[Desde Adentro] Luis Negretti: “No es mi momento para ser intendente, pero no lo descarto”

Con un extenso recorrido en los pasillos de la Universidad Nacional Villa María, Luis Negretti, abogado y actual rector, con firmeza y alegría asevera que no ha pasado un día del que se haya arrepentido de transitar el camino académico.

Luis tiene 50 años, está casado con Silvia desde hace 23 años, con quien se puso en pareja hace 30, y es padre de Julia (20) y Delfina (16).

Entrevista: Carolina Durand

¿En qué momento de tu vida te encuentra este 2023?

En un momento de equilibrio en todos los aspectos, familiar, a nivel pareja, como padre con mis hijas adolescentes, mis amistades e incluso en lo laboral.

Definí en una palabra a tu mamá Yolanda.

Es difícil elegir una. Optimista sería. Mi mamá no la pasó bien cuando yo era chico, pero, siempre tuvo una actitud positiva, era de una luminosidad increíble. Trascendió con una sonrisa y fue protagonista absoluta de mi vida.

Tu vida fue austera de niño, de provincia en provincia. ¿Qué lugares, olores, personas, marcaron esa etapa en tu vida?

En ocasiones me vi tentado a escribir parte de mi vida (para mí mismo) porque es amplio el derrotero que me tocó vivir, pero de niño fui feliz.

Nací en Rosario y allí viví hasta los 4 años. Recorrí con mi mamá diferentes provincias como Tucumán, el conurbano bonaerense hasta que nos volvimos a Córdoba (Villa Nueva).

Tengo mucha memoria. Recuerdo en Tucumán, la característica del lugar donde vivimos, una villa, con piso de tierra que había que regar para barrer, el techo de chapa, la letrina en el patio, los ruidos de los ingenios, las sirenas, el pan dulce casero, el rosquete, masticar caña de azúcar.

En el conurbano pasamos mucha escasez. Vivimos en Moreno, José C. Paz. En una oportunidad, nos fuimos a vivir o “usurpar en ese momento” una escuela. Fue en la que cursé primer grado. La institución fue abandonada y había sido trasladada a sus nuevas instalaciones.

En el aula que cursé mi primaria dormía y en el patio donde había jugado, aprendí a andar en bicicleta.

A la distancia uno reconoce un panorama distinto al vivido, pero, no lo recuerdo con tristeza. No hay mal que dure cien años y mi vieja siempre fue buscavidas, juntó dinero y puso un taller de costura y así fuimos progresando.

No había yogurt o gaseosas, esos eran lujos que no se podían dar muy seguido, pero, eso me sirvió para valorar y enseñarles a mis hijas el valor del esfuerzo. Herede de mi mamá el optimismo y ser agradecido.

En ese momento, ¿qué querías ser de grande?

Cartógrafo. Con mis ahorros me compraba mapas, atlas, quería conocer el mundo, ese era el objetivo de mi vida (de niño). Por suerte, el trabajo me llevó a recorrer muchos países y pude cumplir ese sueño de recorrer y conocer otras culturas.  

¿Llegaste a tener vínculo o contacto con tu papá biológico?

Siempre, desde chico, lo admiro mucho. Él vive en Rosario. Tuvimos una relación afectiva fuerte siempre que se pudo, porque con mi mamá viajábamos mucho, y la reestablecí de adolescente, una vez que nos instalamos en Villa Nueva.

Me ayudó a pagar mis estudios y tenemos excelente relación. Sí, tenemos pendiente una cuestión que tiene que ver con mi identidad. Si bien estoy orgulloso de tener el apellido de mi mamá, con el tiempo entendí que es un derecho y es algo que estamos en camino de poder resolver.

Por la mañana… ¿Mate o café?

Mate. Todo el tiempo. El ritual es llevar a mi hija más chica al colegio, volver a casa, cebarle unos mates y después cada uno empieza su jornada laboral (Mate con yerba saborizada y edulcorante).

¿Te gustaría tener algún súper poder?

No sé si súper poder, pero si me gustaría viajar en el tiempo.

Si pudieras viajar en el tiempo, ¿irías al pasado o al futuro? ¿A qué lugar?

Ocupo mucho tiempo reviviendo lugares y personas. Iría hacia atrás. Me arrepiento de muchas cosas que hice y, si pudiera, les daría un matiz distinto o las haría distintas.

Si tuviera una máquina del tiempo, la usaría para ser testigo de viejos momentos. Volvería cinco años y me iría a tomar mates con mi mamá. O 30 años, y me iría al boliche  Kabranca (con algo de la ropa que tengo ahora, porque antes no tenía nada para ponerme), me sentaría en un rincón a escuchar la música de esa época. 

¿Por qué elegiste ser abogado? ¿Dónde cursaste la carrera y la secundaria?

Cursé la secundaria del año 86 al 90 en el colegio Rivadavia. Una época posdictadura con una democracia joven. Participé en el centro de estudiantes, éramos muy activos.  En esa época habían recortado las vacaciones de invierno, tomamos la escuela y también el Nacional. Predominaba el espíritu libre y la frescura juvenil.

Soy abogado desde el año 98, cursé en la UNC. Cuando terminé el secundario estaba entre ser contador y abogado y, hubo profesores que me ayudaron a decidir. Al día de hoy puedo decir que no me imagino habiendo estudiado otra cosa.

¿Cómo fueron tus primeros pasos?

Me estaba por recibir y me puse a pensar cómo haría ya que no tenía parientes en lo jurídico ni contactos. Así que me anoté en una pasantía ad honorem en Tribunales y esa fue una experiencia maravillosa, pude conocer el circuito interno. Después, concursé para ingresar entre 80 postulantes y quedé primero en orden de mérito.

Al tiempo, recibí una oferta en la universidad como docente en derecho civil-comercial y constitucional. A los 28 años, ingresé en la función académica como secretario Académico del Instituto de Humanas del 2001 al 2007, luego como secretario de Bienestar del 2007 al 2011, decano del 2011 al 2015, hasta asumir como rector por dos periodos, del 2015 a la actualidad.

Fui un estudioso. Sabía que costaba mucho económicamente que yo viviera en Córdoba así que me dediqué a estudiar

¿En qué contexto inicia tu amistad con Martín Gill?

A los 12 años, en la escuela. Éramos delegados de curso. Martín siempre fue muy destacado y nos hicimos muy amigos. Elegimos la misma carrera, mi señora (en ese momento cuando fuimos universitarios) vivía en la pensión de su abuela y mantuvimos siempre el vínculo, a pesar de cursar en universidades diferentes.

¿Qué tipo de alumno universitario fuiste?

Fui un estudioso. Sabía que costaba mucho económicamente que yo viviera en Córdoba así que me dediqué a estudiar. En política, prevalecía Franja Morada y no compartía sus ideales así que no me involucré. No salía, mi novia también estaba allí, así que no me distraje con nada.

¿Cuál es tu relación con las bandejas y las consolas?

Mi relación fue con la música desde mis 14 años. Mi mamá y su pareja, tenían la concesión de la sociedad bancaria en Villa Nueva, y allí se hacían fiestas.

Yo tenía un grabador doble casetera y ponía música para mí. Siempre estaba atento a lo que hacían los dj. Cuando terminaban las fiestas, se iban, dejaban los equipos y yo los usaba de contrabando y ponía un ratito música.

De grande pude darme el gusto de comprarme unas bandejas para poner música en mi casa y en algunas fiestas de amigos.

¿Te gusta la electrónica?

No, solo la escucho. Mi música predilecta es el rock de los 70, 80 y 90.

¿Te asusta el mar o el río?

Ninguno de los dos, por el contrario, me atraen. Puedo estar horas frente al mar y quedar hipnotizado observándolo.

De chico, el río era mi lugar favorito. El verano, lo pasábamos en el parque de Villa Nueva, viví desde los 12 a los 26 años en barrio San Antonio. Cuando venían las crecidas lo más lindo era poder largarse e ir hasta la punta. Picardía peligrosa que uno hace cuando es adolescente y no toma noción de la peligrosidad.

¿Qué hacés en tus tiempos libres?

Juego al pádel desde los años 80. Como hobbie me gusta jugar con amigos al póker. Aprendí a los 14 años. Me atrapó todo lo que hay detrás del juego, la estadística, la matemática, la psicología, todo lo que pueden encerrar esas dos cartas. Tiene un gran parentesco con el ajedrez en materia de estrategia.  

Por otro lado, trato de pasar el mayor tiempo posible con mi esposa y aprovecharlo. Ambos tenemos trabajos que nos demandan mucho tiempo. Además, parte de mis tiempos libres me gusta pasarlo con mis amigos, viajar en moto a las sierras y leer. Es difícil acomodar el tiempo libre porque no es mucho, pero trato de distribuirlo.

¿Te gusta el fútbol?

Soy de River, jugaba, pero nunca tuve talento. Sin embargo, leo muchísimo sobre fútbol local, provincial y nacional. El mundial Qatar 2022 fue uno de los momentos más felices de mi vida. Me sigo emocionando actualmente.

Lo viví con mucha intensidad y me gusta verlo por la televisión porque así ves todo al mismo tiempo. Antes del debut, le dije a mi mujer que, tenía mucha ilusión. Cuando jugamos la final, me levanté a las 8 de la mañana (se jugaba a las 12) para ver la previa, lo vi en mi casa y estuve hasta la medianoche frente al televisor mirando cada ángulo, cada festejo, lo que pasaba adentro, fuera de la cancha, en el país. Fue una locura. Estuve 16 horas frente a la pantalla.

¿Qué es lo primero que observás de una persona?

Nada en particular. Lo que sí trato es de leer el semblante de la gente. Creo que tengo habilidad para escuchar y registrar las cosas con detalles.

Eso me pasa mayormente con los estudiantes y el cuerpo docente. Somos una comunidad cercana y me gusta saber quiénes son, cómo se sienten y, estar compenetrado con lo que les pasa, me gusta saber de los demás.

¿Tu sensación cuando asumiste como rector en el 2015?

Sonaba de fondo “Viva la vida” de Coldplay, fue un día de mucha alegría, el auditorio estaba lleno de gente, lo disfruté muchísimo. Nunca imaginé llegar a ese cargo, empecé en el 99 como auxiliar, era un joven docente que nunca pensó en llegar a esa instancia. Me acompañó mi mamá, mi esposa, mis hijas y mucha gente que es importante en mi vida.

Tu nombre resuena como candidato a intendente. ¿Qué hay de cierto en eso?

La universidad es un espacio de mucha visibilidad y para la política, los rectores terminan siendo figuras muy potables como ocurrió en Santa Fe o Río Cuarto.

Me enorgullece que alguien piense y ponga en agenda que puedo ser intendente, lo cual es la máxima responsabilidad como ciudadano. Sería un enorme orgullo, pero, hay más gente con trayectoria y preparada en este momento para esa función. No es mi momento, pero no lo descarto.

Este año se elige nuevamente rector. Ante la propuesta del Rectorado y la Intendencia, ¿cuál sería tu elección si dependiera de vos?

Estoy feliz y en equilibrio. Me atrae poder conducir esta ciudad, pero, sabiendo que hay una tarea que la vengo haciendo bien o al menos así lo ha expresado la comunidad universitaria, elegiría un mandato más como rector.

¿A quién recurrís cuando necesitas un consejo?

A mi mujer Silvia, es mi mayor consejera sobre todos los temas; a un amigo, Martín Gill, y a mi papá. En varias ocasiones a miembros de mi equipo de trabajo, con algunos tenemos una gran relación laboral y afectiva.

Sería un enorme orgullo ser intendente, pero hay más gente con trayectoria y preparada en este momento para esa función

¿Qué diferencia a la UNVM de otras universidades?

Hay varias cuestiones. Hay muchas similitudes entre las casas de altos estudios, pero son todas a la vez diferentes.

La nuestra tiene una integralidad compuesta con su campus, infraestructura, equipamiento cercanía ente los docentes – estudiantes, la riqueza de su historia. Es imposible definirla, es un orgullo todo lo que ha generado en solo 30 años.

¿Cómo es la brecha entre un estudiante de nivel medio y uno universitario?

Siempre la hubo y la pandemia la agravó. Las mayores dificultades se presentan en los primeros años. Nos preocupa y, por eso, tratamos de acompañar desde distintos lugares a los estudiantes, con espacios de contención psicólogos, psicopedagogos, trabajadores sociales.

Si bien no podemos bajar los estándares, sí podemos trabajar en que los docentes puedan dar oportunidades en cuanto a parciales y recuperatorios.

¿Cuántos alumnos tienen en la Universidad?

12.000 alumnos, 6.000 graduados, 1.000 docentes, 350 no docentes, aproximadamente.

Un libro importante

Tengo muchos. No tengo uno en particular. Podría ser “Doña Flora y sus dos maridos” de Jorge Amado, me vi obligado a conocer el Norte después de leerlo. “La insoportable levedad del ser”. De chico me leí todo sobre Julio Verne. Hoy me gustaría disponer de más tiempo para leer.

Siempre volvemos a los lugares en los que fuimos felices. ¿Adónde volverías?

No hay otro lugar en donde haya sido más feliz que en Villa María. No me imagino en otro lugar.

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