[Argentinadas] La cosa está que arde… Sí, con la temperatura también

Escribe: Raquel Baratelli

Qué decirles, chicos, acá, por estas latitudes, la cosa está que arde.

Más allá de cambios de gobierno y de funcionarios, más acá de inflaciones y crisis varias, es frecuente que, en cercanías de fin de año, los ánimos se caldeen, las ganas se desinflen un poco, la ansiedad porque se termine todo y la necesidad de un nuevo comienzo se apoderen de las mentes argentas.

Los niños están cansados, los adultos desganados, hasta los perros dan muestras de sentirse apabullados. Pasa todos los años, después de ilusionarnos con la lluvia, escasa, y los nuevos brotes de septiembre, llega octubre y la primavera se vuelve tórrida, ventosa y seca, anticipándonos un noviembre de pesadilla y un diciembre que…

Todavía nos asombra el termómetro que llega a cuarenta y pico un día y se desploma a veinte al siguiente, son noticia los incendios y la escasez del agua; la proximidad de un verano infernal nos quita el sueño y las ganas de salir corriendo nos abruma.

Y todavía no queremos enterarnos que el planeta se calienta, que los glaciares se derriten y los ambientes naturales se pierden a una velocidad nunca vista, mientras seguimos contaminando la vida y degradando el futuro.

A principios de diciembre, la vida sigue, el calor se intensifica y la neurona se recalienta casi hasta punto de hervor antes del verano

A principios de diciembre, la vida sigue, el calor se intensifica y la neurona se recalienta casi hasta punto de hervor antes del verano. Sin embargo, nos preocupan más los precios de ventiladores y pelopinchos que el agotamiento de nuestros ríos y lagos.

“Ya lloverá”, pensamos; históricamente si no llueve hasta diciembre, el agua cae en enero o a lo sumo en febrero. Convencidos de que la sequía es cíclica, que las temporadas varían entre “El Niño” y “La Niña”, eventos caprichosos de la naturaleza en los que nada tenemos que ver los humanos, emprendemos la búsqueda de productos navideños, los regalos, el arbolito, decoraciones y pan dulce. 

Esta etapa nos agarra con el ánimo por el piso, los bolsillos secos y la incertidumbre de poder comprar el peceto y el atún para el vitel toné de navidad, que aumentan día a día.

Noviembre y principios de diciembre transcurren con la esperanza argenta puesta en el aguinaldo, proyectando festicholas, despedidas y las ansiadas vacaciones, mientras seguimos derrochando el agua, llenando de plástico los mares, multiplicando basurales, emanando gases tóxicos, talando bosques, quemando pastizales… Hoy apagando incendios, mañana escapando a inundaciones.  

Llega diciembre y la humanidad va por la vida esperando a Papá Noel, tratando de esquivarle a las catástrofes naturales cada vez más frecuentes, negando sistemáticamente el calentamiento global y nuestra responsabilidad en la destrucción vertiginosa del único ambiente ecológico que nos contiene.  

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