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[La columna de Rita Giordano] ¿Qué lugar aprendimos a ocupar en la vida?
Escribe: Psicóloga Rita Giordano
Las personas a lo largo de la vida aprendimos a ocupar un lugar, en la familia, en el grupo de amigos, en el trabajo. Es algo tácito, no es que nos hayan designado allí.
Nos identificamos con ese lugar y, aunque a veces nos quejemos, algún beneficio trae; sea: reconocimiento, lástima, atención, etc. Nos atrincheramos en ese rincón y no queremos salir, aunque el modelo haya caducado.
Veamos algunos ejemplos de lugares y sus beneficios (analicen con cuál se identifican):
- Puede ser el lugar de víctima y entonces no lo cambiamos, porque aprendimos a obtener lástima, consuelo, atención.
- El lugar de pasividad, es la posición de la persona a la que hay que asistirla en todo. “A mí me cuesta tanto aprender”. Esa postura no le gusta, pero le conviene. Es una forma para que los demás la consientan en sus necesidades.
- A la inversa, el lugar de hiper-actividad, son los dadores crónicos. Asistentes perfectos, que reclaman “siempre me toca a mí” “No me ayudan”, pero no dejan hacer. Aprendieron a ser queridos por el hacer, entonces temen dejar ese rol.
- El lugar del “enojón”. Son esas personas a las que no se les puede decir nada porque se enojan hasta con las pelusas que vuelan. Infunden miedo y lejanía. No lo abandonan, porque es una posición cómoda donde los demás no se atreven a pedirle demasiado.
- El lugar del “sabelotodo”. Del consultor disponible, sabe de política, economía, cambiar cerraduras, armar fiestas infantiles, etc. Se desangra trabajando por los otros, pero no lo abandona porque es un modo de sentirse importante y útil.

- El lugar del enfermo. Es el adulto que aprendió a obtener cuidados a través de la enfermedad. Le cuesta decir que está sano, porque teme perder mimos y “ciertos permisos”.
- El lugar de chico 10 al que nunca le pasa nada. Son personas que obtuvieron aprobación familiar y social, no trayendo problemas. No expresan emociones, ni debilidades. Si se muestran vulnerables, tienen miedo a perder su imagen social de perfección.
Estos son solo algunos ejemplos de los muchos lugares a través de los cuales aprendimos a ser queridos, valorados o simplemente tenidos en cuenta en la familia. No están mal.
El semáforo se prende cuando ya no funcionan más en la actualidad. Solo es una decisión personal cambiar de modelo. ¡Si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará por nosotros!
Pensemos… ¿Qué lugar aprendimos a ocupar en la vida? ¿Nos sirve o ya llegó la hora de modificarlo?