Ester y Luis fueron secuestrados en 1978. Su hija, que...Leer más
El Centro de Promoción Familiar (CPF) “Doctor Arturo Illia”, de...Leer más
La familia de Bastian Abaca impulsa una rifa solidaria para...Leer más
Un joven de 22 años fue detenido durante la madrugada...Leer más
La Municipalidad de Villa María presentó “Conecta Empleo”, una nueva...Leer más
La Municipalidad de Villa María presentó el nuevo “Circuito Turístico...Leer más
Chazón: La comunidad despidió al Dr. Mottino
Con una extensa caravana por las calles de la localidad y una concentración frente al dispensario, uno de los lugares donde desarrollaba su labor como médico, los vecinos de Chazón despidieron a Rolando Mottino.
Autoconvocados a través de las redes sociales, los habitantes de la localidad decidieron ofrecer su homenaje y expresar su agradecimiento con quien fuera un profesional muy querido y reconocido.
Lo hicieron con un cartel que decía «Hasta siempre Dr. Mottino», un minuto de silencio y sentidos aplausos, tras una caravana por distintos sectores de la localidad.

El doctor Mottino había fallecido el jueves 26 de noviembre, pero la comunidad en general se enteró de la novedad recién dos días después. La noticia enseguida causó consternación en el pueblo y localidades vecinas.
Mottino era un médico muy conocido en la zona, ya que tenía una larga trayectoria en la atención de la salud en su consultorio particular como en el centro de salud municipal.
Además, había ocupado distintos cargos en diferentes instituciones locales, entre estos, el de concejal.

- Mirá el video:
Tras conocerse su deceso, hubo numerosas expresiones de dolor y reconocimiento en las redes sociales. A continuación, compartimos un texto de la colega Sol Aguirre, oriunda de Chazón, que en la actualidad se desempeña profesionalmente en Buenos Aires.
Nuestro padre, el Dr. Mottino, ahora es leyenda
“Me interesan los corazones fraternos/ una vía en extinción”. (Daniel Salzano)
Si ser profesional es, de alguna manera, profesar una fe, el Dr. Mottino fue un creyente. Un creyente “todólogo”, como él mismo se autodefinió. Con el estetoscopio que ya era una extensión de su cuerpo escuchó cómo sonaba el corazón de su pueblo adoptivo, Chazón, como si hubiese querido descifrar el acorde secreto del órgano vital donde habita.
También está entre aquellos que vinieron a confirmarnos el “quién dijo que todo está perdido/ yo vengo a ofrecer mi corazón”, que canta Fito Páez. Dejó esa ofrenda en las familias de nuestro pueblo, mientras ejercía la virtud de cultivar empatía ante el dolor ajeno. Lo hacía desde el dispensario municipal o su consultorio particular, que también podría haber estado en la plaza porque logró que la atención popular sea su sello médico: siempre accesible para todos sin condiciones, ajeno a la mezquindad de quienes hacen de la medicina un privilegio para pocos. Supo que el respeto, la confianza y el afecto se ganan gesto a gesto y decidió que ese ritual sea su mayor ganancia.
Fue quien le puso respirador artificial a las urgencias de un pueblo. Cuando la cama era el habitué para los enfermos, la tranquilidad tenía el sonido de sus pasos y, también, venía con ellos. Nuestro “Don sanador” pagano respondía con paz/ciencia y ejercía la manera más humana de guiar la enfermedad hacia el mejor destino. En el largo andar de sus días, con un teléfono sin horas y con horas de desvelo, fue el hombre que todo lo calma, el que hablaba fuerte a los sordos, el que sacaba una sonrisa a los dolientes. Un ciudadano ilustre que decía con su cuerpo lo que su humildad no le permitiría expresar: que ahí estaba uno de los seres enormes de los pueblos chicos.
Con sus manos ávidas de dar, escribía la receta con la que concluía la experiencia de cada turno. Recuerdo haber intentado descifrar su letra cuando ayudaba a mi mamá en la farmacia, pero era una tarea imposible. Parecía que el enredo de su tipografía era una demostración de lo complejo que era estar en su lugar. “Ma, leeme al Dr.”, era la contraseña para mi vieja, que se consagró como su traductora oficial, como si hubiese un guiño compartido entre quienes se entregan a ser servidores de la salud.
En casa también pululaban infinitas recetas con sus indicaciones. Esas pilas de papeles resumían su vocación. Las horas de escucha de las almas y de lectura de los cuerpos quedaban registradas en su escritura como instrumento de una forma de diagnosticar, de ver a la enfermedad, de entender a sus pacientes, de transitar una vida.
El Dr. Mottino habitaba esas horas de entrega también los domingos. Para que la pasión de multitudes no sea interrumpida, cuando un futbolista quedaba a medio camino, él alzaba su maletín médico y confirmaba, una vez más, que era un jugador de toda la cancha.
“Cuando Dios entrega un don, entrega al mismo tiempo un látigo”, sentenció el escritor Truman Capote. “He sacrificado mucho de mí, llegando a poner en peligro mi salud», admitía Mottino en una entrevista que publicamos allá por el 2007 en la revista “Chazón de Oro”. Fue esa entrega ilimitada la que confirmó la paradoja: el coronavirus se llevó al gladiador de nuestras enfermedades.

El día de su despedida, una tímida lluvia asomó en el cielo de mi pueblo: la representación del llanto de los hogares cubrió también las calles. En ese momento, deseaba estar ahí. El mapa de la tristeza sabe de geografía: hay una pertenencia al compartir un duelo y quizás otros chazonenses que viven en diferentes lugares, sintieron también el destierro cuando se enteraron de la necrológica.
Me hubiese gustado doler conjuntamente en los relatos cara a cara: que mi vieja me cuente la forma en que sus últimos pacientes narraron cómo los cuidó Mottino o que mi amiga Guada me comente los recuerdos con los que su mamá Griselda, enfermera y compañera de trabajo del Dr., amortiguó la tristeza.
Habita la orfandad en las veredas de mi pueblo y también en el sur cordobés, donde ramificó su generosidad de servidor público. Esa desolación late frente al dispensario y a su consultorio, donde ya no podremos decir “vengo a ver al Dr. Mottino”, padre de nuestros pueblos.
Cuando nos abrazamos, la muerte disminuye su punción. Pero, en este tiempo pandémico, queda trunca la posibilidad de fundirnos en ese gesto universal para alivianar, corazón apoyado a corazón, el peso de lo que se hace insoportable.
¿Y entonces? Queda una “receta”, ahora herencia para sus pacientes, que reviviremos cada vez que contemos, con sed de homenaje: “Había una vez un padre de estos pueblos, el Dr. Mottino, que cuando…” y la continuación de lo dicho será personal y sentido, dando cuenta de la manera en la que Juan Rolando llegó para intentar dar cura a nuestros días.
En esas historias estarán presentes las huellas que dejó. Serán los relatos moldeados con la forma de nuestra gratitud eterna y, también, las crónicas de sus batallas. Inclusive será algo que ya no cuenten nuestras voces, sino su leyenda.
2 comentarios en “Chazón: La comunidad despidió al Dr. Mottino”
Descansa en Paz Dr. Mottino mi mas sentido pésame a la familia y mi agradecimiento por la atención brindada a mis seres queridos!!
Felicitaciones Sol por tu sentido y profundo homenaje y recuerdo de quien fue el Dr de todos los Chazonences que hoy no estamos en nuestro querido pueblo , lo tuyo es un fiel reflejo de lo que fue Ronaldo para todos nosotros , quien nos cuido y estuvo a nuestro lado en los más difíciles momentos (doy fe de ello)querido Dr.Mottino siempre estarás en cada rincón de cada casa de nuestro pueblo y en el corazón de cada uno de los habitantes de Chazon.