás, los papás y los familiares que ayudan a sus hijos, sobrinos o nietos con las tareas escolares, a pesar de tener otras ocupaciones y de no entender algunas veces de qué se trata eso?

¿Hasta cuándo aplaudiremos a nuestros hijos, sobrinos, nietos, hijos de nuestros amigos, por su condición de alumnos a distancia, por su esfuerzo por adaptarse a las clases virtuales, por no dejarse caer a pesar de no contar muchas veces con la tecnología, los recursos y las posibilidades para no dejar de aprender?

Si en este texto hay algo que no se condice con la realidad, si algunos de esos aplausos nunca llegaron a destino, algo estamos haciendo, percibiendo o analizando mal.

¿Hasta cuándo seguirás leyendo sin dar un aplauso a quienes se lo merecen, pero no siempre son reconocidos por los demás?

(Foto ilustrativa, Europa Press)

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