[El CONICET en la mira] ¿Quién debe financiar la investigación científica en Argentina? El estado y el sector privado

Las recientes declaraciones de Javier Milei en relación al organismo estatal de investigación científica y técnica de la Nación, desató un acalorado e intenso debate en torno al financiamiento y a la “productividad” de la ciencia hecha por el Estado.

Escribe: Lic. Ana Paula Moreno

Tanto seguidores como detractores del libertario, han manifestado su posición respecto a privatizar (o no) al CONICET y dejar “en manos del Mercado” tanto al capital humano (investigadores) como el tipo de conocimiento que se produce.

Según Milei, “la productividad del CONICET (35 mil personas) es bastante cuestionable”, comparándolo con la NASA que tiene menor capital humano y “produce” mucho más.

Más allá de estar a favor o no de las afirmaciones y propuestas que el candidato a presidente de la Nación realizó, lo positivo sería recuperar dos cuestiones centrales para analizar en contexto, y que son de mucha relevancia de cara a la gestión de gobierno venidera (sea del tinte político que sea): inversiones en ciencia y enfoques de investigación (ciencia básica y aplicada).

Ciencia: ¿financiada por quién?

Lo que se coloca en el centro de la disputa política es la participación del Estado y del Mercado en la producción científica; lo cual, no necesariamente debe ser a cara o cruz.

Actualmente, el CONICET se financia con aproximadamente un 0,34 del PBI, siendo su principal sustento, que de hecho es muy poco estable. Históricamente, la inversión en investigación en Argentina ha sido intermitente y sujeta a cambios en las condiciones económicas y políticas (en los 90’ el CONICET estuvo prácticamente cerrado).

Lo cierto es que, en el modelo actual “los niveles de inversión del sector empresarial en investigación y desarrollo son bajos, incluso en comparación con otros países de la región” (Mallo, 2021).

En este sentido, en su Página Oficial, el Ministerio de Ciencia Tecnología e Innovación reconoce la ausencia del ámbito privado en materia de inversión.

Frente a esta situación, fomentar la inversión del sector privado no sólo es una necesidad sino también una vía estratégica si Argentina quiere fortalecer la ciencia, como motor de desarrollo.

La mejor alternativa a la privatización o cierre del CONICET, sin dudas es permitirle participación al sector empresarial en materia de inversiones.  

Fomentar la inversión del sector privado no sólo es una necesidad sino también una vía estratégica si Argentina quiere fortalecer la ciencia, como motor de desarrollo

¿Ciencia Básica o Ciencia Aplicada? Esa es la cuestión

En la “cocina” de la ciencia, hay dos “recetas” diferentes que generan dos productos diferentes.

Por un lado, la ciencia básica se basa en explorar y entender cómo funciona el mundo que nos rodea sin necesariamente usar ese conocimiento de inmediato.

En contraste, la ciencia aplicada se centra en utilizar el conocimiento para resolver problemas y cuestiones prácticas, que es además útil al Mercado.

Cuando el líder del partido libertario cuestiona las investigaciones que se están produciendo, poniendo en tela de juicio los temas sobre los cuales se investiga, convoca al viejo dilema que atraviesa a todos los países, sobre todo a los que se encuentran en vías de desarrollo: ¿qué tipo de conocimiento es más importante producir y que beneficiaría a un país con dificultades económicas y sociales? ¿Es un “lujo” producir ciencia básica en un país como Argentina?

Si bien es cierto que “sin ciencia básica, no habría ciencia qué aplicar” y que ambas son igualmente necesarias, hay que hallar un equilibrio entre ellas.

Lo que sucede actualmente es que el sistema científico argentino promueve sobre todo la ciencia básica y Argentina es uno de los países, después de Corea del Sur, que más inversión pública hace en ciencia básica.

Esto de algún modo comprueba que “en la dirección del CONICET hay un rasgo anticapitalista y antiproductivista”; así lo afirmó Sandra Pitta recientemente (investigadora independiente del CONICET en el área de farmacéutica y biotecnología).

Si Argentina quiere hacer ciencia con un impacto más importante debe eliminar sesgos ideológicos que le impiden hacer el círculo virtuoso de ciencia básica a aplicada.

Hay que reconocer que existen diversos factores que atraviesan el modo de hacer ciencia de un país, pero en Argentina debemos empezar por dar lugar al sector privado y eliminar sesgos ideológicos.

De lo que debemos ser conscientes, además, es que siempre hay una política estatal detrás de la producción científica, y que, celebrando más de 40 años de democracia, es fundamental debatir sobre ello.

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