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Contradicciones, polémica y dudas: ¿Qué pasa con las vacunas para los más chicos?
La vacunación, se sabe desde temprana edad, es una de las herramientas más eficaces para prevenir enfermedades o para reducir efectos indeseables sobre la salud humana.
El proceso de inmunización contra el Covid 19 avanzó a pasos agigantados en nuestro país, incluso en menores entre 3 y 11 años, que comenzaron a recibir la dosis china Sinopharm desde comienzos de octubre.
Hasta este fin de semana, en la provincia de Córdoba la cobertura para este grupo etario alcanzó el 52%, mientras que en los adolescentes entre 12 y 17 años la proporción trepaba hasta el 71% del total.
Diferentes grupos denominados “antivacunas” vienen mostrando oposición al proceso desde que se inició la inmunización en mayores. E insisten sobremanera contra la colocación de dosis en niños y niñas. Los argumentos son de los más diversos.
A estas agrupaciones, se han sumado padres y algunos especialistas médicos, entre estos varios pediatras (algunos reconocidos) que sostienen que es innecesaria la vacunación en menores, con variados fundamentos.
Otros apuntan a no utilizar la vacuna china y sí la del laboratorio Pfizer por ser la única aprobada a nivel internacional “de la cual se conocen datos de seguridad y eficacia”.
Algunas de las razones esgrimidas se relacionan con la falta de desarrollo de las distintas fases obligatorias para probar la efectividad de las vacunas. En este sentido, indican que se somete a adultos y menores a pruebas ilegales o métodos de experimentación científicos, sin que se sepa aún los verdaderos resultados o la intencionalidad detrás de esto.
Cabe recordar que, en función de la emergencia sanitaria internacional por la pandemia, se autorizó a elaborar y colocar dosis con estudios en fase 3, sin llegar a completar el proceso habitual completo exigible para este tipo de productos.
En tanto, se apunta contra la vacuna Sinopharm en particular porque no tendría completa siquiera la tercera fase, cuando se comenzó a aplicar en Argentina a principios de octubre.
Credibilidad lesionada
La ministra de Salud de la Nación Carla Vizotti contribuyó a sembrar dudas y a tejer un manto de sospecha sobre la vacunación en menores con la dosis china. En los últimos días, se vio envuelta en la polémica desatada a partir de conocerse que Argentina comenzó a inocular a niños y niñas entre 3 y 11 años antes que en China, el país productor de las dosis.
La máxima funcionaria había dicho lo contrario cuando en conferencia de prensa informaba que la ANMAT había autorizado su aplicación y argumentaba que ya unos 500 millones de niños y adolescentes del país asiático ya habían recibido las dosis.
En verdad, se difundió que ese proceso se inició recién a finales del mes pasado, con lo que nuestro país sería el segundo en usar esas dosis, luego de los Emiratos Árabes Unidos, el primero en hacerlo a nivel mundial.
Según consignaron la agencia de noticias Associated Press (AP) y la revista TIME, China había anunciado el 25 de octubre que los niños a partir de los 3 años comenzaron a recibir la vacuna Sinopharm desde el día anterior. A comienzos de ese mes, según la ministra, ya habían vacunado a millones de chicos en el país más populoso del planeta.

Las reacciones en contrario variaron de los calificativos de “conejillos de Indias o conejillos de China” hasta la citación a Vizotti al Congreso para que explique cuál es la verdad respecto de esta situación que no hace más que generar mayor confusión. Y temor.
Si ya algunos padres mostraban dudas o algo de resistencia inicial para vacunar a sus hijos, sobre todo al recolectar sugerencias opuestas de parte de algunos profesionales de la salud cercanos, las contradicciones reveladas en las últimas jornadas dispararon los niveles de incredulidad entre muchos de ellos.
Incluso el médico cordobés Oscar Atienza, defensor de la vacunación como forma de combatir la pandemia, reconoció que muchos padres pueden sentirse confundidos o llegar a desconfiar a raíz de estos equívocos.
Respaldo a la vacunación
Ante esto, el Consejo Federal de Salud (Cofesa), que reúne a todos los ministros de Salud del país, ratificó su apoyo a Vizotti y sostuvo que el criterio adoptado fue sobre la base de la recomendación del ente regulador en la materia, la ANMAT.
Los ministros provinciales sostuvieron que este organismo recomendó la inoculación “luego de evaluar los ensayos clínicos fase 1 y 2 publicados en ‘The Lancet’ y analizar la información del avance del estudio puente de fase 3 que se realiza en Emiratos Árabes”.
También fundamentaron que la vacuna Sinopharm cuenta con una tecnología de virus inactivado, una plataforma ampliamente utilizada ya en otras vacunas incluidas en el calendario obligatorio.
Mientras tanto, desde el gobierno nacional remarcaron que esta vacuna se usa con una plataforma que utilizan otras vacunas contra el Covid, como la Sinovac, aplicada en menores en Uruguay y Chile.
Entre los argumentos, también aparece que se venía observando un aumento de contagios de del 8% a 25% en personas menores de 18 años, en las semanas previas al inicio de la vacunación para esos grupos.
Por otro lado, si bien la Organización Mundial de la Salud no recomienda ninguna vacuna en particular para menores de 12 años, organizaciones científicas, hospitales pediátricos y profesionales médicos advirtieron en un comunicado que “aunque el Covid-19 genera complicaciones en mucha menor proporción en niños que en adultos, no es una enfermedad inocua ni inofensiva en niños”.
En este contexto, sostuvieron que, sin la vacunación, este segmento etario podría ser el que sufriera mayor cantidad de casos a la brevedad y que “ningún medicamento está exento de riesgos (incluyendo vacunas), pero las fórmulas contra Covid-19 son extremadamente seguras”.
De todas maneras, persisten dudas sobre los efectos a mediano y largo plazo en función de que las vacunas contra el Covid no han completado el ciclo de pruebas científicas estandarizadas, como sí ha ocurrido con otra clase de productos para inmunizar.
A eso, se suman ciertas señales contrarias entre profesionales médicos y los deslices verbales de algunos funcionarios que, con información errónea por acción u omisión, no hacen más que colocar un manto de incertidumbre, inseguridad y desconfianza en buena parte de una población que ya se siente vulnerable desde el comienzo de la pandemia.
