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Falleció Eduardo Gelfo… una vida a todo Cuarteto
En la tarde de ayer -17-06- 20- falleció uno de los pocos históricos que quedaban de la música cuartetera. Eduardo Gelfo. Él había heredado al emblemático Cuarteto Leo, de su padre Miguel Gelfo y su madre Leonor Marsano. El cáncer lo complicó en los últimos tiempos de su existencia. Había cumplido 70 años. Las dosis de morfina se aumentaban. No le aguantó el corazón.
Escribe: Miguel Andreis
Crónica de una entrevista del año 94
Habíamos quedado hacer la entrevista en un viejo bar de su cotidiana concurrencia, al frente de la vieja estación ferroviaria. Estaba delgado. Simpático y de palabra fácil. Una larga y rica historia cargaba sobre sus hombros. Le ponía humor a cada frase.
Narró su casi un año en cama por la mordida de un perro. Explicó: “Tenía una perra dóberman que había tenido crías, le estaba acomodando los cachorros cuando me mordió feamente el brazo. El animal más manso que conocí en mi vida. Nunca supe lo que le pasó. A los dos días comencé a sentirme mal y apareció una infección que no la podían parar. Se me habían paralizado los miembros inferiores. Un caso en 10 millones. La pasé muy mal. Pero muy. Me atendieron los profesionales más distinguidos, pero esto era raro. Después de varios meses zafé, pero me costó recobrar una vida normal” describió. Pero no quiso dejar el tema de los canes: “El que gastó muchísima plata en perros fue Carlitos (Rolán), traía junto con un socio los mejore ovejeros alemanes del mundo. Fortuna invirtió el cuñado”
Su afecto por Carlitos Rolán
Hablaba con cariño del cuñado: “Nunca perdimos la amistad con Carlitos, a pesar de que ya estaba separado de mi hermana. Más aún, me ayudo enormemente desde lo económico en los tiempos que no pude trabajar. Era un tipo sumamente generoso”
Describe que siente un enorme orgullo por sus padres, por lo correcto que fueron, por lo que le dieron a Córdoba y al país con su tunga tunga. “Es el género musical que nos identifica”.
Cuando se refiere a la orquesta lanza una risa prolongada: “Mi viejo vino como mecánico desde Santa Fe, trabajaba en la agencia Ford. Ya en 1943, se había iniciado con la Leo, nombre que le puso al cuarteto por su esposa- mi madre- Leonor. Todos se ocupaban de saber cómo hacía mi vieja para tocar el piano de la manera que lo hacía. Fue simple, mi mamá tenía un problema en la mano izquierda, casi sin movilidad en los dedos, por eso le salía hacía así el tunga tunga. Lo que laburaron ellos fue impresionante. Se tomaban franco un solo día a la semana. Después era viajar y viajar. Tocar y volver. Tuvo que dejar la agencia de autos y dedicarse solamente a la música. Recorrieron, te diría, todos los pueblos de la provincia. Hasta el paraje más pequeño”.
“Comencé a tocar con ellos siendo casi un pibe, 19 años, a finales de los sesenta (1968). Grabando con la Leo casi 50 discos”.
“Es una vida muy tentadora. La noche, las chicas, el tener un buen pasar. Mi viejo nos alertaba permanentemente sobre ese tema. Es como que uno cree que estas vivencias no se terminan nunca”, enfatiza borrando la sonrisa.
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Su simpleza
Cuando ingresamos en el plano de su propia familia, alude a sus hijos, precisamente fue Ayrton quien dio a conocer públicamente la información sobre su deceso. Es visible que no pretende pasar de largo esa variante.
Bajando la voz, explica “estamos en juicio por el nombre y los derechos de autor del Cuarteto Leo”, (vaya paradoja, hace muy pocos días la Justicia falló a favor de él).
Dialogar con Eduardo fue uno de los placeres que nos da esta profesión, un cordobés hasta la médula, enamorado hasta el infinito del cuarteto, amigo incondicional, definen sus amigos. En hora y media, se sumergió en un mundo de anécdotas y vivencias desconocidas. La simpleza lo pintaba sobre un imaginario lienzo del tunga tunga.
Se fue uno de los íconos que quedaban del genuino cuarteto cordobés… Enfundamos el acordeón y hasta siempre maestro.