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Fronteras adentro
Escribe: Cristina Pablos
Indudablemente que esta pandemia ha dejado al descubierto todo lo de miserable, irracional, ilógico e insensible de muchos seres humanos.
La falta de misericordia de ciertas autoridades provoca espanto. El caso de Solange, quien murió sin poder despedirse de su padre, conmovió a todo el país.
Hubo otro caso, en San Luis, donde un padre murió sin que sus hijas pudiesen entrar a la provincia a despedirlo, a pesar de cumplir con todos los requisitos.
En el límite entre San Luis y Córdoba se ha levantado una barricada que las personas no pueden atravesar. Algunos agricultores cordobeses cuyos campos están en San Luis, donde los tomó la cuarentena hace 5 meses, no pueden volver a sus hogares, bajo amenaza de abrirles una causa judicial.
La justicia cordobesa apeló a esa medida tomada por San Luis pero los puntanos dicen que no tiene nada que ver con su propia justicia; terminó en la Corte Suprema.
Mientras, hay quienes, los que tendrían que dar el ejemplo, comen asados con amigos sin ninguna de las prevenciones que imponen a los ciudadanos.
Algunos funcionarios discriminan entre “ellos y nosotros”. Días pasados Alberto Fernández, inaugurando ¡un andén! (obra comenzada en el gobierno anterior) expresó que la ciudad de Buenos Aires es demasiado próspera contrastando con el resto del país. Se olvida el presidente que es la capital de la república y la carta de presentación de su país, además de ser el lugar donde siempre vivió, en Puerto Madero, nada más. ¿Es tan difícil reconocer buenas gestiones?
Tenemos por el NOA una frontera colador donde los bolivianos pasan a comerciar coca o a cobrar los planes argentinos (según ellos mismos dicen). En el NEA, de Paraguay y Brasil pasa la droga como por el patio de casa y, en cualquier momento los “mapuches” o “falsos mapuches” se quedan con la Patagonia, mientras, la ministro de seguridad nacional reprocha a los ciudadanos autoconvocados que quieren cuidar sus tierras de tomas violentas.
¿Qué nos está pasando?