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[Historias] Villa Nueva: Dos amores, una leyenda
El escritor Luis Luján suma a EL REGIONAL sus extraordinarios textos que recopilan leyendas urbanas de ambas villas y de toda la región. La primera corresponde a un relato tradicional relacionado con «las tumbas separadas» de Villa Nueva.
Escribe: Prof. Luis Luján
La ciudad de Villa Nueva tiene una antigüedad muy superior a la de su hermana Villa María, unidas por el río Ctalamochita. Si bien esta última ha nacido con el ferrocarril, la primera ha sido posta del viejo Camino Real.
Cuando se funda Villa Nueva, posiblemente en 1826, la familia Carranza, muy adinerada, cede el terreno para que se construya el nuevo cementerio, lugar en donde, supuestamente, ya existían ciertas tumbas de una familia posiblemente procedente de Francia.
Y quizás el ícono más representativo de la ciudad sea las dos tumbas de pie que yacen en el cementerio San José, de las cuales reza una de las leyendas más románticas del interior de la provincia de Córdoba.

Según se pudo recabar información al respecto, había en la comarca dos familias conformadas por dos hermanos terratenientes que habrían contraído enlace con dos hermanas de la alta sociedad villanovense. Uno de los matrimonios tenía dos hijas, Manuela, de dieciséis años, y Rosaura, de diez.
La mayor estaba enamorada de un notario que llevaba la contabilidad en la estancia de su padre, de casta menor, motivo por el cual ella nunca dio a conocer sus sentimientos a su familia porque ésta jamás permitiría matrimonio alguno.
En cambio, la familia del otro terrateniente tenía dos hijos varones, Anselmo, de veinticuatro años, y Ricardo, de catorce, ambos estudiantes en el Colegio Monserrat, en la ciudad de Córdoba. El mayor de ellos estaba sumamente enamorado de María, la única hija del comerciante que le daba asilo en la ciudad, y la amaba con pasión, dulzura y respeto.
Pero también sabía que tarde o temprano obtendría el joven la negación de sus padres respecto a ese bajo amorío, quienes esperaban ver a su hijo convertido en un prestigioso abogado para esposarlo con una dama de la alta sociedad villanovense.

Durante los años de poder hegemónico de las familias mencionadas, basaban sus economías en la cría de ganado mular, las que vendían a las minas de Potosí, Cochabamba, o La Paz. Cuando ese mercado se cerró, la preocupación golpeó fuertemente a esos hacendados, como a toda la economía provincial.
Entonces la solución era dedicarse de lleno a la agricultura, pero para eso debía solicitar un empréstito al gobierno de la provincia de Córdoba que le exigía a cada hacendado poseer la cantidad de cincuenta mil hectáreas, las que serían hipotecadas para hacer frente al préstamo crediticio.
Ninguno de los dos hermanos cumplía con dicho requerimiento gubernamental, pero si unían a ambas familias solucionarían el problema y serían beneficiados por el crédito.
Fue así que ambas familias decidieron en secreto unir en matrimonio a Manuela y Anselmo, sin importarles lo que ellos pensaran o sintieran al respecto. Cierta tarde reunieron a los jóvenes en una de las estancias y les anoticiaron la decisión de sus progenitores. Fue allí en donde la muchachita expresó su amor hacia Gabriel, el notario del padre, romance que llevaba en secreto durante un año. También Anselmo les dijo que amaba con toda el alma a María, y su amor sería sólo hacia ella, jamás hacia su prima hermana.
Los padres castigaron duramente a sus hijos por esa insubordinación, y la joven fue confinada a su recámara por el lapso de un mes, tiempo que demandó en llegar su vestido de novia desde Francia. Mientras tanto, a Anselmo se le privó de regresar a la ciudad de Córdoba mientras durasen los preparativos de la boda. Su traje fue traído de Inglaterra, fabricado con las mejores sedas de oriente.
Muy a pesar de los ruegos de los primos, sus padres jamás dieron lugar a sus súplicas y todo desembocaría en la gran boda ni bien llegase el verano, en mes de diciembre.
Manuela y Anselmo intentaron de hacer cuantas cosas les eran posibles para evitar esa boda, pero nada les dio resultado. Faltaban sólo cinco días para la ceremonia cuando los primos tomaron la decisión menos pensada por sus padres. Era las cinco de la tarde cuando la muchachita se puso su lujoso vestido de novia, y el varón su valiosísimo traje de seda, y ambos resolvieron que nadie decidiría sus futuros, aunque eso les costara sus propias vidas.

Fue así que ambos primos bebieron de la sustancia mortal poniendo fin a sus sufrimientos. Cuando las familias hallaron el triste espectáculo sobre la cama, nadie podía imaginar tremendo desenlace. Fue tal el odio de sus padres ante la tragedia que decidieron sepultarlos con esos mismos atuendos en dos tumbas de pie hasta que se aprendiesen a amar en la misma muerte.
Pero a los pocos días comenzó a suceder lo más extraño que ni el paso del tiempo pudo borrar. La tumba de Manuela comenzó a separarse de la de Anselmo como negación a ese forzado amor. Hicieron muchos intentos por volver la tumba a su lugar de origen, pero todo resultó en vano, pues, siempre la tumba de la joven volvía a separarse de la de su primo.
Ante esos fallidos intentos decidieron dejarla así, y el tiempo fue testigo de ello. En la actualidad esas tumbas son visitadas por muchos curiosos y transeúntes que pasan por allí.
El tiempo no pudo quebrar la voluntad de los jóvenes primos. Y si uno osa en caminar muy cerca del cementerio San José, de Villa Nueva, en las claras noches del mes de diciembre, comprobará que suele oírse una dulce voz de mujer que suplica sin cesar:
-¡Perdóname, Anselmo, pero todavía no puedo amarte!