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[INFORME] Bajo fuego: En tres décadas se quemó casi el 60% de las sierras de Córdoba
El riesgo de incendio es extremo en la provincia de Córdoba. Este miércoles fue el peor día del año: distintos sectores de las sierras fueron consumidos por las llamas. La sequía, las elevadas temperaturas y el intenso viento provocaron complicaciones y dificultaron los trabajos de bomberos.
Voluntarios de distintos puntos de la geografía provincial, policías, vecinos, aviones hidrantes y helicópteros trabajan para combatir el fuego en una batalla sin cuartel.
En las últimas horas hubo personas demoradas y detenidas acusadas de provocar los incendios. Tal cual sucede en casi todos los casos, la mano humana es la que provoca estos episodios que se cobran costos naturales y materiales.

Cada año, el fuego retorna de la mano del hombre. Las estadísticas son escalofriantes en este sentido. En tres décadas, se quemó prácticamente el 58% de la geografía serrana en la provincia de Córdoba.
El fuego afectó el 57,9% de las sierras de Córdoba entre 1987 y 2018. En esos 31 años, 9.210 focos asolaron 1.609.672 hectáreas, el equivalente a casi 28 ciudades de Córdoba, la capital provincial.
Las cifras provienen del banco de datos sobre incendios creado por un grupo de investigación del Instituto Gulich, dependiente de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (Conae).
Se trata de una cartografía histórica de las áreas quemadas. Su propósito es proveer información científica sobre los patrones espaciales y temporales que sigue la ocurrencia de estos disturbios en las sierras de Córdoba.
A continuación, reproducimos el informefue publicado hace un año por UNCiencia, la agencia de la Universidad Nacional de Córdoba para la comunicación pública de la ciencia, el arte y la tecnología.
Números rojos
Para el desarrollo de la cartografía histórica, el equipo de investigación utilizó imágenes satelitales del 1 de junio al 31 de diciembre de cada año, período considerado como la estación de incendios en Córdoba.
Según el estudio comprendido entre 1987 y 2018, 1988 fue el peor año, con 961 focos que se extendieron más de 350 mil hectáreas. Si bien 2015 registró el menor número de incidentes (45), el ciclo con menor superficie degradada fue 2014 (2.135 hectáreas).

Del relevamiento surge que el 2,2% de los incendios fue responsable del 71% del área total quemada entre 1987 y 2018.
Se trata de disturbios de gran escala, que superaron cada uno las mil hectáreas. En el extremo opuesto, más del 86,3% de los siniestros –todos menores a 100 hectáreas– afectaron un 11% de la superficie total afectada por el fuego.
La frecuencia con la que ocurren es otra de las lecturas que habilita el material producido.
En el período estudiado, un 21% de las sierras (585.861 ha) se quemó una vez; un 9,5% (264.126 ha) en dos oportunidades; y un 3,2% (89.966 ha) tres veces.
Además, 44.996 hectáreas quedaron bajo las llamas en cuatro o más oportunidades durante el lapso analizado.
Cómo se hizo
La idea de crear una base de datos de incendios surgió originalmente como propuesta de un grupo de profesionales como proyecto integrador para la Maestría de Aplicaciones en Información Espacial que imparte el Instituto Gulich.
Posteriormente, la iniciativa continuó su desarrollo hasta alcanzar su envergadura actual. El proyecto se inscribe dentro de una línea de investigación sobre la temática que integrantes de ese centro científico vienen impulsando hace años.
Vale tener en cuenta que el trabajo solo consideró los incendios iguales o mayores a cinco hectáreas. Áreas menores suelen corresponder a falsos positivos y resultan escasamente significativas para la cuantificación final del espacio quemado.
La base consta de 31 archivos vectoriales georreferenciados, uno por cada año. En ellos, las superficies alteradas por las llamas están delimitadas mediante polígonos, cuyos vértices corresponden a pares de coordenadas (latitud/longitud).

Cada registro fue producido a partir de imágenes capturadas por satélites del programa Landsat, del Servicio Geológico de Estados Unidos, a las que se accedió a través de la plataforma Google Earth Engine.
Especialistas del Instituto Gulich efectuaron un primer análisis sobre ellas y luego las sometieron a un procesamiento semiautomático en la nube para generar las “cicatrices” (polígonos) provocadas por las llamas.
Actualmente, esa treintena de documentos atraviesa un proceso de revisión exhaustiva para incrementar su precisión, corregir falsos positivos y agregar incendios omitidos.
Cuando finalice esa etapa, todo el material estará disponible en el portal de esa institución. Será de acceso libre, tanto para la comunidad científica como para el público general.

Consecuencias adversas
El inventario de consecuencias adversas asociadas a la ocurrencia de estos eventos podría alimentar una lista interminable.
Un documento elaborado por el equipo responsable de la cartografía histórica señala que el fuego contribuye “a la disminución de la diversidad y distribución de los bosques, favorece la erosión del suelo, reduce la infiltración y aumenta el arrastre de materiales”.
Los últimos puntos resultan cruciales, ya que ambos “modifican la calidad del agua, así como el servicio de regulación hídrica que prestan los ecosistemas”, según explican.
Equipo de investigación
Tutores | Juan P. Argañaraz (Gulich-Conicet), Nicolás Mari (INTA-Gulich) y Marcelo Scavuzzo (director del Gulich).
Maestría de Aplicaciones en Información Espacial – Autores del proyecto inicial | Santiago Bustos Revol, Sofía Viotto, Juan Pablo Clemente, José Benitez, María Victoria Marinelli.
Fuente: UNCiencia