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Carrera espacial: Una misión creada para el éxito, pero que terminó en tragedia
Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
Fue ideada para la hazaña… Terminó en desastre… Todo anduvo mal, desde el principio.
La URSS, en plena carrera espacial para igualar y querer superar a los Estados Unidos, que ya había puesto al Hombre en la Luna, debió abortar esta misión para empezar todo de nuevo, por yerros propios. Pudo más el orgullo, la necedad y la soberbia, que son la piedra fatal con la que tropiezan los gobiernos totalitarios… Y los no totalitarios también.
Hace medio siglo, la nave espacial Soyuz 11 viajó al espacio, tripulada por los cosmonautas Vladislav Vólkov, Gueorgui Dobrovolski y Víctor Patsáyev para tratar de consumar la hazaña, con la misión de acoplar la nave a la primera estación espacial de la historia, la Salyut 1, entrar en ella, habitarla, reparar lo que hiciese falta, reorientar sus instrumentos para poder contar al regreso como era esa prolongada experiencia de la vida humana en el espacio.
Todo venía mal desde antes. La Soyuz 10 había fracasado en su misión de entrar en la estación espacial Solyut 1, ya que se había acoplado, en abril de 1971, pero su tripulación no pudo ingresar por diversos motivos técnicos que, ahora, con la Soyuz 11 todo iba a salir bien.
Desde antes de iniciar el despegue, Vólkov, Dobrovolski y Patsáyen no eran los designados para tripular dicha nave. En la última revisación médica de los que debían viajar para realizar esa epopeya del espacio, la radiografía de uno de ellos indicó una mancha en un pulmón y temieron que fuera tuberculosis. Le prohibieron viajar y según las reglas del programa espacial se debía descartar a todos.

Viaje y problemas
Los tres nuevos tripulantes de la Soyuz 11 llegaron y se acoplaron al Salyut 1, el 7 de junio y de modo automático, entraron, encendieron el sistema de regeneración de aire y cambiaron los ventiladores que funcionaban mal.
De inmediato sintieron un penetrante olor a humo y desde Tierra se les aconsejó pasar esa primera noche en la nave espacial y no en la estación. Al día siguiente el aire de la Salyut era normal y los cosmonautas volvieron a entrar e hicieron un par de maniobras de corrección orbital y orientaron los paneles hacia el sol. En la Tierra, la prensa mundial destacaba una nueva hazaña de la astronáutica soviética.
Sin embargo, a su bordo las cosas no iban bien, estos tripulantes no habían realizado, en sus entrenamientos, lo suficientemente necesario para vivir con los efectos de la falta gravedad. De modo que el 9 de junio, por el sistema de televisión que enlazaba la estación con el centro de control, se les “recordó” la necesidad de realizar esos ejercicios, con el abanico de matices que el régimen soviético adjudicaba a la palabra “recordar”.
Pero el reto sirvió de poco, ya que en el control de la misión lo sabían, pero el mundo lo ignoraba, y era que las relaciones entre los tres eran pésimas y en esos momentos entraron a relucir las discusiones y la misión se acortó para dar fin a ese clima de trinchera. Las autoridades ordenaron el regreso el 30 de junio, cuando debían volver el 7 de julio y tenían ya preparada la partida de la Soyuz 12 para el 20 de julio.
Pero y de acuerdo a lo manifestado, las discusiones cesaron y en Tierra hubo preocupación por su estado físico, ya que una evaluación pudo determinar que la capacidad pulmonar de los tripulantes había disminuido en un 33% y que los trajes Penguin de entrenamiento no funcionaban bien.
Se dispuso que aterrizaran entre el 27 y el 30 de junio porque había un récord a batir, el de permanencia en el espacio, que se cumplía, y se cumplió, el 25 de junio y desde el 26 ya se realizaron los preparativos para el regreso a Tierra.
Regreso peligroso
A estos astronautas suplentes no se les había provisto de trajes espaciales, debido a una trágica determinación que adoptaron los directores del programa espacial de la URSS, ya que esos trajes muy pesados permitían viajar a solamente dos y en lugar de rediseñar las naves, los enviaron sin la provisión de oxígeno necesario que los trajes espaciales podían proveer en caso necesario.
Además, viajaron sin las máscaras, sistema que les había dado buen resultado con las misiones Vosdoj. Sin traje espacial y sin máscaras.
El 29 de junio los tres astronautas dejaron la estación espacial Salyut 1 y pasaron a la Soyuz 11, pero al cerrar la escotilla un sensor determinó que el cierre no era hermético y desde Tierra aconsejaron repetir la operación y después de varios intentos el sensor dejó de lanzar su bip, bip de advertencia.
Ya descendiendo, hubo tiempo para realizar unas bromas “Control central- Soyuz 11- Control central”, cuando les comunicaron “que al tocar Tierra no trataran de ponerse de pie, ya que al perder masa muscular y por la ingravidez tendrían que ser cargados en brazos, como a los bebés”. El comandante Dobrovolsky respondió: “Llegaremos sentados para que ustedes hagan todo el trabajo”.
Todo sucedió, casi, según los planes. La nave reingresó a la atmósfera y a 7 mil metros del suelo se abrieron los paracaídas y la nave se balanceó con elegante lentitud hacia el territorio que hoy es Kasajistán. A solo 6 metros del suelo dos poderosos cohetes retropropulsores hicieron que la Soyuz se apoyara en la tierra como una pluma.
El equipo de rescate abrió la escotilla para alzar a los cosmonautas como a tres bebés para subirlos a los helicópteros y a la gloria.
Pero los tres estaban muertos.
Empezó entonces una batalla desesperada por intentar volverlos a la vida: respiración boca a boca, masajes cardíacos, una batería de recursos médicos… Pero ellos habían muerto hacía media hora.

Accidente fatal
Las autoridades definieron que el accidente fatal se había producido cuando los dispositivos explosivos que habían actuado para separar a la Soyuz de la Salyut habían abierto dos pequeñas válvulas de un milímetro, diseñadas para que no se abrieran más juntas.
Pero sí se abrieron, con seis segundos de diferencia. El preciado aire dentro de la Soyuz empezó a escapar y desde ese momento comenzó la agonía de los tres cosmonautas.
Si ellos hubieran estado vestidos con sus trajes espaciales, les hubieran provisto del oxígeno que venía perdiendo la nave.
Y esta tragedia hizo que en adelante todos los astronautas rusos usaran trajes espaciales.
Recién en 1980 volvieron los soviéticos a enviar naves tripuladas en la Soyuz T.
A la Salyut 1 la destruyeron con un sistema controlado desde Tierra.
Dobrovolski, Patsáyev y Volkov fueron declarados héroes nacionales de la URSS y después del funeral, sepultados en el Kremlin.
Fuente: Infobae

