BOLICHEANDO – «60 años de La Tablita»

El pasado miércoles 27 de noviembre cumplió 60 años el Bar-Comedor “La Tablita”, abrió sus puertas en 1959, en el mismo espacio en que continúa atendiendo al público. Tres generaciones pasaron por la tradicional parrilla de Barrio Rivadavia en Prolongación Alvear y Las Heras. Enrique “La Chancha” De Miguel (65) era un pequeñuelo cuando sus abuelos y un socio iniciaron el negocio familiar.

UN NEGOCIO FAMILIAR

-¡60 años ya!

-Sí, mi abuelo Demetrio De Miguel, con Digliado, y mi abuela Josefina, arrancaron en 1959, el lugar era más chico, la esquina era la carnicería de mi tío Mario De Miguel, la reforma la hice en 2003, ampliando el lugar al unir todo. Mi papá José con mi tío Tito De Miguel, el parrillero, y Mirta, la señora, continuaron con la parrilla. Al principio era también bar, pero hace ya unos 30 años que sólo es parrilla-comedor. En el patio había asador y también se comía ahí, al aire libre. Siempre fue un negocio familiar, ahora estamos con Joaquín De Miguel y yo, los parrilleros, mi mujer Gabriela Nauzneri, el mozo Oscar Álvarez, desde hace 10 u 11 años, y tengo 5 hijos, algunos ayudan acá. Siempre se llamó “La Tablita”, por las tablitas con que servíamos el asado, poníamos una tabla grande al medio de la mesa y las tablitas individuales, en los 70 la municipalidad nos obligó a usar platos y fuentes. Hace 2 años sumamos pastas, milanesas, pollo deshuesado. En una época vendíamos pollos para llevar, pero como trabajábamos bien, dejamos de hacerlo, ahora no descarto volver a venderlos porque el trabajo disminuyó un 80%. Se trabaja muy bien viernes y sábado, pero luego es poco. Abrimos al mediodía y a la noche, de lunes a sábado, menos los martes y domingos, pero es posible que vuelva a abrir todos los días, porque son años difíciles.

-¿Los clientes?

-Tengo clientela fija, mucha gente de paso come acá y vuelve, algunos vinieron de chicos y siguen viniendo de grandes, tengo clientes de hace 30 años. Cuando se inauguró la autopista disminuyó la cantidad de clientes, ya no pasaban por la ciudad, pero algunos entran a comer porque nos conocen, también afectó el aumento de ventas por Internet, ya que hay menos viajantes, que solían comer acá. Han venido a la parrilla Julio Mahárbiz, Patricia Sosa, el “Chango” Nieto, los de “Kapanga”, 2 o 3 veces, estacionaban el colectivo negro al frente y comían acá, una banda nueva “Alma-Tucu”, Mauro Rosales, el “Polaco” Semenewicz, el “Zurdo” López… Vienen grupos de personas que reservan antes, ahora se deja una seña. En una ocasión el “Negro” Córdoba reservó con toda seguridad mesa para 60 personas, ¡nunca aparecieron!, se ve que alguien lo charló y nosotros nos quedamos con todo preparado y esperando.

ARGENTINO COMO EL ASADO

-¿Alguna especialidad?

-Es la parrilla, tenemos entrada muy completa, luego chinchulines, tripa gorda, riñones, chorizo, morcilla, carne de cerdo y de vaca, matambre, vacío, costilla, hay bife de chorizo, con una ensalada de la casa que tiene de todo y papas fritas. Asamos todo con leña, el horno de tambor lo usamos para algún vacío y las empanadas. La carne se corta fina para asarla en el momento y no hacer pre-cocción, No organizamos eventos, pero grupos de personas hacen sus reservas para comer acá, muchos a fin de año por ejemplo, a veces aparece algún guitarrero, toca un par de temas y listo. Me gusta la parrilla y el trabajo en el comedor, pero es muy esclavo, no vas a fiestas de casamiento o de 15, siempre estás con el negocio, alquilamos el lugar 2 o 3 veces pero no funcionó. Yo estoy a cargo desde principio de los 90.  Mis viejos quedaron solos con el negocio entre el 60 y 70, luego seguí yo.

Tito, su tío, era domador, lo llevaba muchas veces con él, tomando gusto por lo “campero”. Bombo, lazo, acordeón, espuelas, cencerro, manea, herradura, ocupan las paredes, con fotos y banderines de fútbol, así como otras fotos propias y de familiares, como la de Diana, la hija que está en España y es campeona de box en Santander.

-Me crie con chinchulín y tripa gorda, siempre como asado, no me canso de comerlo.

Para muchos, ¡un sueño argentino!

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