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Ley de Etiquetado Frontal: Otro round entre economía y salud
La iniciativa aprobada días atrás contó con 200 votos a favor, 22 en contra y 16 abstenciones. A priori, tiene por objetivo advertir en los envoltorios de los alimentos los excesos de componentes que pueden ser nocivos para la salud. Sin embargo, varias cámaras empresarias y comerciantes alertan sobre daños colaterales.
Escribe: Julio César Nieto
El proyecto que a fines del año pasado recibió la media sanción de parte del Senado, logró la aprobación en Diputados, reabriendo (y salvando las distancias) un nuevo capítulo de la grieta Salud versus Economía.
El proyecto dividió las aguas entre oficialismo y oposición por una serie de puntos cuestionados.
Los alimentos y bebidas sin alcohol (analcohólicas) envasados (la ley dice que “es todo alimento contenido en un envase, cualquiera sea su origen, envasado en ausencia del cliente, listo para ofrecerlo al consumidor”) tendrán la obligación de llevar en la cara principal un sello negro de advertencia indeleble por cada nutriente crítico en exceso: azúcar, sodio, grasas saturadas, grasas totales y calorías. Es decir, pueden llevar uno o más sellos negros.
Otra mirada
Si bien en materia sanitaria las posturas de los especialistas parecen irrefutables, por el lado de los comerciantes la ven abusiva y contraproducente.
En su contra, el país devastado por la pandemia y el mal manejo de la cuarentena, se alerta por la falta de inversión y competitividad que traerán medidas como estas.
Desde el punto de vista económico, cuando se aborda microeconomía se enseña que los gustos y preferencias de los consumidores dependen de decisiones individuales aún con el consentimiento de los demandantes de los peligros en el exceso de determinados productos.
El intento de nuestros legisladores en determinar qué es lo bueno o malo para nuestra salud es una nueva intimidación a nuestras decisiones individuales.

Tal como lo explicó la economista de la Fundación Libertad y Progreso, Natalia Motyl: “Si una persona consume un producto con ‘exceso de azúcar’, por ejemplo, como el caso de una gaseosa, no es porque no sepa la cantidad de azúcar que está ingiriendo sino porque ese consumo le genera placer. Ese placer también mejora la calidad de vida del individuo. Y, más allá de eso, es totalmente válido que el individuo con su cuerpo decida lo que quiera hacer”.
El cuidado de la salud es un acto de responsabilidad individual, sea de cada uno de los adultos responsables como de los padres de los niños a cargo.
Posibles consecuencias
Motyl, al respecto, enumeró determinadas consecuencias en el plano económico, que no se previó al sancionar la ley. A destacar:
1) La Ley obliga a las empresas a repensar su modelo de negocio desde cero, incurriendo en una inversión adicional que hoy muchas no cuentan;
2) Afecta a industrias claves como la azucarera que generan miles de empleos en la región más pobre de nuestro país, el NOA;
3) Atenta contra el empleo y el producto total;
4) Perjudica la cadena global de suministro de muchos sectores.
En el momento en que las empresas afrontan su peor crisis desde el 2001, una regulación como esta no ayudará en lo más mínimo en reactivar la economía y la producción estancada desde el inicio de la cuarentena irresponsable por parte de nuestros dirigentes.
Los indicadores macro que no acompañan el tristísimo momento de incertidumbre en medio de un proceso electoral, seguirá acechando a un país que hasta ahora no encuentra el rumbo.
Foto principal: Agencia Tierra Viva