Economía en una botella: empresas en una encrucijada

Escribe: Julio César Nieto

En un prolijo trabajo expositivo del economista Esteban Domecq, se analizó la situación de las empresas al margen del debate (o grieta) entre salud o economía. 

En una especie de alegoría, comparó una empresa en una botella pinchada. “Constantemente está ingresando agua por el pico en función de: operaciones -> facturación -> cobranzas. Y, a su vez, constantemente está saliendo agua por cuatro agujeros inferiores: sueldos, proveedores, préstamos e impuestos“, explicó el economista del UCEMA e Invecq Consultores.

Las empresas se financian combinando capital propio y/o de fondos de terceros (préstamos).

El agua de la botella es el capital de trabajo (fondo de maniobra) de la empresa, y determina la capacidad de poder realizar sus actividades.

Los 4 agujeros inferiores agrupan todos los pagos que hace la empresa:

-Sueldos de personal (incluidos los societarios)

-Proveedores

-Préstamos

-Impuestos (nacionales, provinciales y municipales)

Cada Proveedor es a su vez otra botella, dando lugar a la «Cadena de pagos»

Todos los pagos al personal junto con las transferencias del Estado (jubilaciones, pensiones, planes), determinan el ingreso disponible de la economía.

Pero ¿cuál es el impacto del aislamiento sobre el sistema económico?

La cuarentena generó una parálisis de actividad en casi todos los sectores, lo que corta el suministro de agua a muchas empresas, reduciendo o cortando totalmente el flujo de ingresos de agua a las botellas.

A cada empresa esta situación la agarra parada de manera diferente; holgadas o comprometidas financieramente (mucha o poca agua). Con el cese de operaciones, el flujo de ingresos se corta y el agua de la botella empieza a descender rápidamente, complicando toda la operatoria.

A medida que se extienda la cuarentena, las botellas se irán vaciando más y más.

Más temprano que tarde, no tendrán suficiente agua y dejarán de pagar sus compromisos: impuestos, préstamos, proveedores y, por último, personal.

Es así como corremos el riesgo de pasar de una crisis sanitaria a una brutal crisis económica.

Semanas atrás, un relevamiento de Invecq, arrojó que solo el 23% de las empresas está en condiciones de mantener su nivel de actividad. El 18,8% está operando parcialmente y el 57% está 100% parado.

Esto implica que prácticamente 6 de cada 10 empresas están sin actividad y sin ingresos.

 Y la situación se agrava si tenemos en cuenta que 1 de cada 5 empresas llegó muy comprometida financieramente. (Secuelas de 2 años de recesión. La quiebra en muchos casos será inminente).

Con más de 600.000 empresas y 19,3 millones de trabajadores (3,2 millones del sector público), estamos hablando que miles de empresas y millones de puestos de trabajo están en grave riesgo.

La pobreza, que actualmente está en 41%, saltaría a niveles inimaginables, que hasta se podría vaticinar el 70% predicho por el economista Javier Milei una vez eliminado los IFE y las ATP. 

El final de la cuarentena es inminente, el gobierno tiene los días contados. Diciembre es un mes sensible para los argentinos y el clima de las fiestas lo puede empeorar.

Una vez superada la crisis sanitaria comenzará la reconstrucción económica. La capacidad y la velocidad de recuperación estará directamente relacionada con la cantidad de empresas que hayan logrado sobrevivir.

El dilema entre salud o economía llama a preguntar:

-¿Salvamos las vidas o la economía?

-¡Salvemos a las dos!

Foto de Portada: Dreamstime

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *