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Historias: Así mataron al legendario Juan Moreira [VIDEO]
Es una de las mejores vivencias jamás vista y escuchada aquella del asesinato del gaucho Moreira, en la localidad de Lobos, provincia de Buenos Aires. No por la muerte en sí, sino por los personajes intervinientes, por la zona donde aconteció y por la cosmovisión que rodeó a aquel suceso. Luego nacería la leyenda, de la mano de Eduardo Gutiérrez, primero, y de los hermanos Podestá, que le dieron vida al personaje, piedra fundamental del teatro argentino.
Escribe: Julio A. Benítez (benitezjulioalberto@gmail.com)
Moreira fue, con el paso del tiempo, el personaje que cargó sobre sus espaldas las calamidades del gauchaje perseguido y sin libertad. Fue la figura que concentró la desgracia de Caseros, la traición de Pavón y el aniquilamiento de las últimas montoneras federales del interior. Y si hablamos con paisanos de la zona de Lobos, Navarro y alrededores, todavía hay un poco de Juan Moreira en los reclamos por un país más justo, más nuestro, más solidario.
Todavía hoy, y sin que uno saque el tema a relucir, los gauchos bonaerenses señalan algo que oímos decir a uno de ellos en Navarro, hace un tiempo atrás: “No, ya no se ven hombres como Moreira. ¡Él sí que era bravo, eh! Si todavía está acá, a dos cuadras, la pulpería de Moreira”.
Esa pulpería a la que hace referencia esa persona, hoy es una casa particular que, gracias a la bondad de su dueño, mantiene intacto el frente para que sea un lugar de referencia y de culto al fugitivo gaucho. Para los paisanos sigue siendo la pulpería de Moreira. ¡Él está ahí… no ha muerto!
Juan Moreira, que en sus últimos años tuvo que salvar el pellejo como hombre de Adolfo Alsina y/o Bartolomé Mitre, en distintas etapas y fue reivindicado, en primer término, por los hermanos Podestá, y muchas décadas más tarde, por el cineasta Leonardo Favio (1973) Y, por supuesto, su figura recibió la veneración permanente de sus pares, los gauchos argentinos. Pero… ¿Qué hay de su matador, el sargento Chirino?

El matador
También él transmite una imagen plena de totalidades: no fue otro que el típico sargento de campaña que, obedeciendo a las autoridades unitarias o liberales de la hora, cumplía su rol como agente del orden.
En un clima enrarecido y lleno de cuchillería valiente y ligera, el sargento de los polvorientos pueblos se presentaba como hombre sigiloso y lleno de potestades, “como mandaba la ley”. Chirino bien pudo haber sido el sargento de frontera que no le pagaba el mensual al gaucho Martín Fierro, cuando este fue reclutado en la milicia, motivando así su huida, indudablemente justa.
Pasó que una tarde de juerga campestre, un hombre de a caballo de unos 80 años, se nos acercó con unos papeles que guardaba desde hacía mucho tiempo, que eran fotocopias de la revista “Así”, de cuando le realizaron una nota en 1973/1974 a la centenaria ahijada de Juan Moreira quien, con una maravillosa lucidez narraba anécdotas de su mítico padrino. El hombre de a caballo nos obsequió esas arrugadas hojas, diciendo “Allí está escrita la verdadera historia de Juan Moreira”.
No se conocen bien sus nombres, unos manifiestan que era Víctor, pero generalmente se lo reconoce como Andrés Chirino. Veamos la nota en cuestión, indaguemos en este personaje y su olvidado relato. Antes que nos enseñen cuántas películas había filmado Harrison Ford, es mejor saber quienes formaron parte de nuestra extraordinaria Patria Gaucha.
El relato
Según relató a un diario de la Capital Federal, Chirino así narró como mató a Moreira: “Fue el 30 de abril de 1874, como a la una y media de la tarde y lo tengo bien presente, era un hombre de talla regular, pero bien fornido y bien “plantao”, “picao” de viruela, pelo castaño y usaba una larga pera, con algunas canas.
Ha de haber tenido unos 40 a 42 años, era muy ágil y de una fuerza muscular extraordinaria. Yo pertenecía a la policía de la Capital y andaba en comisión con una partida de doce hombres, a las órdenes del capitán don Pedro Bertón y hacía como tres meses que recorríamos infructuosamente la campaña para detenerlo.
Nos hallábamos en la estación de Lobos, cuando llegó apresuradamente el señor Francisco Bosch, entonces comandante militar y después general de la Nación y le informó al capitán Berton que Moreira y sus hombres se encontraban en el peringundín “La Estrella”, allí cerca nomás, en la esquina de la plaza, y que el juez de Paz, señor Casimiro Villamayor, no estaba, pues había ido al campo persiguiendo a individuos componentes de otra banda de malhechores.
El capitán me dijo que tomara seis de los mejores hombres y que lo siguiera. Pasamos por el Juzgado y se nos incorporaron seis hombres más, al mando del teniente don Eulogio Varela. Rodeamos La Estrella y con el comandante Bosch, el capitán Berton, el teniente Varela y yo con dos vigilantes entramos. Dos de los compañeros de Moreira que estaban levantados, huyeron, los dejamos ir para no malograr el golpe.
En la pieza quedaba al patio, cuya puerta estaba entreabierta… vi a un hombre durmiendo, y sobre una silla, al alcance de su mano, un cojinillo con dos trabucos, una pistola y un puñal, que los tomé inmediatamente, lo desperté y sin ofrecer resistencia se entregó.
Cuando el comandante Bosch lo vio, gritó…
-¡No es Moreira, es Julián Andrade!… ¡Otro pájaro de cuentas! dijo.
Era un mozo alto, delgado, bien vestido con ropas de gaucho lujoso y de quien se decía que era uno de los mejores peleadores del pago. Lo sacaron a la calle y lo observaron que miraba fijamente la puerta, cerrada, de la otra habitación. El comandante la golpeó con el tacó de su bota, diciendo:
– ¡Acá está el que buscamos!

No tuvimos tiempo nada más que para hacernos a un lado, colocándonos en fila a lo largo del patio, viniendo a quedar yo detrás del brocal del pozo; el comandante Bosch en el recodo que formaba la pieza y los señores Berton y un soldado más hacia el zaguán. En eso apareció Moreira con un trabuco en cada mano.
-¡Aquí estoy… maulas! ¿Qué quieren?
El comandante gritó:
– ¡Ríndase Moreira a la policía de Buenos Aires…!
A lo que respondió…
–¡Acá no hay más policía que yo…!
Y antes de que con el capitán pudiéramos dispararle, y aprovechando un gran lío que había armado Andrade como para distraer la atención del momento, se oyeron dos disparos, el capitán Berton recibió los trabucazos, uno en su brazo derecho, quebrándole la muñeca y otro, en el brazo izquierdo, a la altura del hombro.
Moreira corrió hacia la tapia para saltarla, del otro lado estaba su caballo. Yo corrí detrás de él y apenas se prendió a la pared, le metí la bayoneta medio de costado clavándolo contra la pared.
Era un hombre tremendo, al sentirse herido sacó una pistola del cinto y por encima del hombro hizo fuego, entrándome la bala por el pómulo, dañándome un ojo. Entonces tomó con su mano derecha la daga que llevada denuda (*) entre sus dientes y tiró un hachazo que me pegó en la cabeza y me cortó los cuatro dedos de la mano izquierda con la que tenía el fusil.
Tuve que largarlo y cayó. Yo no hice nada más que cumplir con mi deber. Me dijo un soldado que la agonía de Moreira no duró más de dos minutos.

A mí me votaron entonces una recompensa que recibí sólo unos meses y que me iban a pagar cuarenta mil pesos por haber abatido a Juan Moreira… ¡Ni lo olí!”.
En la última de esas arrugadas fotocopias se puede leer que Andrés Chirino nació en San Juan y que era veterano de la guerra de la triple alianza (1865/1870). Ya jubilado de la policía, fue portero en el edificio de Avenida de Mayo 733 de la ciudad de Buenos Aires, hasta su fallecimiento, que algunos sostienen que ocurrió a los 93 de edad y otros dicen que ya había cumplido los 101 años.
- Mirá el video de la película de Leonardo Favio:
Fuente: Nota y Fotografías de Gabriel O. Turone – De la página www.revisionistas.com.ar. También del portal El Álbum de Lobos.
(*) Quiere decir “Que la sostenía con sus dientes, sin su funda o protección”


2 comentarios en “Historias: Así mataron al legendario Juan Moreira [VIDEO]”
Linda historia, yo la conocía a medias, ahora más completa. Gracias Julio A. Benítez por compartirla.-
Agradezco tu saludo, con mi aprecio por tu amistad, abrazo, julio