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[Historias] El hotel del mar: Boulevard Atlántico, entre mitos y leyendas
Escribe: Kris Wielikosielec
Muchas son las ocasiones en las que un hotel, cual musa, ha servido de inspiración al arte. Desde Stanley Kubrick y los infinitos pasillos que Dany surca con su triciclo mientras Jack Nicholson enloquece en el “Overlook”, hasta el clásico policial de Bioy Casares y Silvina Ocampo en la novela “Los que aman odian”, un sinfín de hoteles han puesto su arquitectura al servicio del cine y la literatura.
Abandonado, deteriorado y hasta usurpado, el Hotel Boulevard Atlántico es poseedor de historias de espías, muertes, y mucho más.
Un gigante en los médanos marsurenses
Para 1888, Mar del Plata ya era la ciudad de veraneo que elegían los argentinos, sin embargo, a 55 kilómetros de esta, y aún antes del trazado urbano de la localidad de Mar del Sud, que ya se concebía, por lo menos como una idea de futuro balneario, las obras del gran “Boulevard Atlántico” se pusieron en marcha.
Los materiales de construcción provenían de “La Feliz” traídos en carretas que a veces no lograban encontrar el camino como consecuencia de las inclemencias climáticas.
Imaginemos la escena, una especie de Sahara interminable, médanos, pastizales y allí como un espejismo emergiendo de la arena un gigante blanco de cara al mar.

De estilo neoclásico, con 4.500 metros cuadrados cubiertos, 90 habitaciones cada cual, con su balcón, salones, comedores y gimnasio, el edificio era una gran empresa que inició el Banco constructor de la Plata S.A. en una época de gran desarrollo económico para el país, pero que la crisis de 1890 hizo naufragar.
Con la quiebra del Banco, su expresidente Mauricio Schweitzer se suicidaría y el edificio sería vendido a posteriori a la compañía Argentina del Riachuelo.
Los primeros huéspedes y la creación del mito urbano
Contrario a los planes de grandeza que los empresarios tenían para la faraónica obra, ni siquiera hubo una inauguración soñada y los primeros huéspedes en vez de ser los miembros de la alta sociedad porteña, fueron inmigrantes judíos que llegaron al país en 1891 escapando de la persecución que sufrían en Rusia.
Se desconoce con certeza por qué motivo fueron a parar a Mar del Sud, aunque por un lado se presume que en el barco que traía a las familias se habían detectado casos de fiebre amarilla por lo que no les habían permitido desembarcar en Buenos Aires.
Otra versión más epopéyica dirá que los vientos y las tempestades depositaron al “Pampa” (nombre del vapor francés que traía a los pasajeros) en las costas maarsurenses.


Inevitablemente, la teoría de la peste a bordo y la del desembarco accidental, formarían con el tiempo parte intrínseca del folklore del lugar.
Habiéndose instalado en el fastuoso edificio, los recién llegados al fin disfrutaban de un tiempo de gracia, aunque este no duró demasiado.
Al poco tiempo un tornado furioso arrasó la zona, y durante una semana el temporal no cesó de castigar al Boulevard Atlántico destrozando parte del lugar y provocando muertes de varios huéspedes.
Imposibilitados por el clima para brindar un entierro adecuado, el sótano, cual sarcófago acogió los cadáveres en descomposición. Casi instantáneamente, un brote de tifus atacó a las familias causando más muertes.
Cuando al fin la calma llegó, las barrancas del Arroyo La Tigra fueron el improvisado camposanto que recibió los cuerpos de los desgraciados inmigrantes.
Leyendas nazis
A los mitos sobre la mala fortuna del hotel, se sumaron las leyendas nazis. Terminada la Segunda guerra mundial y según las palabras de los lugareños, la residencia era una guarida óptima, apartada, solitaria y a escasos metros del mar, reuniendo las condiciones para ser un punto de encuentro entre espías y colaboracionistas del oscuro régimen.
Dicen, además, que prácticamente podía avistarse desde tierra un desfile de submarinos alemanes, y hasta se rumorea que el tesoro de Hitler estaba escondido en las entrañas del recinto.
Lo cierto es que nadie jamás pudo hallarlo y hoy solo queda de este una leyenda urbana inacabada.
El enigmático Boulevard Atlántico atrajo así, variedad de personajes, entre ellos inmigrantes, nazis, cantantes, pianistas, una adivinadora, un proyectista de cine y veraneantes.
Fue testigo de suicidios, muertes y hasta de un asesinato.
Sufrió el azote del clima hostil, la usurpación y también un incendio.
El ferrocarril que prometía insuflar nuevos bríos a la localidad que nació a su vera jamás llegó, así como jamás llegarían los huéspedes.
Hoy día, la sal del mar que descascara sus paredes y la arena silenciosa asediando sus puertas, son el telón de fondo de una película muda en la que un coloso resiste la muerte a través del tiempo.