Fijate bien a quién le decís «¡Qué maestro!»

Escribe: Germán Giacchero

“Qué maestro” es una expresión cotidiana en la vida de los argentinos.

Forma parte de un combo de calificaciones lanzadas al aire con cierto dejo de admiración y envidia.

La sabiduría popular bautiza de esta manera a los que son capaces de hacer una gambeta para infartar rivales, de ganarse la mejor mina del barrio (o del pueblo), de seguir al “morto qui parla” hasta casi quedarse seco y agarrarlo a la cabeza tres veces consecutivas, o de soportar estoicamente que un bicho selvático le camine por el traste en un programa de Marley.

“Qué maeeeestro”, decimos y mantenemos la jeta abierta para acentuar esa vocal tanto cuando Manu Ginóbili la embocaba en el aro contrario como cuando Messi destila magia con los pies o el Diego recuerda por enésima vez el gol a los ingleses y jura -también por enésima vez- por Dalma, Gianina y Claudia que eran lo que más quería. “Qué maeeeestro”, suspiramos.

Y el destinatario puede llegar a ser cualquier estrellita de ocasión: un youtuber millonario, un cantante de reggaetón, un guitarrero trasnochado, el influencer de moda, un político velocista en los negocios turbios, un comprador de dólares compulsivo o algún mortal con la buena suerte de su lado.  

Es más, ya no debe haber alguien que alguna vez no haya sido llamado de esa manera. Y con tanto maestro dando vuelta se armó tal mezcolanza que el término casi se vació de contenido.

Así, con tanto zonzo dando cátedra nos olvidamos de los verdaderos maestros. Esos que, aunque olvidados, desestimados y agredidos contribuyen a sostener las migajas de un sistema educativo casi siempre al borde de un ACV.

Maestros, ¿qué maestros?

Maestros son ellos.

Los que cada día desafían los desaires de la geografía y forjan futuros en parajes desolados de la Argentina.

Los que aprenden en cada jornada a ser un poco magos para multiplicar los escasos recursos con que cuentan.

Los  que asisten con desgarro a la fuga de cerebros; los que contienen y alimentan neuronas, almas y estómagos.

Maestros son ellos.

Los que sorprendidos por la pandemia hicieron un improvisado y acelerado curso de educación a distancia y los que pierden por goleada con una virtualidad que acentúa la desigualdad.

Los que se estresan, rezongan, protestan, mienten, ríen, gritan y lloran como cualquiera de nosotros y de ustedes.

Los que muestran fragilidad en un momento e iniciativa y coraje en otros, los que no son ni peores ni mejores que nosotros. Ni que ustedes.

Los que reciben un generalizado “¿Y de qué se quejan?”, cuando reclaman por sus flacos salarios.

Maestros, sí maestros, son ellos.

La  “seño” del jardín y de la primaria, la profe de la secundaria o, en todo caso, como vocea la inapelable jerga estudiantil, la “vieja” de Lengua o de Matemáticas, a secas. Maestros son ellos, los educadores universitarios y, también, los formadores de la vida.

Por eso, de una vez por todas dejemos de lado los eufemismos, pongamos las cosas sobre la mesa y llamemos las cosas por su nombre.

Para que el próximo “Qué maeeeestro” esté destinado a ese maestro o profe que tenés al lado, al que hace meses lo ves solo por Zoom o te manda los contenidos por Whatsapp o te los fotocopia y te los alcanza a tu casa.

O, mejor aun, a ese que guardás para siempre en tu recuerdo. Y en tu corazón.

¡Feliz día del maestro!

Dedicado especialmente para mi seño Claudia, que luego de tanto esfuerzo, pasión y ganas, le llegó el momento de retirarse de la docencia. Siempre en mi corazón.

Y también para mi seño Miriam. Juntas hicieron mucho por mí.

Por eso, el recuerdo de esta foto de séptimo grado. Claudia, a la derecha de la imagen, y Miriam, a la izquierda.

1 comentario en “Fijate bien a quién le decís «¡Qué maestro!»”

  1. Querido Germán Giaccero, me hiciste emocionar. Maravilloso texto. Exquisitas palabras,sentidas. Alegría doble. Por mi hermana y por mi que también soy maestra.
    Raa

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