[Desde Adentro] Rodrigo Aguiar: “Se puede aportar a la sociedad desde adentro y fuera de la política”

Rodrigo Aguiar (28), estudiante de abogacía, miembro directivo de la Fundación Adoptar Villa María. Es familiero y amiguero, hijo de Rubén y Analía, hermano de Pablo (38) y Nico (27).  En su familia, todos son de River y peronistas, él en cambio, es de Boca y anti peronista/kirchnerista, por eso se considera la oveja negra.

De fuertes convicciones y un gran sentido de la empatía. A raíz de su historia personal de adopción logro ayudar a muchas familias a tomar la decisión de conocer sobre los procesos y adoptar finalmente.

Entrevista: Carolina Durand

Si entrara en tu living Rodrigo a los 10 años ¿Qué pensás que te diría?

“Que no me preocupe tanto por lo que va a pasar”. Soy ansioso y siempre estoy pensando en lo que va a venir, cómo va a salir y me cuesta focalizar el aquí y ahora.

¿Quién te enseñó a andar en bicicleta y a qué edad aprendiste?

Aprendí a los 4 años más o menos. Me enseñó mi papá. Recuerdo un golpe del cual todavía tengo marcas, frente el anfiteatro cuando las veredas eran de piedras.  

¿Guardás algún recuerdo de cuando eras niño?

Una almohada. De hecho, la uso actualmente. Nunca la cambié. La tengo desde que estuve en un Hospital de Misiones, donde me dejó mi madre biológica a los 2 meses. Guardan lágrimas, risas, noches de fiebre, pensamientos, toda mi vida está escrita ahí.

También guardo unos afiches de bienvenida que, los amigos, vecinos y familiares de mis padres adoptantes, me hicieron cuando ellos viajaron a Misiones a buscarme. Tenía meses, pero, puedo imaginar lo lindo que debió ser ese momento.

¿Tenés ganas de ser padre?

Sí, me gustaría. No sé cuándo ni cómo, pero siempre quise tener mi familia. Primero quiero terminar de estudiar y aprovechar los tiempos al máximo y dejo que llegue cuando tenga que llegar la oportunidad de serlo. En pareja, soltero, mediante adopción o de manera biológica, sí tengo en claro que en algún momento voy a formar mi propia familia.

¿A qué hora comienza tu día?

Antes de las 8 de la mañana y culmina cerca de la medianoche.

Antes de estudiar derecho, ¿estudiaste otra cosa?

Sí, incursioné en Diseño y Producción Audiovisual en la UNVM durante un año cuando terminé el secundario. Después, me preparé dos años para ingresar en el Seminario para ser sacerdote, estuve poco más de un año. Dejé y cuando volví a Villa María, empecé a cursar Diseño de Espacios hasta que me di cuenta que, esos no eran mis lugares y empecé abogacía en el 2020 en la UCASAL. Primer año fue virtual, plena pandemia, fue raro, pero me adapté y estudiar abogacía me abrió mucho la cabeza.

Siempre fui confrontativo, en casa era el justiciero, éramos 3 hermanos varones y siempre trataba de equilibrar las cosas. En la escuela defendía a mis compañeros, siempre busqué ese rol de intermediario.

¿Qué te motivó a ingresar al seminario para el sacerdocio?

Fue en el 2016, tenía 20 años, cursé en Río Cuarto un año. Siempre fui muy creyente, estuve inmerso en la fe y sentí la necesidad de acercarme a Dios de esa manera. No me arrepiento, fui muy feliz y me sirvió para manejar mi ansiedad, la paciencia, la toma de decisiones reflexionadas.

Veía a mi familia y amigos una vez al mes, fue difícil, pero a la vez, me ayudó muchísimo.  De hecho, vuelvo a ese momento de mi vida para tomar decisiones importantes actualmente, porque el seminario me dio herramientas para afrontar situaciones que necesitan de mucha templanza y en esa época, desarrollé técnicas para calmar mi ansiedad y angustias que sigo utilizando hasta hoy.

El momento de dejar el seminario, fue duro. Terminé dejando porque el hecho de ser adoptado me implicó momentos duros, querían que vuelva a mis raíces y busque a mis padres biológicos.  Esa historia yo ya la había cerrado y no quería reabrirla. Sumado a eso, cuando dejo el sacerdocio y vuelvo a mi casa, mi abuelo materno estaba muy enfermo y falleció al poco tiempo y, mis padres se estaban separando. Fue un momento difícil.

¿Cómo tomaste la separación de tus padres?

Al principio, me costó muchísimo, creo que por mi propia soberbia y no ver más allá que, era su vida y que ellos, se separaban entre ellos, no de sus hijos. Quienes fuimos adoptados tenemos miedo al abandono y a la pérdida porque ya lo padecimos. Con el tiempo entendí que no era el fin de mundo y que ellos seguían estando, de manera diferente, pero seguían siendo mis padres y los de mis hermanos.

¿Creés en Dios?

Creo en Dios, tengo mucha fe, pero, dejé de creer en la iglesia como institución. Mi familia es muy creyente. De hecho, por cosas inexplicables, nací un 8 de diciembre, Día de la Virgen, y tengo muy arraigados los valores inculcados por mis padres de ayudar al otro y ser solidario.

¿Rezás a la noche?

Por lo general sí, pido y agradezco y, cuando pido siempre es por los demás. Cuando voy a rendir tengo dos estampitas que siempre pongo arriba del banco. De la Sagrada Familia, Cura Brochero y la Virgen de Guadalupe.

En mi etapa de vocación al sacerdocio estuve muy vinculado a estas últimas dos, sin buscarlo. En 2013 fui con mi familia a la beatificación del Cura Brochero y fue un batacazo en mi vida. Fui a la misa y tuve la necesidad de comulgar y hacía mucho tiempo no lo hacía, ni siquiera me había confesado previamente.

Al volver a Villa María, me confesé y sentí la necesidad de ingresar al sacerdocio. Cuando empecé a prepararme, en varias situaciones previas a entrar al seminario, la Virgen de Guadalupe estuvo en muchos momentos de mi vida en momentos y fechas claves.

¿Creés en la reencarnación?

Sí.

¿En qué o quién te gustaría reencarnar?

No lo sé, nunca me lo pregunté. Hay vida eterna, de eso no tengo duda.

¿En qué no creés?

En las etiquetas. No creo que las etiquetas nos definan como personas ni quienes somos.

¿Hace cuánto te sumaste a trabar con Darío Capitani?

Dos años aproximadamente.

¿Formás parte de Adoptar Villa María desde un primer momento, o cuándo te incorporaste?

La Fundación se creó en 2016, yo me sumé en septiembre del 2018. Estaba en el seminario y mirando noticias de Villa María, me enteré que se había creado la fundación, me comuniqué con ellos, les conté mi historia y les hice saber que, los tenía presentes en mis oraciones porque me alegraba saber que la ciudad, contaba con una organización para acompañar ese proceso a los padres adoptantes.

Cuando dejé el seminario, hice un proceso de un año previo a ser parte de Adoptar. Sabía que tenía que exponerme y conmigo, mi historia de vida. Cuando tomé la decisión de ser parte, ese día se sumó Marcela, y nos hicimos muy amigos. Sus hijos, dos mellis de 3 años y medio son mis ahijados, Sol y Mateo, son mi vida. Estoy al ciento por ciento presente en sus vidas.

A la semana de ser parte de la Fundación, me hicieron una nota en el diario y me impactó ver mi historia escrita, pero, entendí que esa exposición, causó que algunas familias, decidan adoptar no solo bebés, también niños más grandes que son los que mayor tiempo pasan esperando por una familia que los adopte, y otras, se acerquen a consultar y evacuar dudas. Mis padres están muy orgullosos del trabajo que venimos haciendo.

¿Estás como presidente de la Fundación?

Estamos en proceso, aún no de manera oficial porque la IPJ (Inspección de Personería Jurídica) tiene mucha burocracia, presentación de papeles, revisión, balances, en fin… es solo una formalidad que hay que tener y que estamos esperando, pero, trabajamos en equipo y traspasamos el trabajo porque somos una gran familia que nos ayudamos, escuchamos y aconsejamos entre todos ante alguna situación que se presenta.

Estamos a la espera de poder tener un lugar físico. Sería un sueño, pero por ahora no es posible, somos 5 personas activas, mas allá de recibir mucha colaboración externa y no tenemos ingresos, así que se hace difícil contar con fondos para alquilar.

Vamos rotando para las reuniones y nos comunicamos vía telefónica o videollamada con las consultas que nos hacen, luego concretamos una reunión personal.

¿Tienen un programa radial?

Sí, los miércoles de 15 a 16 horas por radio Tecnoteca. Empezó en el 2022, en esa primera etapa estaba al frente y actualmente por cuestiones laborales está en la conducción mi compañera Paola.

La sociedad en general, ¿valora y se interesa en saber el trabajo que realizan?

No lo sé exactamente, pero, cuando alguien piensa en un proceso de adopción aparece en sus vidas una persona que les pasa nuestro contacto y así llegan a nosotros. Eso me hace pensar que estamos instalados como Fundación que trabaja en pos de la adopción y que, somos el lugar referente para quienes inician este camino que a veces, puede asustarlos el hecho de desconocer. Incluso el mismo poder judicial nos reconoce y nos han llamado para asesorarlos.

¿Cómo se vinculan con otras instituciones?

Nosotros golpeamos puertas, nos presentamos y ofrecemos dar charlas para hablar sobre adopción. Hemos ido a municipios de la región y hemos tenido casos donde se han contactado para pedirnos asesoramiento. Reconocen nuestro trabajo, nos convocan y eso es una satisfacción enorme.

En estos siete años, ¿el municipio de Villa María pudo trabajar de manera mancomunada con ustedes?

Falta mucho para eso. Es una pena, porque hay mucho para hacer. Falta voluntad de hacerlo y políticas públicas. No parece, pero la adopción atraviesa a la iglesia, a la educación, a los clubes, a la sociedad que no sabe cómo abordar el tema y en algunos lugares sigue siendo un tabú.

¿Cuál es tu sensación/impresión cuando vez un niño en la calle pidiendo o lavando vidrios?

A los 6 años fui a Misiones y vi muchos niños en esa situación, en ese momento le pregunté a mi mamá si podíamos adoptarlos a todos.

Primero, soy agradecido por haber tenido la posibilidad de una familia que me adopte y me diera amor, un hogar, comida, estudios y una vida llena de afectos.

La ausencia del estado y de políticas públicas es notable. Cada vez hay más niños en esa situación, De niño veía gente adulta pidiendo, después se dejó de ver unos años y ahora, se vuelve a pasar el tener gente en la calle pidiendo, revolviendo basura y cada vez desde más niños.

En lo personal, no me deja olvidar mis raíces y de dónde vengo, pude ser uno de ellos, si no fuese por mis padres que me tomaron y me salvaron de esa vida de pobreza. Lo sé porque accedí a mi expediente judicial y sé que nací prematuro, con problemas de desnutrición y en condiciones de mucha vulnerabilidad.

Hay muchos niños que están esperando a ser adoptados y que esperan por una familia que les dé amor, los cuide, les lea un cuento.

En materia legislativa, Argentina ¿en qué posición se encuentra en cuanto a la adopción?

Se modificó la Ley de Adopción en el 2015 y eso fue muy bueno, pero, falta mucho. No hay avances sobre licencias por adopción, currículas escolares que se adapten para que los docentes puedan abordar el tema en las aulas, obras sociales que dejan a los niños sin coberturas en los períodos de transición de la adopción, hay mucho por legislar todavía. Hemos presentado importantes proyectos, pero son cajoneados.

¿Tenes número de la suerte?

No creo en la suerte, pero, si tengo que elegir, elijo el 8, día en el que nací.

¿Qué es lo más sagrado para vos?

La familia y los amigos. Tengo muchos amigos, para mí son muy importantes. Conservo amigos desde que soy niño.

¿Qué cosas no pueden faltar en tu portafolio?

Pañuelos descartables (por la alergia) y el cargador del celular.

Sos activo en redes sociales. ¿A cuál le das mayor importancia?

Sí, en Instagram, sobre todo. Publico todo, sobre adopción, política, mi vida personal con mi familia y amigos. Me permite interactuar y generar permanentemente nuevos vínculos.  

¿A qué lugar te gustaría viajar y por qué?

A Misiones, fui a los 6 años y no volví más. Es el lugar donde nací y me gustaría recorrerla, sentirla, vivirla.

¿Tenés animales?

En mi casa no, pero, en casa de mi mamá, un perro (caniche) y en casa de mi papá, gatos.

Si Capitani es electo intendente de Villa María, ¿desde qué lugar lo vas a acompañar?

Voy a acompañarlo desde donde él crea que puedo servir al proyecto de ciudad. Desde lo funcional o como un ciudadano más, hay mucho para hacer. Mi intención es aportar desde mi trabajo con la Fundación en materia de adopción, en el acceso a derechos de los niños, en materia de discapacidad, mientras uno tenga voluntad de trabajar, se puede aportar desde cualquier lugar que se ocupe, dentro y fuera de la política.

Si fueras periodista, ¿a quién te gustaría entrevistar y por qué?

A Carlitos Balá me hubiese gustado. Su humor sano, sus valores, lo hizo una gran persona. Juan Carlos Calabró, Roberto Gómez Bolaños, personajes que han sabido entretener de manera sana con su humor. Quizás porque el humor me ayudó a asimilar mi historia de adopción.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *