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El Festival que se reinventó enciende a Villa María y el país durante cinco noches
El viernes 10 de febrero es el punto de partida de las cinco noches del Festival más grande del país. Con algunos nombres primerizos (algunos desconocidos para la gran mayoría) y otros que se repetirán sobre el escenario, el evento busca consolidar su perfil convocante, popular y más ecléctico que nunca.
El folclore dio el puntapié inicial y durante años fue la excusa perfecta para que cada febrero el festival parido a orillas de las aguas del Ctalamochita resurgiera para dar vida a las noches de peñas.
Hasta que en los 90 comenzó a tomar otro perfil. Con una propuesta más “ecléctica”, según la organización privada, término inclusivo que permitía justificar presencias tan disímiles y hasta antojadizas sobre el escenario Hernán Figueroa Reyes.
Esta modalidad de grilla artística se consolidó con el paso del tiempo con el municipio al frente de su organización. Y a medida que se fue “globalizando” su programación, el universo folclórico se vio reducido a expresiones mínimas dentro del coloso de cemento.

Es cierto. Ya no contará con presencias internacionales de renombre en el coloso de cemento. Pero se mantiene ese paisaje heterogéneo en la grilla festivalera, en razón de nombres, estilos, géneros. La biodiversidad musical ya es un sello distintivo del Festival de Festivales villamariense. Al cuarteto y el pop, muy poquito de rock y menos de folklore, se suman géneros más en boga como el trap, la cumbia y el rap, entre otros.
La biodiversidad musical ya es un sello distintivo del Festival de Festivales villamariense
En esta ocasión, no habrá artistas consagrados provenientes de distintas partes del continente o allende los mares. Pero, a pesar de una propuesta calificada como insuficiente o desinflada por un público más tradicional y con nombres prácticamente desconocidos en los dos primeros días para un público que supera los 40, a juzgar por las ventas de entradas y con algunas noches ya sin localidades, la aprobación por esta programación está a la vista.
Tradición y renovación
La progresiva internacionalización fue en desmedro de la mística criolla: la grilla contempla escasas muestras de sonidos y cantos telúricos. El folclore tradicional y las nuevas olas renovadoras tienen una intensa presencia en las carpas peñeras que serpentean la costa. Pero, muy poca en el escenario mayor.

En el recorrido ribereño se puede degustar sabores típicos –y no tanto- y sonidos de esta tierra, a diferencia de la mole de cemento techada, donde solo habrá contadas muestras de la música campera.
Sub-30: Otro matiz que fue cambiando la esencia histórica de este festival es el proceso de juvenilización.
Otro matiz que fue cambiando la esencia histórica de este festival es el proceso de juvenilización. Más que nunca aparecerán en escena músicos y cantantes veinteañeros y muy pocos logran superar los 50 años. Y esta avanzada sub30 viene de la mano de nuevos estilos como el trap, el rap, el dance y un pop más edulcorado.
Como sea, este nuevo perfil, le otorgó mayor visibilidad en la geografía argentina y en el resto de América del Sur. Le abrió nuevas puertas y lo proyectó más allá de los límites trazados por una propuesta exclusivamente tradicionalista.
En Argentina no existe hoy otro festival de esta magnitud en su tipo. Y Villa María y la región tienen el privilegio de tenerlo.