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Bolicheando: El famoso «Bar Unión» de Córdoba
En 25 de Mayo 223 de la ciudad de Córdoba funciona la receptoría de un diario, justo detrás de un puesto de revistas, pero hasta 1994 funcionaba el bar de la canción de Jairo y Salzano, un bar que pasaba desapercibido a la mayoría de los transeúntes, con un reducido cartel de pequeñas letras, oculto su interior tras la cortina gris que daba privacidad al encuentro de parejas y a los solitarios que lo frecuentaban. Era el bar de los milagros y los valses vieneses.
Por: Leonardo Diego Muñoz
Bar Unión
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión.
Afuera el agua cala los huesos del corazón.
Él pide un whisky Caballo Blanco, para empezar,
a él los caballos lo ponen siempre sentimental.
Prende un cigarro y hace un anillo de colección,
el humo viaja camino al techo del Bar Unión.
Ella entretanto piensa en el dandy que la ha dejado,
un tipo duro de ojos azules que era casado.
Mira su cara en el espejo con aflicción.
Si no lloviera tal vez saldría del Bar Unión,
pero se queda porque prefiere para el dolor
la luz espesa color de luna que da el neón.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
afuera el agua cala los huesos del corazón.
Dios toca el piano y el segundero en el reloj
hace rayitas con alfileres en el dolor.
Pero volvamos donde dejamos la narración.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
él pone un disco de Ray Barreto en la vitrola,
va hacia la mesa donde ella llora porque está sola.
No dice nada, corre la silla, saca un pañuelo,
ella lo acepta alza los ojos se arregla el pelo.
Él hace señas, pide dos tragos pa’continuar,
a él los caballos lo ponen siempre sentimental.
Caballo Blanco para la dama y el caballero,
afuera sigue hachando el aire el aguacero.
Parece un cuadro pidiendo a gritos exposición
los solitarios color de luna bajo el neón.
Dios cierra el piano se pone el saco cruza el salón,
se va a la calle y sale volando del Bar Unión.
Algunos bares parecen hechos a la medida
son como besos que hacen milagros en las heridas.
“La alemana”

Una sonriente pero casi hermética austríaca, la señora Mari (le decían “la alemana”), atendió 40 años el lugar, según algunos investigadores cordobeses de los que recuperan la memoria de las ciudades, llegó a la Argentina luego del horror de la Segunda Guerra Mundial, algunos señalan, aunque no hay evidencia fehaciente, que su marido era un oficial nazi, llegado a Córdoba desde el Paraguay, con ayuda de Manuvens Calvet. Tuvieron una hija, la tragedia los golpeó cuando su marido habría muerto al caer del tren, debiendo cargar ella sola con el bar y su hija.
Un bar distinto.
El coqueto lugar daba a la calle 25 de Mayo, unas pocas mesas con mantelitos individuales y una barra de tres metros, eran acompañadas por un piano al fondo y el tocadiscos que solo manejaba la dueña. Los valses vieneses de Strauss traían el ambiente centroeuropeo a un lugar adornado por algunos típicos cuadros y una total pulcritud. Se hablaba a media voz, casi en susurros, cerveza negra, sándwich de pan negro, whisky “Horse White”, eran parte de su andar cotidiano. La luz mortecina acompañaba e impulsaba los sentimientos, las miradas tiernas y apasionadas, las declaraciones y los sueños de parejas que recalaban en sus mesas, ocasionales y efímeros amores, escapadas y elecciones para toda la vida juntos. Solo ella atendía el bar, cuatro décadas con mirada escrutadora en ese espacio sagrado y único en el centro de la “Docta”, para pocos, desconocido para muchos.

“Milagro en el Bar Unión”.
Uno de los que podían tocar el piano ante el pedido de su dueña era el ingeniero Alfredo Curuchet, quien le interpretaba tangos de los años 20. Pero faltaba algo más, cito textualmente el final de la nota de Augusto Argañaraz en “La Voz del Interior” del 30 de enero de 2010:
“Termina de sonar Strauss en el tocadiscos. Es 1998 y hay muy
poca gente. Mary está pero no está. En un rincón de la barra un poeta de negro
tiene en una copa con hielo a medio terminar, un Caballo Blanco. Suena el piano.
Otro hombre, también de negro, sonríe a Mary y comienza a cantar con dulce
modulación. Los murmullos de los pocos habitantes de la minúscula platea guardan
un religioso silencio.
“Ella está triste y él está solo en el Bar Unión. Afuera el agua cala los
huesos del corazón. Dios toca el piano y el segundero en el reloj hace rayitas
con alfileres en el dolor”. Listo, ya está, Salzano y Jairo se abrazan en la
noche sin fin y la chica del desconsuelo sin límites se levanta, cruza el
salón, se va a la calle y sale volando de allí. Tal cual reza la canción. Mary
sabe ahora que el bar es inmortal,…”
3 comentarios en “Bolicheando: El famoso «Bar Unión» de Córdoba”
Yo fui una de las privilegiadas personas que conocimos y disfrutamos el Bar Unión y toda su magia en mis época se estudiante universitaria allá por los años 80. Patricia Martín de Córdoba
Mi primera cita con la que fue, luego mi amada esposa, fue en el bar Union. Fui un asiduo parroquiano, bellos recuerdos ♥️ ♥️ ♥️ ♥️ ♥️ ♥️
Tuve la suerte de conocer el bar por casualidad ya que ahí fui citado para cerrar un negocio, de allí en adelante concurrí frecuentemente. Era un ambiente exquisito y especial.-