La Fuerza Policial Antinarcotráfico (FPA) llevó adelante tres allanamientos en...Leer más
Un joven de 28 años debió ser trasladado al Hospital...Leer más
🚨 Un hombre de 37 años fue detenido en Barrio...Leer más
Franco Colapinto logró revertir un fin de semana complicado y...Leer más
A pocos días del estreno de la Selección Argentina en...Leer más
Las repercusiones por la polémica declaración jurada del jefe de...Leer más
[La infancia de los líderes] El desaprobado: Albert Einstein
Este es el segundo texto que compartimos a modo de anticipo de la obra aún no publicada de Luis Luján, titulada “50 cuentos de pequeños… de grandes personalidades – La infancia de los líderes”.
“Esta obra es un homenaje a aquellos niños que un día fueron grandes personalidades, y al niño que siempre llevamos adentro recordándonos quiénes hemos sido en una infancia ya lejana, pero jamás olvidada”, expresa Luján en el prólogo.
Escribe: Prof. Luis Luján
El jovencito de quince años se dirigía a la casa de su padre con una muy mala noticia. No comprendía por qué los idiomas le traían mala fortuna. Acababa de ser reprobado en un examen de lengua y eso le impedía el ingreso en la Escuela Politécnica Federal de Zúrich, y ese evento podría acarrear serios disturbios en el futuro y en el destino del adolescente.
Llegó a la finca en donde residía y se dirigió directamente a su madre con el deseo de comprender los motivos por el cual él fracasaba siempre en las mismas disciplinas, mientras que en otras era un verdadero ejemplo a seguir.
-Madre -preguntó el recientemente desaprobado-, ¿acaso tengo en el historial de mi vida algún antecedente por el cual siempre fracaso en la enseñanza de la lengua? ¿Soy tan inútil que no puedo comprender lo más simple?
-Hijo, siempre temimos por ti en ese aspecto.
-¿Siempre? ¿O sea que, en el transcurso del paso del tiempo, en cada molécula de materia que dejaba de ocupar su lugar para ser intervenido por una molécula de antimateria, y así provocar ese suceso extraordinario, yo tenía problemas con el idioma?
-¿Por qué me complicas con tus expresiones, hijo mío?
-¿Primeramente me dices que tengo problemas de comunicación y ahora soy muy complejo contigo?

-Lo que intento decirte, y no es complicado mi diálogo contigo ahora, sino que tú eres complicado de por sí, es que tenías ya tres años de vida y no pronunciabas una sola palabra.
-¿Y por qué? ¿Acaso las ondas acústicas de tus palabras no provocaban que los ácidos de mi cerebro promovieran las correctas transmisiones cerebrales para producir mi comprensión?
-¡Ay, hijito, qué difícil es hablar contigo! No lo sé. Al principio creíamos que tú tenías problemas de sordera, como tu abuelo, porque no pronunciabas ninguna palabra.
-¿Entonces los axones en el interior de mis oídos no eran lo suficientemente buenos como para conducir el impulso nervioso de un cuerpo celular a otra célula?
-No sé lo que dices. Sé que estás molesto porque reprobaste la asignatura de lengua, pero no es el fin del mundo.
-Pero tampoco es el comienzo. Tal vez tendría que ir en busca del movimiento hacia el infinito en un devenir constante hasta llegar hasta ese primer motor que todo lo puede.
-El único motor que conozco es el del auto de tu padre, y que no funciona bien. Deja ya de palabras complicadas. Le diré a tu padre que vaya a hablar con tu maestro para ver qué puede hacer al respecto.
-Entonces yo me quedaré aquí, en este espacio y en este tiempo viendo cómo la materia se desplaza en forma rectilínea hacia el desenlace dramático de la existencia.
-Dime, hijo, ¿por qué ahora utilizas un universo de palabras entrelazadas entre sí de forma correcta, y fracasas en los exámenes de lengua?
-Madre, si no puedo pasar ese examen jamás podré llegar a graduarme y los eventos del futuro serán trágicos en mí. Jamás debí abandonar ese Instituto de Segundas Enseñanzas en Luitpold, allí me sentía seguro de mis estudios, aunque siempre fui flojo en la enseñanza de las distintas lenguas.
-¿Y qué deseas ser en ese futuro que tanto anhelas?
-Ya lo he dicho hasta el cansancio, querida madre, deseo ser físico, es lo que amo, lo que sé, lo que me agrada y me llena el alma.
-Ya lo he notado, y también tu padre. Creo que eres un adelantado, pero un adelantado muy cómico.
-¿Por qué comienzo a oír ironías de tu boca, madre?
-Porque en el taller de tu padre has inventado cientos de cosas que nadie entiende nada, y tú dices que serán utilizadas en el futuro.
-Es que nadie las entiende, madre. Y creo que en ese aspecto tienes razón, tal vez sólo soy un fracasado que nunca se graduará porque no puedo pasar un simple examen de lengua.
-Lo pasarás, hijito, lo pasarás, trata de no ser tan complicado.
-Sí, madre, todo es relativo, todo.
-Sí, Albert, todo es relativo, sí que lo es.

(Albert Einstein -1879/1955- Premio Nobel de física, creador de la teoría de la relatividad)
Ilustración: Sabina Bompani