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[Argentinadas] Eruditos de postal, los insoportables “sabelotodo”
Escribe: Raquel Baratelli
En todas las épocas han existido personajes que saben de todo, grandes conocedores expertos en diversos temas, intelectuales que, esgrimiendo su capacidad de análisis y conocimiento, sentencian sobre la realidad, desestimando cualquier opinión contraria a la suya. Faltos absolutos de humildad, irrespetuosos, insensibles a lo que los rodea. Sectarios y soberbios.
El erudito te mira desde arriba, más aún si es petiso, gordo o feo. Le agrada forrear a troche y moche, poner a prueba a todo el mundo; sus charlas son una especie de disertación, cargada de citas y referencias a grandes pensadores, digna de un curso en Harvard, donde cree estar, aun tratándose de un cumpleaños familiar, o si su interlocutor es el taxista que lo lleva por diez cuadras.
Los sabios saben con humildad y el respeto por la opinión del otro los hace más sabios
El erudito de postal necesita demostrar que es un sabio, y en efecto puede serlo, lástima que no se da cuenta de que los sabios saben con humildad y que el respeto por la opinión del otro lo hace más sabio.

El erudito del que hablo aparece cada vez con mayor frecuencia en la tele, diarios y revistas, opinando de política, economía y actualidad con solvencia de recetas a seguir, pretendiendo que hay sólo una realidad. Con una negatividad a prueba de balas refutará cuanta idea novedosa se le presente.
El erudito de postal es un creído insoportable que no sabe nada de la vida…
El erudito de postal es un creído insoportable que no sabe nada de la vida; un tipo generalmente que se escuda en su falsa inteligencia para intentar ser feliz…
Cada cual sabrá lo que hace, pero si Ud. pretende ser un erudito de verdad, no intente serlo, estudie, lea, aprenda mucho pero no sólo de los libros, intente acercarse a la realidad y escuchar a quienes lo rodean, aprenderá que el mundo cambia, la realidad es dinámica y la mente debe serlo.
Para ser feliz hay que vivir, relacionarse con los otros, ser honesto y positivo. Analizando lo malo, pero proponiendo cambios posibles, sin exhortos.
Así llegará a ser un erudito de verdad. O, continuará siendo uno de postal.