Venezuela, Tío Alberto y el culto a las contradicciones

Escribe: Miguel Andreis

La noticia de los últimos días que sorprendió a un sector de la sociedad fue la cruda condena al régimen chavista de Nicolás Maduro de Venezuela, formalizado en una denuncia de la expresidente chilena, Michell Bachelet, en un trabajo presentado y solicitado por las Naciones Unidas. 

En el mismo se exponen entre otros factores, los hechos generados por el autoritarismo de su conductor, Maduro. Allí se superponen, violaciones a los derechos humanos, y quebrantamientos de los más variados a un sistema constitucional. 

Argentina, a través del representante nacional ante dicha organización, Federico Villegas, que acompañó lo expuesto por Bachelet, adhirió a la investigación. Esto indicaba un cambio de visión y concordia de Argentina, es decir, del presidente Alberto Fernández.

Las expectativas promovidas con este acto de denuncia, a la dictadura en cuestión, despertó no pocas expectaciones en un amplio sector de la sociedad argentina. ¡¡Algo está cambiando!!  Fue tan solo un apresurado espejismo.

Lo expuesto pocas horas después, por el mismo primer mandatario, puso en curso su exponencial nivel de contradicciones. La decepción de sus definiciones volvió a sorprender.

Todavía alguna tinta permanecía fresca, sobre los dichos de Federico Villegas, acompañando el informe de la Comisionada de Derechos Humanos de la organización, Michelle Bachelet.

En el medio quedaba la gris comunicación telefónica, entre CFK y Fernández. Es conocido por todos, cuál es la posición de Cristina, la vice, con respecto a Venezuela. Su justificación de Maduro suena inadmisible. Ella, en la materia opinable sobre dicho país, ha sido coherente.  Todo hace suponer que después de ese contacto, rápidamente el presidente cambió su opinión. 

Bachelet sostenía que: «Compartimos la profunda preocupación por la situación de los derechos humanos, así como por la grave crisis política, económica y humanitaria en Venezuela», es lo que se expresó en Ginebra, sede de la ONU. Desnudaba la realidad de una nación que el autoritarismo ya no se puede ocultar.

Cuando se le teme a un periodista…

El presidente Alberto Fernández tuvo que salir a aclarar su posición sobre la situación de los derechos humanos en Venezuela, luego de que horas antes, en nombre de su Gobierno, se cuestionara con inusual dureza al régimen de Maduro en la ONU.

Sin embargo, en las últimas horas, Fernández indicó como si nada hubiese ocurrido que “jamás” su gobierno desconoció “la legitimidad del gobierno de Venezuela”, y agregando que “nunca reconocimos el gobierno de Juan Guaidó, como sí, lo hizo el macrismo”. Llamativamente tales expresiones las lanzó en una entrevista radiofónica con Víctor Hugo Morales.

Las anteriores manifestaciones de condena a Venezuela y su grave crisis política, económica y humanitaria, se archivaron en el tintero de la incertidumbre. Como siempre. Hasta el momento, el presidente, no claudica en la generación de desilusiones a quienes pretenden vivir en una sociedad democrática y republicana. No pierde la coherencia de su incoherencia. Esto expone, aún más, su dependencia con la vice.

La pregunta es no sólo quién nos gobierna o en todo caso, ¿puede gobernar un país quién hace un culto tan notorio de las contradicciones?

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