[Leyendas urbanas] El túnel ferroviario, «La guarida del fantasma»

Escribe: Prof. Luis Luján

Esta vez son Ricardo Romero y Norberto Rivero quienes nos hacen saber que Villa María está ubicada geográficamente en el centro del país, portal de entrada a la Córdoba turística, nudo vial de encuentro de las rutas más importantes del país.

Es una ciudad muy atractiva, con su río, sus costas, su balneario, su costanera, sus bellezas naturales, se ha convertido en la urbe más importante de la provincia, sin olvidar su legado histórico, con monumentos, museos y construcciones que sobresalieron en nuestra historia, como lo fue nuestro querido y bien recordado túnel.

El túnel ya no se ve como el camino único para los ciudadanos que abordaban nuestro centro, cuando los interminables trenes dividían la ciudad como una manzana en dos, y él se mostraba majestuoso, coloso, imponente, una arteria directo al corazón, con sus escalones de cemento despintado, y su piso y paredes abandonadas, decaídas, casi muertas, hasta convertirse en una tapera gracias a la modernización, su vecino el subnivel y, de ahí en más, fue sólo alojamiento y la guarida del fantasma.

Era común que la gente laburante de los barrios del sur de la ciudad, como el Güemes, Palermo, Centro Sur, lo utilizara como el agua. Pero el tiempo ya pasó y el túnel es hoy un triste recuerdo abandonado en el ayer, reminiscencia de un pasado glorioso que caminó al olvido sin penas ni gloria, pues, nadie pudo detener la mano colosal del progreso.

Sólo dos entradas, de las cuatro que poseía, sobreviven de pie. Unas rejas de metal mantienen cerrado al acceso. La Agrupación “Amigos del Túnel” gestionaron en vano su apertura como museo ciudadano, y cientos de puños escribieron poemas en su memoria.

Pero el túnel se hizo sentir en los comentarios de los villamarienses. Su historia no terminó allí. Cuando todo parecía olvidado, no fue así para Olga, muchacha treintañera, esa madrugada de mayo del bisiesto año 2004, con las luces de la vieja estación y del subnivel opacadas por una fugaz niebla, quien cruzaba por la vereda que contorna los restos del túnel, quedó hipnotizada, paralizada, al escuchar un llanto en lo profundo como escapado de un sepulcro.

Un escalofrío descomunal corrió por su cuerpo treintañero

Al observar alrededor suyo, y a la estación de trenes, no había nadie quien provocase ese lúgubre sonido, solamente los bancos de siempre que dormían sin habitantes, mientras que en la salida del subnivel solamente decían presente las luciérnagas verdes del semáforo de una Villa María durmiente.

Llena de pavor, Olga vuelve a escuchar el mismo sonido, pero más tenebroso que el anterior. Esta vez dirigió rápidamente la mirada hacia el espacio desde donde provino el murmullo macabro y se percató que el mismo se originaba en el interior del túnel.

Un escalofrío descomunal corrió por su cuerpo treintañero. Su mente no percibía con toda claridad lo que allí ocurría, pero no dudó de la decisión de alejarse del lugar. Levantó la mirada como buscando la complicidad de otras personas para que atestiguaran el suceso, pero estaba sola y muy asustada.

Logró llegar apresuradamente a la vereda de la avenida Alem y volvió la mirada sobre sus pasos, y con profundo pesar observó una imagen borrosa que quería salir de entre las rejas del abandonado túnel que conserva su boca de acceso clausuradas con rejas y candado.

Logró llegar apresuradamente a la vereda de la avenida Alem y volvió la mirada sobre sus pasos

Fue esa una imagen con tapado oscuro como la misma madrugada, y emitía unas interminables carcajadas que traumó profundamente a Olga con la experiencia más impresionante de su vida, la que le causó desvelos y pesadillas por mucho, mucho tiempo, hasta que pudo sacarlo del anonimato y contar sus vivencias.

Lo curioso del hecho fue que, a partir de sus dichos, otras voces de vecinos se sumaron con numerosas vivencias que fueron enriqueciendo los relatos hasta quedar plasmada en leyenda. ¿Realidad o ficción?

Lo cierto es que la noche del 29 de junio del año 2012, mientras unos alumnos del CENMA Nº96 realizaban una filmación en la Estación de Trenes, junto a los accesos clausurados del Túnel, una alumna de nombre Vanesa, desconociendo la leyenda que se alzó sobre ese espacio abandonado, se acercó a la reja de una de sus entradas y se quedó escuchando la música extraña que provenía de las profundidades oscuras y tenebrosas y, sorprendida por los sonidos de voces y pasos de personas, le preguntó al docente que estaba a cargo del proyecto sobre el porqué de esos sonidos.

Al enterarse de la existencia de la leyenda que recaía sobre el túnel, abandonó el lugar para no regresar jamás.

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