[Historias] Los clavos descartados de la usina nuclear que fueron fuente de riqueza

Escribe: Roberto Alassia

En unas de estas noches, viendo la TV, en un clásico de estas épocas por el 13, que dirige y conduce Guido Kascka, hizo un comentario relacionado a cuándo él era chico, y su padre lo llevaba al canal. Allí se la pasaba detrás de escena, correteando de un lado para otro con sus nueve años juntando los clavos que por ahí quedaban en el suelo, de los armados y desarmados de la mampostería de los distintos programas.

Los ponía en una lata y se los llevaba a su casa. No dijo qué hacía su padre después.

Aquí nace el relato que les quiero contar hoy, que muy pocos seguramente conocen.

Cuando se armaba el enconfrado para la realización de la usina Nuclear de Embalse, y en especial la zona en donde iba a estar enclavado el reactor, el movimiento de tirantes del encofrado, solicitaba urgente el trabajo de gran cantidad de personas por cuánto se estaba corriendo contra el tiempo. Todo debía estar terminado antes que llegara el reactor.

Se trabajaban tres turnos de 8 horas. No se paraba, el ritmo era infernal. Se contrató gente solamente para clavar el contacto de las maderas para ir dándole forma al monstruo que estaba naciendo.

Los operarios, para esa acción, estaban muñidos de la ropa adecuada con las correspondientes herramientas y a la altura de la cintura llevaban una especie de cinto con cartucheras cerradas en la parte inferior y ahí se las llenaba de clavos.

Era tal el ritmo, que se llevaba, que tenían orden los operarios de no detenerse en absoluto a levantar los clavos que se iban cayendo, tras el trote que llevaban por el ritmo de trabajo que era sumamente veloz. Así cada uno iba y venía tras cumplir con la tarea asignada de clavar los clavos de las cartucheras, que cuando se vaciaban, volvían a recargarlas a cada una.

Todo se hacía tan rápido, que infinidad de clavos se perdían tras caerse en el camino.

Los grupos de trabajo eran unos 10, donde cada cuadrilla estaba compuesta por gran cantidad de operarios.

Como ya les comenté eran tres turnos de 8 horas y había tiempo solo para el mínimo descanso de la comida y el de ir al baño.

La cuestión es que algunos operarios se las ingeniaron para ir a recoger los clavos que quedaban en el camino, que les permitió esa operativa concretar distintos emprendimientos, como ferretería, casa de pesca, venta de ropa.

Todo gracias a la gran cantidad de clavos que juntaron e iban a vender a distintos lugares cercanos a Embalse e incluso a ferreterías de Córdoba Capital.

Fue tan impresionante la cantidad de clavos que se utilizó para el armado de la Usina Nuclear que la gente de la zona me comentó que era impresionante ver los camiones que, desde Buenos Aires, venían repletos de cajas con clavos que se descargaban día por medio.

La historia de la construcción de la usina de Embalse, cambió el vivir de la zona.

Por suerte existen amigos con los cuales mantengo contacto que pueden aseverar los que acabo de comentar.

Compartir:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *