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Retenciones y tensiones: la presión fiscal no afloja
Escribe: Julio César Nieto
Tras la caída de reservas y las modificaciones en la política monetaria del BCRA, el Gobierno anunció, entre otras medidas, una baja en el porcentaje de retenciones para diversos sectores.
Entre estos, se destaca la soja: del 33% (actual) al 30% con un paulatino re-aumento para noviembre (31,5%), diciembre (32%), para volver en enero de 2021 al 33% inicial.
Este incentivo de sólo cuatro semanas, generó un enorme malestar en los productores y entidades agropecuarias.
Desde 2002, el campo aportó al Estado unos USD 100.000 (lo equivalente a un actual Plan Marshall, que reconstruyó a Europa de la posguerra). Los grandes frutos del “boom” en los commodietes hicieron posible la epopeya de la Década K, y la posibilidad histórica de poner al país nuevamente de pie tras décadas de estancamiento y recesión. La historia quedó en relato.
Cuando asumió Alberto Fernández, el hombre de campo vendía la soja a U$S 206, hoy apenas lo hace a un promedio de U$S 150.
Según un reciente trabajo de IERAL-Fundación Mediterránea, Argentina forma parte de los 13 países del mundo que aplica retenciones al productor.
El trabajo, en base a datos extraídos del Banco Mundial, muestran en rojo a los países que aplican retenciones o derechos de exportación. La particularidad recae en que dichas naciones, no están en los primeros puestos de prosperidad y competitividad agropecuaria.

En un contexto de pandemia global, el desaliento al sector que más ingresos de dólares le genera a la economía vuelve a ser ninguneado.
Argentina, una vez más, aparece entre los países del mundo que más presiona fiscalmente al campo, desalentando exportaciones, inversiones e ingreso de divisas necesarias para salir a flote de los actuales desequilibrios fiscales en una economía cada vez más vapuleada y con final incierto.