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Día del Amigo: La historia de mil cartas, cien países y los cinco dedos
Escribe: Germán Giacchero
Este lunes 20 de julio es el día del amigo. Qué novedad, ¿no?
Nunca fue un día común. Menos ahora. Cuando, precisamente, los mandatos oficiales por la pandemia desalientan los encuentros sociales.
Es un día diferente porque no habrá celebraciones multitudinarias ni festejos compartidos y extendidos durante varios días con las barras del cole, de la infancia, del trabajo, del gimnasio, del barrio, de la cuadra, del club, del boliche o, simplemente, con los amigos de fierro.
Esos que llegan en cualquier momento a nuestras vidas y que siempre están. Están, a prueba de kilómetros, calendarios, ausencias, viejos rencores y llamadas que no llegan.
Y, si las hay, esas juntadas serán clandestinas y sus participantes unos infractores pasibles de ser sancionados por rendir culto a la amistad en medio de una prolongada cuarentena.
Un aislamiento que nos mantuvo distanciados y que viene haciendo estragos en la economía y en la salud física y mental de muchos argentinos.
Un confinamiento, desde hace un tiempo algo más relajado, que nos obliga a cambiar costumbres y a alejarnos de los vasos, mates, besos y abrazos. Pero que se presenta como una medida necesaria para evitar males superiores.
A la mayoría de nosotros, seguro nos gustaría festejar con todos nuestros amigos. Y cuantos más, mejor. Pero, hoy no podemos. No podemos hacerlo como nos gustaría.
No importa si estamos a favor o en contra de la cuarentena, si creemos o no en la pandemia, o si pensamos que es puro verso para controlar a la sociedad o una estrategia del poder para manipular la economía.
Este Día del Amigo no hace falta dejar de rendirle culto a la amistad. Pero, quizás, podamos agregarle el culto a la responsabilidad, para tratar de evitar que los contagios se disparen y la enfermedad se expanda. Esa misma responsabilidad que también le pedimos al vecino, a nuestros hijos, a nuestros padres y a los políticos que, algunas veces hacen casi todo mal y no suelen predicar con el ejemplo propio.
Sí, sí, vamos a extrañar los asados, las pizzas, las risas, los apretones de manos, los abrazos, las cargadas, las puteadas, las jodas, porque también es cierto que hace mucho que no nos juntamos como lo hacíamos antes, cuando coronavirus era una palabra excluida por completo de nuestro diccionario cotidiano y la cuarentena más conocida era el periodo insufrible que llegaba después del parto.
Pero, ya habrá tiempo para celebrar. Para celebrar todos juntos, con los mismos de siempre, con los que desde hace rato querés volverte a juntar. Sean dos, tres o veinte. Para festejar una redundancia. El Día del Amigo.
Amigo: una condición que no cambia, pero que se renueva cada día. Que va más allá de una marca en el almanaque, de un listado de contactos del celular o de Facebook, o de una lista de seguidores en Instagram o Tik-Tok.
Y un día que arrastra un motivo (para algunos algo zonzo) detrás de su conmemoración (como la hermandad detrás de la llegada del hombre a la Luna), y que la publicidad y el marketing, digámoslo también, han convertido en un gran negocio en los últimos años. Casi superior o a la par de otros grandes rituales comerciales, como el Día de la Madre, del Niño o del Padre.
Una historia
Como decía, no importa si son dos o tres o veinte. O cinco, que es el número exacto de amigos que uno debería tener para darse por satisfecho, según el impulsor y creador de este día. Dejame que te cuente una breve historia de las mil cartas, los cien países y los cinco dedos.
Se llamaba Enrique Febbraro. Era odontólogo, músico, profesor de psicología, filosofía, historia y socio fundador de un Rotary Club. Pero, más allá de su extenso curriculum, pasó a la historia por otra cosa.
La hago corta. El 20 de julio de 1969 dicen que el hombre llegó a la Luna. En verdad, fueron los estadounidenses que proclamaron que era “un pequeño paso para el hombre y un gran salto para la humanidad”.
El señor vio la transmisión por televisión en su casa de Lomas de Zamora y pensó que sería una buena idea buscar aliados para que ese día se consagrara a celebrar la amistad. Un día internacional del amigo, para recordar esa gesta que supuestamente hermanó o amistó a medio planeta.
Así es que, sin internet, sin Whatsapp, ni Facebook, que quizás le hubieran servido de mucho por entonces, cuenta la leyenda que redactó unas mil cartas y las envió a destinatarios de cien países. Y que recibió unas setecientas respuestas. Y que unos 50 años después de aquella idea en casi cien países se celebra el Día del Amigo.
«Viví el alunizaje del módulo (Apolo 13) como un gesto de amistad de la humanidad hacia el universo y al mismo tiempo me dije que un pueblo de amigos sería una nación imbatible. ¡Ya está, el 20 de julio es el día elegido!», argumentó a quienes leyeron su mensaje.
Este señor amiguero hasta tenía un listado de mandamientos para conservar la amistad.
“Un amigo no aconseja, se mete en el problema, se embrolla, y ayuda al otro”, era el primero.
En una entrevista con La Voz del Interior, que sería la última en su vida, le preguntaron si tenía muchos amigos. Y Don Enrique no contestó que le gustaría tener un millón de amigos, al estilo del brasileño Roberto Carlos. Aunque con su iniciativa se haya ganado unos cuantos.
Él decía que no hacía falta tener tantos. “Eso de que ‘yo quiero tener un millón de amigos’ es el bolazo más grande que escuché”.
Y ahí se miraba la mano.
“El número de amigos que uno debe tener está señalado por los dedos de la mano izquierda. Si usted tiene cinco amigos, ya dese por satisfecho porque ha conseguido la mayor joya”, sentenciaba.
En otras palabras, “pocos, pero buenos”.
Y vos, ¿ya te pusiste a contar con los dedos de tu mano?
Feliz Día a nuestros amigos y lectores.
Porque ser amigo significa serlo aún en las diferencias.
3 comentarios en “Día del Amigo: La historia de mil cartas, cien países y los cinco dedos”
Felicitaciones por la nota querido amigo!!!!!! Feliz día!!!!!!
Excelente Germán
Me encantó…recién hoy la pude leer….