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El “Panic show” de Milei: Exabruptos, delirios y un relato de realismo mágico

“Por favor no huyan de mí

Yo soy el rey de un mundo perdido

Soy el rey y te destrozaré

Toda la casta es de mi apetito”

(Panic Show, canción de La Renga, reversionada por Javier Milei)

Escribe: Germán Giacchero

La pantalla del televisor no dejaba de emitir malas nuevas en el canal de noticias porteño, mientras el recuadro principal se lo llevaba la caravana del presidente rumbo a su “panic show” y la multitud que lo esperaba afuera y la otra que lo aguardaba adentro.

Con un “dólar blue en alza”, los “peajes al borde de aumentar un 35% en CABA”, en la víspera de un paro nacional docente, con Misiones, una provincia “suburbana”, en llamas, Javier Milei marchaba a presentar su libro sobre el capitalismo y a hacer su propio show de político “superstar” en el mítico Luna Park.

Con el disgusto explícito de sus creadores, la canción de La Renga que el autodenominado “León” utilizó a lo largo de su campaña electoral, sonó estruendosa en la voz de karaoke que alguna vez supo imitar a Leonardo Favio, para marcar una nueva faceta presidencial, la del rockstar, la del showman, la del político menemizado versión 3.0.

El que se pelea con todos y no le importa nada más que su propio show. Los demás son “plomos”, asistentes y un auditorio fanatizado que seguirá al pie de la letra los mandatos cuasi bíblicos del profeta que intenta serlo en su tierra.

Como show, alcanza y sobra. El primer Luna Park mileísta es una continuidad de los escandaletes internacionales con España, México, Colombia, Brasil y China. Mantiene la línea de las confrontaciones, jetoneos y exabruptos con gobernadores, diputados, senadores, gremialistas, piqueteros y todo lo que se le cruce por delante.

Con el tic de la confrontación permanente, Milei se mantiene ocupado y alejado de los pálidos indicadores sociales y económicos que las bondades de la macroeconomía no consiguen disimular ni ocultar

Con el tic de la confrontación permanente, Milei se mantiene ocupado y alejado de los pálidos indicadores sociales y económicos que las bondades de la macroeconomía no consiguen disimular ni ocultar.

El primer economista en ser presidente ha desarrollado un mecanismo de ataque y contraataque permanente que permite edificar el relato de una realidad que solo es propicia para una minoría y sufriente para otra gran mayoría.

Muchos de los cuales, a costa del propio padecimiento, insisten con esperar el segundo tiempo o los minutos que adicione la realidad para ver si la cosa mejora de la mano de este “rey de un mundo perdido”, como le gusta vociferar.

El expanelista de TV es, sin dudas, un fenómeno digno de estudio. Si algo hay que reconocerle a este “bicho raro” o “outsider” de la política es que, para bien o para mal, se viene devorando a la oposición en general, y al kirchnerismo en especial. Al menos por ahora, tiene los dientes afilados y una manada acólita que lo venera.

Milei gana poder enfrentándose a todo, dice la analista de política internacional Natalia Pettinari. Es una de las mejores explicaciones que se puede hallar en el medio de tanto desconcierto psicológico y sociológico sobre la extraña figura del nuevo líder argentino, que hace gala de su pose de “loco” para amedrentar a sus “enemigos” y que sueña con encabezar la contrarrevolución internacional libertaria.  

“La radicalización en su discurso es su combustible. La indignación y el odio construidos en el mensaje que transmite son el motor emocional y el movilizador de masas”, sostiene Pettinari.

Al calor de las masas, en otras palabras, populismo con cierto instinto mesiánico. Una impronta religiosa presente en sus discursos y movimientos.

Desde las Fuerzas del Cielo y su abrazo a un judaísmo superlativo, pasando por la distinción como “Embajador Internacional de la Luz”, al pedido del peronista converso Daniel Scioli para que le den el Premio Nobel de Economía, a cinco meses de asumir y con una catarata de indicadores negativos en materia de producción, industria, empleo, educación, salud, cultura, salario y microeconomía.

En Europa lo llamarían surrealismo. Pero, en América Latina existe otra categoría posible para denominar a nuestra realidad. Realismo mágico…

En Europa lo llamarían surrealismo. Pero, en América Latina existe otra categoría posible para denominar a nuestra realidad. Realismo mágico, al decir de Gabriel García Márquez. Una narrativa con hechos extraños, poco creíbles o sobrenaturales que son tomados como cotidianos o comunes.

Más allá de la literatura, dos metáforas de nuestra realidad para el final.

La TV muestra que Milei cerró su acto en el Luna Park con la canción “Se viene el estallido”, de Bersuit Vergarabat.

Que el epílogo de su show haya sido con la letra y música que se convirtió en un ícono de la explosión social y económica de principios de los 2.000, suena -según quién observe- a contrasentido o a una peligrosa premonición; o constituye pura provocación pasajera o una apropiación en el plano de lo simbólico, ajustado a la llamada “batalla cultural”. El tiempo dirá.

En la antigüedad, los circos servían para entretener a la multitud. En algunas ocasiones, en grandes anfiteatros, se arrojaba a algunas personas a los leones mientras la tribuna se regodeaba de ese sangriento espectáculo.

Hoy, como ayer, y más que nunca, Milei sabe que el “panic show” debe continuar.

Y a plena luz del día.

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