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[Chamuyá bien] Sarmiento «es un burro»: La polémica por los signos de puntuación
Una particular anécdota, que tiene a Sarmiento y a un maestro de escuela como protagonistas, ilustra la importancia de utilizar con corrección los signos de puntuación.
La historia tiene ribetes de leyenda y se duda sobre su veracidad. Cuenta que Sarmiento se encontraba inspeccionando una de las escuelas creadas por él y escuchó a uno de los maestros hablar con desdén de los signos de puntuación. “Estos signos sirven poco y nada”, oyó que decía el educador a sus alumnos.
El sanjuanino entró en forma precipitada al aula y llamó la atención del maestro, que ni se inmutó por el “reto” que le había propinado. Sarmiento tomó una tiza, dijo algo así como “vamos a ver si no sirven para nada” y escribió en el precario pizarrón: “Sarmiento dice el maestro es un burro”. “Yo no dije nada de usted”, se apresuró a señalar el maestro. “Yo tampoco de usted”, respondió Sarmiento”.
“Pero veamos -sostuvo el creador de ‘Facundo’-. Si yo escribo: ‘Sarmiento dice: el maestro es un burro’ estoy queriendo decir algo distinto que si escribo: ‘Sarmiento, dice el maestro, es un burro’. En el primer caso el burro sería usted; en el segundo, yo. Y esa diferencia en el significado de la frase estuvo dada por la ubicación de los signos de puntuación”.

La utilidad
Nada se sabe del destino de aquel maestro hostigado por la sabiduría y el sentido común sarmientinos. Pero podemos ser parte de malentendidos si ignoramos por completo la utilidad que prestan signos como los puntos y las comas en los textos que leemos o elaboramos.
El uso adecuado de los signos de puntuación facilitará la coherencia del escrito y permitirá su rápida comprensión. A pesar de que son presa fácil de nuestra desconsideración, no se debe olvidar que la organización de las ideas en un texto y los matices de significado se marcan con la puntuación.
No es lo mismo que los padres lean en una nota en la carpeta de su hijo: “Los alumnos salieron a los empujones, gritando; el preceptor los amonestó”, que: “Los alumnos salieron a los empujones; gritando, el preceptor los amonestó”. Las versiones del mismo hecho son diferentes y el cambio de significado está dado por los signos.
Cuestión de estilo
Si bien los signos son importantes (tenemos algunos problemas con las comas y a veces no sabemos cuándo hacer uso del punto y coma), no existe una sola manera de puntuar. Rozando lo anecdótico, se decía que un famoso escritor francés podía llenar un periódico con una sola frase y que las oraciones de un colega norteamericano “avanzaban como en una marcha militar”. Pero hay que saber que, si abusamos de los signos, la lectura se hará entrecortada y dificultosa; en cambio, si el texto aparece mezquino en signos, la lectura será densa y trabajosa.
Todo es cuestión de estilo. Pero para hacerlo en forma adecuada hay que conocer para qué sirve cada signo y reconocer que todos cumplen una función importante en un texto.
Y sí, aunque su figura despierte sensaciones encontradas, en este caso, Sarmiento tenía razón.