La Madrileña, un emblema de Villa María: churros, negritos y helado de dulce de leche [VIDEO]

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Con la inestimable colaboración de Juan Carlos “Titi” Masiero, en esta nota continuamos detallando, a partir de 1935,  los siguientes pasos de don Patricio Presencio y su esposa doña Pascuala, ya con uno de sus hijos, Felipe, casado con una española, Carmen Blanco (mis futuros abuelos maternos, dice “Titi” Masiero) Carmen Lorenza, Margarita,  Dora, “Cachulo” y “Tito”, solteros, instalándose  en nuestra ciudad en calle San Martín 416.

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

El siguiente es el relato en primera persona de “Titi” Masiero, uno de los protagonistas de la historia de este ícono de la ciudad:

Alquilaron un salón en calle Corrientes Nº 1413, desocupada por una familia española, que se volvía a su patria, al lado de la estación de servicios Piovano (luego Vittone), frente al recién inaugurado “Mercado Colón”, en la esquina de Corrientes y Carlos Pellegrini.

Allí se inició “La Madrileña” como una casa de comidas, tipo fonda, sirviendo también chocolate con churros de fabricación propia y helados artesanales, cuya receta les había enseñado un madrileño radicado en Buenos Aires.

La clientela era numerosa, puesteros, quinteros, carreros, peones del mercado, vecinos y los fines de semana eran codiciados sus helados, especialmente el de dulce de leche, que posteriormente fue muy apreciado y conocido en otras provincias, gracias a la propaganda que le hacían quienes visitaban nuestra ciudad.

Carmen Lorenza Presencio se casó en 1939 con Juan Bautista Masiero, tuvieron dos hijos, Ofelia Luz y yo. Felipe Ángel “Cachulo” se casó con Manuela Moreno y tuvieron dos hijos, Norma y José Ángel “Pepino”, que falleció a los 7 años, lo que significó una tremenda pérdida para la familia.

En 1940 se fundó la sociedad “Presencio y Cía.” integrada por Felipe y Felipe Ángel “Cachulo” Presencio y mi padre Juan Bautista Masiero.

Churros y helados

Mi madre, Carmen, “La Ñata”, participó activamente en la fabricación de los helados, especialmente el de dulce de leche, de muy lenta y larga elaboración, también los fabricaba “Cachulo” y en el proceso posterior participaba mi padre Juan Bautista.

Es decir, fueron dos familias, Presencio y Masiero, quienes se esforzaron para que la empresa se convirtiera en un emblema de las confiterías de la ciudad, donde la clientela podía degustar ricos chocolates con churros en invierno y helados fabricados con productos de primera calidad. La materia prima base para producir tan ricos chocolates era marca “Águila”, cuyo vendedor, en aquel entonces, era don José René Vidal.

En la calle San Martín

En 1943, entusiasmados por la marcha del negocio y por la amistad que habían granjeado con las familias de don Alfredo Vijande y con la de Ginés Garrido, dueño del “Hotel Internacional”, se trasladaron a calle San Martín al 80, entre “Joyería Caruso” y “Óptica Santa Teresita”, compartiendo el patio con la familia Beliera y con el citado hotel. Se había pensado unir con una galería ambas calles, San Martín e Yrigoyen. A ese espacio interior, entraban, por un pasillo, los coches con los pasajeros alojados en el hotel.

Dicho pasillo estaba entre “La Madrileña” y “Joyería Caruso” que tiempo después se trasladó a su actual ubicación en el Nº 57 de la misma calle. La idea de continuar con el proyecto se puede apreciar observando que existen tres columnas que serían la base para que algún día se pueda cumplir el sueño de que la confitería se una con la “Galería Internacional”.

Yo tendría unos 4/5 años, recuerdo muy bien que en ese patio tenía su atelier el profesor Leopoldo D. Garrone, donde pude ver cómo modelaba el Monumento a la Madre que está ubicado en la Avenida Bartolomé Mitre y Entre Ríos.

Es más, sé quién es la niña que fue su modelo y creo, sin temor a equivocarme, que el niño podría ser yo, que cumplía tareas de lustrabotas y lavacopas para ganarme una moneda, para comprar licuado de “manana” en el “Copetín Ideal”.

La clientela aumentaba, el salón quedó chico y fue necesario ampliar. Compraron el terreno que alquilaban y en 1967 empezaron a construir las nuevas instalaciones.

Ya adolescente, tenía 15 años, recuerdo que vivíamos en la parte trasera de la misma confitería y durante los trabajos del nuevo edificio fuimos a vivir a un departamento, al frente en la misma calle San Martín, al lado de “El Arte de Vestir” y luego a la calle 9 de Julio.

“La Madrileña” se trasladó al lugar donde hacía muchos años estaba establecido el “Bar Fuji”. Durante ese año las cosas no marcharon del todo bien, el lugar no era apropiado, fue un momento difícil, eran dos familias que vivían del mismo negocio, más los empleados y mozos, en total unas 15 personas. En 1968, terminado el nuevo salón, volvimos a su anterior ubicación, San Martín 80.

En su clásico espacio de calle San Martín, la firma ha ido renovando su fisonomía.

Helado artesanal

Las máquinas para la fabricación de helados, de la marca “Siam”, se compraron a don Alfredo Vijande y “Nino” Fuertes era el encargado de su mantenimiento y, especialmente, de los equipos de frío. La parte eléctrica estaba controlada por Jorge y Rubén Vijande.

Con aquellas máquinas, con paletas de madera, se tenía que sacar el producto justo en el momento del cuajado, bien frío, y pasarlo a los tachos para su venta, ofreciendo, así, el único helado artesanal, fabricado con huevos, sin crema.

En 1972 falleció “Cachulo” Presencio y en 1976 falleció mi padre Juan B. Masiero, momento en el que propuse a mi tía Manuela y a Norma que abriéramos una sucursal de “La Madrileña” en Bariloche con la venta de chocolates con churros y la otra en Mar del Plata,ofreciendo nuestros artesanales helados.

Ya había hablado con los hermanos Manuel y Toti Maldonado, mozos nuestros y les propuse que ingresaran como socios, pero el proyecto no tuvo acogida. Fue un sueño mío de una noche de verano.

Leonardo “Tito” Presencio instaló en Pilar una confitería y heladería, con el mismo nombre, que tuvo un gran éxito, debiendo cerrar por motivos de salud.

Yo había viajado en 1974 a España y volví en 1976, con la idea de realizar grandes cambios en la confitería, es decir, modernizar aún más lo que ya se había hecho, pero esto no fue posible. En 1978 vendimos nuestra parte a Manuela Moreno y Norma Presencio y en el año 1989 Manuela le vendió el fondo de comercio a sus mozos José Torres, Miguel Garofia y Víctor Hugo Flacco y en 1994 se retiró Torres continuando los otros dos socios.

Primer domicilio de La Madrileña en Villa María.

Antiguos clientes

Sería casi imposible citar  a todos los clientes que por allí pasaron,  pero haciendo un poco de memoria, recuerdo, entre otros, a Alfredo, “Pino”, Rubén y Jorge Vijande,  Dr. Emilio Zernotti,  J. Zárate, Cravarezza, su esposa  “Monona” y sus hijos “Pirulo” y Carlitos, Carlos Valenti, los hermanos Caruso, Beliera, Simonetta, Hernández y sus hijos “Titín” y “Nené”,  Tauler, Sáenz, Markariani, Guillermo Day, Golberg, los infaltables  “Mesita” y “Marsala”, Antonio Sánchez, Héctor Migliore, Félix Piaggio,  personal y directivos de “Casa Beige”, “La Favorita”,  “Casa Cabezón”, “Casa Galli”, “Librería del Colegio”, “Tienda Tacuarí”, “Farmacia Boitier”, Bonafide, Angelone, Vicente,  “Casa Vila”, en fin,  todos los vecinos y comerciantes de calles Corrientes y San Martín.

Los primeros mozos

El primer mozo fue Manolo González, el segundo Amador González, Manuel y “Toti” Maldonado, Miguel Minué, Otero, Luis Delcanto, “Cachaco” y un variado grupo de personal a lo largo de la historia”.

Hasta en una canción

La Madrileña forma parte de una canción de Daniel Altamirano, “Los amantes de Córdoba”. Pocos lugares se han convertido en íconos de una urbe como esta firma que atravesó el tiempo.

  • Mirá el video de la canción:

«Los amantes de Córdoba», de Daniel Altamirano.

Posiblemente la peatonal le haya dado un nuevo impulso. Muchas cosas se pueden rescatar de los productos allí logrados, sin embargo, tres forman parte del gusto colectivo como pocos, pero que además trascienden la geografía: el helado de dulce de leche, los churros y los negritos.

La Madrileña es parte insoslayable del patrimonio cultural de los villamarienses.

Nota: Información de direcciones suministrada por “Cooperativa de Trabajo 15 de Mayo”.

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