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El vino ideal según la textura de los alimentos
• Texturas grasas
Las texturas grasas estimulan la salivación. No presentan problemas con los vinos, al contrario, les añaden esa sensación aterciopelada que resulta tan agradable.
• Texturas fibrosas
Espárragos, espinacas o ciertos cortes de ternera, tienen una textura más o menos filamentosa. A veces pueden presentar problemas con los vinos; sobre todo si interfieren su textura natural y producen en la boca un efecto de ahilado o, debida a la astringencia producida por los taninos, los filamentos de las fibras se atascan en nuestra lengua y paladar.
• Texturas harinosas
Algunos alimentos como las legumbres y los purés (garbanzos y papas) tienen una textura harinosa. Los vinos tintos tánicos disimulan su astringencia al acomodarse a las texturas harinosas. La pasta harinosa tapiza la boca y elimina la sensación astringente.
• Texturas crocantes
Los hojaldres tienen un valor especial para mejorar los vinos tintos más tánicos (Cabernet Sauvignon, Merlot, Syrah) que acompañan a los grandes platos de carne. La manteca que contiene el hojaldre suaviza los taninos del vino. Hay que recordar que en los postres, los hojaldres y las masas blisse tienen una textura crujiente que liga con los vinos de uvas moscatel.
• Texturas viscosas
La yema de huevo, en crudo, tiene una textura viscosa. A veces esta cualidad puede aprovecharse para amalgamar o suavizar las fibras o las harinas, aunque hay que tener cuidado de no arruinar las texturas crujientes con la viscosidad. Estas texturas son muy difíciles de ligar con los vinos. Por eso suele decirse que el vino es mal compañero de los huevos.
• Texturas gelatinosas
Las gelatinas, cuando van unidas a la elasticidad de las carnes, no presentan problemas con la textura de los vinos tintos tánicos y de alcohol intenso.