Citas, sexualidad y sensualidad: A mayor producción estética, ¿mayor interés?

Young adult couple with smart phones upset out on a date

Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)

Medidas, peso, vestimenta, calzado, depilación, pelo arreglado, perfume.

¿Es tan relevante en una cita entre personas la presentación estética (más allá del aseo) como el registro, el respeto, la consideración del otro como subjetividad, la escucha, la empatía, la sensación de complicidad, el humor?

Las parejas o personas con las que nos vinculamos no son un accesorio para que quede a tono con nosotros. Si no es de tu agrado, podés tomar la decisión de no estar con esa persona, pero no pedirle/imponerle que cambie su presentación. Como mucho sugerirle, pero no más que eso.

Considero que en nuestra cultura la imagen es muy importante y que eso modela nuestra identidad erótica, qué nos gusta, qué no, qué atrae, qué deserotiza, pero podemos intentar flexibilizar o al menos cuestionar lecturas tan lineales de “a mayor producción mayor interés”, considerando alguna de las múltiples variables que entran en juego.

Alguien puede ocurrir para sí mismo y no precisamente para otros. Otra persona no puede hacer una puesta en valor de su capital estético y sí del otro, o viceversa.

En las citas suelen enfrentarse las expectativas con la realidad concreta de la situación. Los memes lo expresan bien.

El cuerpo como objeto de consumo

Estamos dentro de una cultura consumista que erotiza la promoción y la venta de bienes: capitalismo escópico. Para Illouz la «sensualidad» es el resultado de nuevas ideologías sobre la sexualidad como un tipo de mercancía y sobre el yo como una imagen, depende de artículos de consumo para revelar, exhibir y poner de aliviar el cuerpo sexual.

Apunta hacia el cuerpo (deseable) con atuendos de consumo que se encargan de señalizarlo y evocarlo, pasa a ser una cuestión de usar determinadas prendas, de una determinada manera.

La sensualidad es más democrática que la belleza, en la medida en que está disponible para una población mucho más numerosa porque no es el resultado de una belleza innata, sino más bien de una autoconstrucción: hace del consumo un elemento permanente y activo de la experiencia personal.

El atractivo sexual se establece performativamente por medio de artículos y prácticas pertenecientes a la esfera del consumo y, por ende, es una realización económica: la producción transforma el cuerpo en una superficie apta para el consumo visual, como objeto definido por su capacidad para despertar el deseo sexual, se promueve la apariencia exterior como una mercancía comercializable.

Todas las categorías sexuales (preferida y rechazada) son constructos formados por objetos e imágenes de consumo.

La identidad sexual se inscribe en la estetización de la experiencia cotidiana a través de objetos de consumo, con el cuerpo convertido en mercancía estética y visual. Mirzoeff dice que el sujeto visual es al mismo tiempo el agente de contemplación, la persona que mira y el objeto de otras miradas.

La evaluación ha pasado a ser una actividad de empresarial y educativa a social generalizada, extendida a los medios masivos ya las redes sociales, que la ponen en práctica a través de los botones de «me gusta» y «compartir», ha devenido un componente común de la orientación cognitiva, dirigido a la identificación de la estimación, con actores que se desempeñan a la vez como evaluados y como evaluadores.

La sexualización de la personalidad convierte los encuentros en actuaciones para la evaluación visual.

Las aplicaciones de citas

Los tres atributos de la evaluación visual -velocidad, unilateralidad y carácter binario- se han formalizado e institucionalizado aún más por medio de apps, que definen a las personas en perfiles e imágenes para el consumo. 

La principal innovación de Tinder consistió en promover la velocidad y la lógica binaria (la famosa opción de «deslizar la pantalla» hacia la derecha o hacia la izquierda). 

La abundancia de posibilidades de parejas hechas posibles por la tecnología confiere a la evaluación un carácter formal, afín al de la entrevista orientada a separar con eficiencia los aspirantes apropiados de los inapropiados. 

Dado que los posibles candidatos están descontextualizados, extrapolados de sus marcos sociales, los actores se comportan como agentes puramente selectivos y evaluativos, abocados al intento de dilucidar el valor de una persona en un contexto abstracto, que por sí tiene la forma de una mercancía abstracta. 

Las transacciones sexuales y románticas no solo presuponen actos previos de consumo y se sitúan en escenarios de consumo, sino que además entrañan a dos personas que se evalúan como consumidores.

El propio mecanismo de las citas fue concebido por la esfera del consumo, con los restaurantes, los bares, los cines, los locales turísticos y las discotecas como escenarios principales para el encuentro y la interacción. 

Aquí, el enamoramiento está mediado por una evaluación de consumidor. El papel central que desempeña la capacidad de compartir actividades de esparcimiento y gustos culturales en la formación de parejas desde las primeras décadas del siglo XX, consolida la subjetividad de consumo en la experiencia de la intimidad. 

Los gustos y las evaluaciones de consumo estructuran desde dentro la formación de la pareja y el propio deseo, en un proceso que ahonda el sentido de la subjetividad singular.

(*) Psicóloga y sexóloga

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