[Argentina, tierra divina] “Dios”, el Papa y hasta dos santos son nuestros

Dos santos, 14 beatos, en el paso previo para alguna vez ser canonizados y hasta un papa nacido en estas tierras. Todos forman parte de los rituales religiosos que le rinden fe, devoción y tributo de parte de millones de argentinos y de otras latitudes. “Dios” también es argentino, pero los rituales son más paganos y están más cerca de las canchas de fútbol que de las capillas.

Escribe: Germán Giacchero

Dios es argentino. Por lo menos así lo aseguran los relatos futboleros y la apasionada apología de las gambetas y goles maradonianos. Pero, hay quienes ven eso como una suerte de herejía. Y si Dios no es exclusivo de estas tierras, al menos el papa es un compatriota.

Francisco, el ex cardenal Jorge Bergoglio, se sumó hace unos años al pedestal católico criollo que ya contaba con la presencia destacada pero anónima para la gran mayoría de los argentinos de un santo. Sí, un santo nacido en comarcas rioplatenses, aunque usted no lo crea. Luego, de la mano papal, vendría la canonización del cura gaucho de Traslasierra, José Gabriel Brochero, y los santos nativos de estas tierras sumarían dos.

El Papa y «Dios» son argentinos en clave futbolera.

No, no se trata del amplio abanico de santos paganos que suman miles de adeptos en esta geografía y que comprende desde el Gauchito Gil hasta Gilda. Se trata de dos sacerdotes que rindieron las condiciones vaticanas para ingresar a la extensa galería del santoral católico.

San Héctor Valdivielso Sáez, por caso, fue un sacerdote argentino que vivió la mayor parte de su vida en España, a comienzos del siglo 20, y resultó canonizado en 1999 por Juan Pablo II. Se lo conoce como el santo patrono de los perseguidos por su fe.

Cura Brochero

Durante algún tiempo, San Héctor fue el único santo “gaucho”. Pero, la mano de Dios intercedió y el papa Francisco agilizó algunos expedientes de laicos y religiosos locales para acelerar el largo camino hacia la santificación del cura Brochero. Trayectoria que incluye previamente ser declarado siervo de Dios, venerable y beato antes de llegar a los altares eclesiásticos.

Un profundo estudio de la vida y obra del candidato es previo a ser declarado “venerable”, San Juan Pablo II le otorgó este título en 2004. Dos milagros estudiados por juntas médicas y comisiones vaticanas autorizaron su beatificación realizada en Villa Cura Brochero en 2013 y su canonización como Santo de la Iglesia en 2016, oficiada por el Papa Francisco. Su fiesta se celebró el pasado 16 de marzo, fecha de su cumpleaños.

La obra espiritual y material del santo cura Brochero es extraordinaria.

La obra espiritual y material de Brochero es extraordinaria. A lomo de su mula “Malacara” atendió sin excepción e incansablemente las necesidades de 10 mil feligreses desparramados en más de 4000 kilómetros cuadrados de sierras y valles.

Construyó con ellos el primer camino de las Altas Cumbres para unir el valle con la ciudad de Córdoba, un acueducto para los serranos y más canales y caminos, la Casa de Retiros Espirituales, la escuela, capillas y una interminable lista de beneficios para los humildes pobladores de Traslasierra.

Poco después de ser ordenado sacerdote, se consagró totalmente a los enfermos del cólera que en 1867 azotó la provincia. Murió, sordo y ciego, debido a la lepra que contrajo al atender personalmente a los enfermos del “Mal de Hansen”.

La celebración en la Plaza San Pedro de la canonización de Brochero. (Trasvisión Traslasierra)

San Héctor

Pero, no nos olvidemos de San Héctor o Benito de Jesús, el nombre con el que se lo denominó en su paso por el sacerdocio. La crónica oficial de su vida revela que Valdivielso Sáez nació en Buenos Aires el 31 de octubre de 1910, pero cuando tenía tres años su familia se radicó en España.

Ingresó en el noviciado de los Hermanos de las Escuelas Cristianas el 7 de agosto de 1926, y murió mártir en España el 9 de octubre de 1934, junto a un grupo de siete sacerdotes de la Congregación de La Salle y un padre pasionista, que promovían la educación religiosa y los principios católicos.

San Héctor Valdivielso, el primer santo de origen argentino.

La llamada Revolución de Asturias, un movimiento insurreccional socialista previo a la guerra civil española, liderado por campesinos y mineros, los tuvo como víctimas. Fueron apresados y, luego, fusilados. Con el tiempo, resultaron glorificados por el entonces papa Juan Pablo II.  

Para el grueso de nuestros coterráneos, incluso para muchos feligreses católicos, su nombre no suena tan familiar, como los de otros personajes que están en carrera hacia el mismo podio. Ceferino Namuncurá, María del Tránsito Cabanillas o fray Mamerto Esquiú, solo por citar algunos nombres.

Casi santos: 14 beatos argentinos

El calendario litúrgico argentino incluye además de las figuras de Héctor Valdivielso y José Gabriel Brochero, 14 beatos. Todos ellos se encuentran cerca de la glorificación, porque dieron testimonio de su fe o murieron por su fidelidad a Dios.

Siete de estos beatos consiguieron este estatus durante la gestión de Francisco al frente del Vaticano. El más reciente fue Fray Mamerto Esquiú, pero también figura monseñor Enrique Angelelli y otros tres beatos relacionados con su obra espiritual; María del Tránsito de Jesús Sacramentado (Madre Cabanillas) y Ceferino Namuncurá, entre los más conocidos popularmente.

Camino a la gloria

Alcanzar la cima y figurar en el santoral cristiano no es tarea sencilla. Aunque a veces se puede contar con una ayuda pontificia extra. Es el papa quien toma la determinación final y Francisco, por caso, hizo valer su peso.

Tanto, que ya canonizó a más santos que Juan Pablo II que tenía el récord de 483 santos 1.340 beatos. Una cifra entonces superior a la cantidad registrada por sus antecesores en los últimos 500 años.

En 2020, Francisco ya había canonizado a casi al doble, un total de 898. Pero, de ese total, se debe incluir al grupo de los mártires de Otranto que eran más de 800. Si no fuera por eso, serían cifras habituales para un pontificado.

El 15 de mayo próximo es la nueva fecha para entronizar a diez nuevos santos, siete de los cuales no habían podido ser proclamados con anterioridad por la situación de pandemia.

El Papa Francisco, quien más santos canonizó en la historia del Vaticano.

El proceso de canonización posee varias etapas. En la primera fase, el candidato recibe el título “siervo de Dios”; luego pasa a ser “venerable”, es decir, es digno de veneración en actos privados.

Un milagro comprobado por una comisión de expertos en medicina y teólogos luego de su muerte alcanzará para que el postulante sea denominado “beato”. Si la persona es reconocida como mártir, como fue el caso de San Héctor, no se requiere un acto milagroso. Los beatos son venerados de manera pública en la iglesia local. Ceferino Namuncurá, Fray Mamerto Esquiú y María del Tránsito Cabanillas y Monseñor Angelelli figuran entre los beatos de estas pampas.

Lo que se dice santo, a ese estatus llegan muy pocos. Para la canonización, la fase final, se necesita validar otro milagro producido por el beato después de haber accedido a ese rótulo.

Ahora sí, ya podrá figurar en el calendario con un día de fiesta, santuarios y parroquias podrán llevar su nombre y se le rendirá culto en toda la Iglesia. Habrá llegado a la cumbre y tendrá su propia estampita y la fe de, al menos, algunos fieles católicos.

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