Carlos Daniel Lasa: “La exacerbación del ‘yo’ implica el abandono definitivo de los valores”

El jueves 18 de mayo a las 19 horas en SEA (José Ingenieros 235) el doctor Carlos Daniel Lasa presentará “De la revolución cultural gramsciana al triunfo del liberalismo político-cultural”, una conferencia cuyo objetivo es arrojar luz sobre la actualidad de Occidente.

Carlos Daniel Lasa no es solamente un prestigioso doctor en filosofía villamariense. Es, también y sobre todo, un lúcido analista de la realidad global, absolutamente preocupado (y comprometido, habría que agregar) por el futuro de la cristiandad y el destino de Occidente.

Se puede coincidir o no con su punto de vista, pero es innegable su claridad para argumentar, así como también la habitual justeza de sus pronósticos.

En esta misma sintonía, la de analizar y diagnosticar sobre “por qué estamos como estamos”, es que se inserta la charla.

Entonces, Daniel… ¿Cómo se desarrollará el curso del jueves?

-Te diría que habrá dos partes esenciales. Primero, mostraré cómo el marxismo se ha suicidado debido a la contradicción interna que anida en su propia concepción. Ya que si es verdad el “materialismo histórico” propuesto por Marx, o sea que todo pensamiento es reflejo de las condiciones socio-históricas, entonces todo es relativo; incluido el marxismo mismo. Gramsci sacó esta consecuencia.

Karl Marx, el padre del materialismo histórico.

¿Y lo segundo?

-Precisamente es el corazón de la charla. Porque Gramsci, en lugar de asumir la tesis marxista del “materialismo dialéctico”, siguió al filósofo italiano Giovanni Gentile; quien sostuvo que el pensar no era reflejo de las condiciones socio-históricas sino que el pensar mismo, en cuanto puro acto, las creaba. De allí que toda sociedad política esté determinada por una visión de mundo.

¿Conclusión?

Se trataba, para Gramsci, de cambiar la visión de mundo en Occidente. O sea, pasar de un mundo teocéntrico a un mundo inmanentista. Es decir, hacer una “revolución cultural” donde, en lugar de cambiar “la cabeza” (léase “el poder político”) lo que él proponía era cambiar “lo que estaba adentro de las cabezas” de los ciudadanos. Al cambiar esas cabezas, el poder político caería necesariamente.

Antonio Gramsci, el ideólogo de la revolución cultural.

Por lo visto, no acertó…

No, porque su relativismo extremo convergió con la tesis del liberalismo político-cultural; vale decir, con la afirmación del avance ilimitado de los derechos y la liberalización permanente de las costumbres. Esto equivale a la muerte de la izquierda y a enarbolar las banderas del liberalismo político-cultural; esa “política de la indecencia” a la que se oponía Orwell y que se podría definir como la exacerbación del “yo individual y sus deseos”.

¿El egoísmo por encima del deber?

Exactamente; la apoteosis de los deseos del “yo narcisista”. Y eso implica el abandono definitivo de los valores. La verdadera lucha cultural actual, tiene dos polos en pugna: el hombre interior y el hombre exterior. De esa suerte que ya está echada, dependerá el futuro de Occidente.

Para informes e inscripciones, consultar a los teléfonos 353-4520847/8960, al celular 353-4-776506, al mail recepcionsociedadeducativa@gmail.com o de manera personal en la sede de SEA, José Ingenieros 235.

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