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[Inédito] Centinelas de Chazón: Cómo se creó el primer equipo de béisbol de la región
En Chazón hay un grupo de pequeños Centinelas. Se trata del primer equipo de béisbol de la región y uno de los pocos de la provincia de Córdoba. Lo que comenzó como una idea de dos papás con su hijo, terminó contagiando a varias familias y al propio municipio local. Esta es la historia de un milagro a pura pala y cómo se pasó de un marlo de maíz a la creación del “Diamante”.
Hay historias que se escriben con presupuestos gigantes y estadios de luces brillantes. Pero las historias que se quedan a vivir para siempre en el alma de los pueblos se escriben de otra manera: se escriben con una rama de sauce, la mitad de un marlo de maíz seco volando sobre el cerco de un patio, y un papá lijando una varilla de madera con los vidrios rotos de una botella para que su hijo pueda seguir soñando.
Esos padres son Guillermo Westdorp y Soledad Villalba, managers del equipo. Su hijo es Ilai Westdorp. Y el escenario es Chazón, un rincón entrañable del sur cordobés fundado el 6 de diciembre de 1902.
Todo comenzó en el patio de una casa. Era el invierno de 2026. Guillermo observó desde la ventana a su pequeño hijo, Ilai, jugando solo con una rama de sauce.
—¿Qué estás haciendo, hijo? —preguntó.
—Jugando a pegarle a cosas con una rama —respondió Ilai.
Guillermo sonrió y le hizo una propuesta:
—¿Querés que te enseñe un juego? Se llama béisbol. Yo te voy a lanzar cosas y vos tratás de pegarles.
No había bate, no había pelota, ni un campo de juego reglamentario. Solo un padre, un hijo y las ganas profundas de compartir un momento. Comenzaron utilizando pequeños pedazos de madera que encontraban alrededor del patio. Los lanzamientos iban y venían, pero acertar no era una tarea fácil.

Fue en ese preciso instante cuando Soledad entró al capítulo. Desde un costado, con la mirada fija en cada intento y el corazón puesto en el juego de su familia, miraba a su hijo buscar el golpe perfecto. Con paciencia de madre y alma de manager, Soledad le tiraba consejos clave para guiar el swing: “No te apures, hijo… esperá… ¡ahora!”.
¡Clack!
El sonido seco y perfecto rompió el silencio del patio.
Decidieron probar bateando algo completamente diferente: la mitad de un marlo de maíz. Ilai se preparó, Guillermo lanzó, y bajo la mirada atenta de Soledad, ocurrió el milagro. Ilai golpeó el marlo con una fuerza inesperada; el pequeño pedazo de maíz salió disparado cruzando el cerco del patio y recorrió aproximadamente 20 metros hasta terminar en la calle.
Para ellos fue simplemente un juego, un golpe divertido, un Home Run imaginario. Lo que ninguno sabía era que una cámara de seguridad de la casa había registrado aquel instante exacto. La vida continuó. Guillermo fabricó después un pequeño bate artesanal para Ilai utilizando una varilla de madera y una vieja botella de vidrio que estaba para desecharse, empleando los pedazos filosos como una lija para quitar las astillas y darle forma. Ese bate no era profesional, pero era suficiente, porque había sido esculpido por un padre para que su hijo pueda seguir soñando.
Durante 124 años de historia, el pueblo había latido únicamente al ritmo de las cosechas, los trenes que pasaron y los gritos de gol de los domingos. Nadie se habría imaginado que la historia de este suelo iba a dar un vuelco absoluto por la escena que ocurrió pocos días después frente al televisor.

Junto a Soledad, la familia estaba viendo una película sobre Rickey Hill, un niño que amaba el béisbol pero tenía dificultades en sus piernas para poder practicarlo. En una escena, varios chicos pasaban por las casas para buscarlo a Hill e ir a jugar.
Ilai miró detenidamente la pantalla, se dio vuelta y les hizo a sus padres la pregunta más pura y desgarradora:
—Papá… ¿por qué los chicos no me vienen a buscar para jugar béisbol?
— Porque no es algo común, hijo. No es costumbre y es como ir contra la corriente.
Aquella pregunta quedó dando vueltas en la cabeza de ambos padres.
Ahí nació el verdadero objetivo que encendió este sueño
Lograr que nunca más un niño juegue solo por el solo hecho de que algo no sea conocido en su pueblo, rompiendo barreras para construir un espacio verdaderamente inclusivo, mixto y abierto para todos.
Guillermo y Soledad no se quedaron de brazos cruzados. Juntos, armaron las valijas de la voluntad y salieron a pelear contra la corriente. Fue Soledad quien, rastreando incansablemente en internet, encontró los contactos justos y los números de teléfono clave para romper la barrera del aislamiento.
Con esos números en la mano, se levantó el teléfono para transmitirle a la Federación de Béisbol de Córdoba y a los managers de los distintos clubes (como Dolphins, Comadrejas, Arias, Escuelas de Béisbol y Cuervos de la Salette) la historia pura que estaban viviendo.
Lo que a la provincia de Córdoba le llevó siete décadas de intentos sin poder federalizar el béisbol hacia el interior profundo, este equipo de trabajo lo resolvió en apenas una semana.

La cronología de esos siete días parece salida de un guion de película:
* 22 de junio del 2026: El patio de la casa es testigo del primer batazo histórico de su hijo Ilai a la mitad de un marlo de maíz, impulsado por el grito de Soledad. El club daba sus primeros pasos conteniendo el sueño de un solo niño.
* 28 de junio: Con el corazón en la mano, el proyecto fue llevado en mano al Municipio de Chazón por sus propios fundadores, obsequiándole al pueblo el tesoro más valioso que una comunidad puede recibir: el orgullo de ser los primeros en algo. Entraron a esa oficina con una carpeta bajo el brazo, sin tener la más mínima noción de que ese papel suelto, con el correr de los días, se terminaría convirtiendo en un hito histórico sin precedentes para la región.
* 1 de Julio (Madrugada): El correo electrónico que debía salir en horario hábil queda trabado por fallas técnicas del sistema. El destino quiso que el mensaje se enviara finalmente en el silencio de la madrugada del 1 de julio. El mazo de la voluntad sumaba voluntades y ya eran 5 niños decididos a cambiar la historia.
* 1 de Julio (Mañana): Pocas horas después de recibir ese mail trasnochado, la Sra. María José Majul, honorable Presidenta de la Federación de Sóftbol y Béisbol de Córdoba, responde conmovida con una frase que fundó una nueva era: ¡Felicitaciones, Chazón!
Esta epopeya comunitaria encontró el respaldo indispensable de la gestión del actual intendente Robert Meichtri y el secretario de Gobierno Ulises Vega, quienes creyeron en la propuesta, apostaron por darle un futuro deportivo inédito a la localidad y cedieron un espacio estratégico dentro del Polideportivo Municipal.
Fue allí, en ese terreno oficial otorgado por la Intendencia, donde los padres del sacrificio, un grupo de familias del pueblo, completaron el milagro. Juntos, hombro a hombro, agarraron la pala, cavaron la tierra a fuerza de ampollas y sudor bajo el sol, y levantaron un diamante impecable para el club.

Hoy, ese esfuerzo compartido se refleja en un inventario y en una convocatoria humana que narra una escalada asombrosa y conmovedora
* 22 de junio del 2026: Todo comenzó con apenas una rama de sauce, un pedazo de marlo de maíz y un solo jugador: Ilai, de 7 años.
* 1 de Julio: La persistencia se forjó con un paso más: un bate tallado a mano con trozos de vidrios afilados, una pelota de tenis y un plantel que crecía a 5 niños.
* 14 de Julio: El esfuerzo empezó a dar frutos oficiales al sumar 3 bates de béisbol, 4 pelotas de entrenamiento, la primera pelota oficial y un guante, todos ellos donados por el municipio. La pasión se contagiaba rápido y ya eran 14 niños corriendo las bases.
* 30 de Julio: El arsenal seguía trepando con 3 bates, 6 pelotas de entrenamiento, la bola oficial y 3 guantes.
* Inventario Vigente (5 de septiembre de 2026): El sueño se convirtió en un gigante de 30 elementos oficiales. Este logro actual y todo lo que se consiguió fue posible gracias a las donaciones genuinas de los padres del sacrificio, quienes en apenas una hora y media recolectaron y juntaron todos los ingredientes necesarios para cocinar empanadas.
El resultado fue asombroso: elaboraron y vendieron 86 docenas de empanadas —más de mil unidades— en un récord absoluto de cuatro días, transformando el esfuerzo de la cocina en el colchón de fondos reales que hoy sostiene este arsenal de felicidad de 3 bates oficiales de béisbol, 8 pelotas de entrenamiento, 1 pelota oficial, 3 pelotas blandas, 7 bases reglamentarias, 7 guantes y 1 bateador fijo (tabla) artesanal para las prácticas de pitcher.
A la par de los materiales, la mayor fortuna de Chazón se consolidó en el factor humano
Hoy, son 30 niños registrados con sus camisetas oficiales puestas, defendiendo los colores con el alma. Y es justamente aquí, al alcanzar esta hermosa cumbre humana, donde los Centinelas golpean con orgullo su jonrón más valioso: se han consolidado como un equipo inclusivo y mixto que ya cuenta con cuatro niños con autismo registrados, todos y cada uno de ellos jugando como los dioses, demostrando en cada entrenamiento que el béisbol es un lenguaje universal que no conoce de límites, solo de compañerismo.

Pasaron de la soledad del patio a cobijar a una gran familia que hoy no falta a clases, que defienden la camiseta, que jugó en el césped sagrado del Club Dolphins de Córdoba y que ahora se niegan a volverse a sus casas porque encontraron su lugar en el mundo.
Pero lo de los Centinelas de Chazón no es solo un milagro de equipo; es un quiebre geopolítico en el deporte argentino. Si uno agarra un mapa y traza un compás con un radio de 150 kilómetros a la redonda con centro en la cancha de los Centinelas, el vacío es absoluto. En medio de este mar de campos y ligas, los únicos guantes y bates oficiales de béisbol infantil reconocidos por la Federación de Córdoba están en Chazón.

Para entender la magnitud del impacto, ninguna de las grandes ciudades potencias de la región cuenta con un equipo oficial, marcando distancias claras desde el Home de los Centinelas.
Y lo mismo ocurre al recorrer de forma prolija y ordenada cada una de las localidades hermanas de la zona; en ninguna de ellas se escucha el “crack” seco del bate, solo en el diamante de los Centinelas.
Cuando el polvo colorado de la nueva cancha se levante en la gran inauguración dentro del Polideportivo, y el pueblo entero se junte en la cantina familiar para seguir equipando a los chicos, Chazón va a mirar al frente con el orgullo de saber que rompió la historia. Lo que no se pudo en 70 años, la fuerza colectiva, el atrevimiento de una familia y el empuje de toda una comunidad lo logró en una semana.
¡Salud, Centinelas! El partido recién empieza.