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Maldito domingo: A vos, ¿cómo te cae este día? (Video)
La pandemia y la cuarentena vinieron a cambiar todo. Incluso la percepción que tenemos de los días y los fines de semana. A muchos ya no les resulta tan pesado el lunes, y llega el viernes y tu cuerpo ni siquiera lo sabe. Los “findes” transcurren sin pena ni gloria, y el resto de los días pasan volando como siempre. ¿Y el domingo?
Escribe: Germán Giacchero
Ni siquiera se salvó el domingo. Que para muchos ya no tiene esa carga viral melancólica y tristona, y se parece poco a los de antes cuando se usaba para descansar, para el asado o los tallarines de rigor, para el ritual de la misa, para la juntada familiar, para gastar sus horas mirando o escuchando fútbol, las carreras de autos o el desempeño de los pingos en las pistas.
Ya nada es como antes, pero creo que el séptimo día de la semana no ha resignado parte de los rasgos genéticos que desde antaño lo caracterizaron, y aún conserva esas dosis de tranquilidad inquietante, aburrimiento y tristeza. Instigador de la soledad en su breve eternidad. Aún más en un contexto como este.
Los domingos son domingos en todos lados. Y no es una redundancia. Ni ninguna obviedad. En las grandes capitales, como en los pueblos del sudeste cordobés o en cualquier porción del mapa argentino se repiten, con matices claro, sensaciones, estados de ánimo, ritos y costumbres relacionados con la jornada dominguera. Un día, definitivamente, único. Amado y odiado por igual.
Aunque en los últimos años ha variado levemente mi percepción, en lo personal no me gusta desde que tengo uso de razón. Por eso, aquí van unas postales muy subjetivas de una jornada que se hace notar. Y mucho.
Postales domingueras
Este país ama los domingos, aun sin saberlo. O por lo menos debería. Es el día en que la celebrada trilogía sesentista “Sexo, drogas y rock & roll” deja paso al paradigma más terrenal de “Misa, asado y fútbol”. O, por lo menos, era así en tiempos lejanos ya. Prepandémicos digamos.
No podía ser para menos, en una nación que se dice consagrada al culto católico, carnívora por excelencia con tanta vaquita ajena y con una redonda de cuero bailoteando entre sus pies.
Habrá quienes prefieran una gran y esperada dormilona a un sermón religioso, estarán quienes buceen en una fuente de pastas en vez de hincar el diente en una costilla, y no faltarán los tuercas que se desviven por toda competencia que haga correr sangre de motores. Pero, en esencia, esa es o era el alma de un domingo típico. Eso, sin olvidar la siesta de rigor, las insufribles vueltas por la Costanera, la visita a la casa de los suegros y a esperar el lunes otra vez.
Quizás ahí resida la gran debilidad del domingo. Él no tiene la culpa de anteceder al lunes, pero permanece allí inamovible, como un ombligo en el calendario para marcar un antes y un después en nuestras vidas. Como una herida absurda destinada a no cicatrizar nunca, para recordarnos a cada instante que de manera inevitable el lunes está por llegar, como un resfrío presagia una gripe, tal cual el otoño ofrece síntomas del invernal porvenir.
Triste, solitario y final
Lo bueno de los domingos es que no se pagan los impuestos, sostienen algunos. Pero, ahora con el homebanking, Mercado Pago y todo lo demás, también esa es una verdad a medias. Igual es una razón insuficiente para invalidar la pesada carga de soledad y tristeza que acarrea esta jornada. Es nostalgia, melancolía, aburrimiento, sabor amargo. Es el ícono de los días grises. Sin problemas, podría hacer añicos las creencias de quienes no ven matices en la vida y para los que todo se reduce a blanco o negro.
“Prohibido suicidarse en primavera”, escribió Alejandro Casona. Habría que prohibir morirse en domingo, aunque mucho más habría que prohibir las despedidas este día, son mucho más dolorosas y son otra forma de perder la vida.
“¿Será acaso, porque me paso vagabundeando toda la semana, que el sábado y el domingo se me antojan los días más aburridos de la vida? Creo que el domingo es aburrido de puro viejo y que el sábado inglés es un día triste…”, escribió Roberto Arlt en sus “Aguafuertes porteñas”, y razones no le escaseaban. Por si fuera poco decir, agregó: “El domingo era una institución sin la cual vivía muy cómodamente la humanidad”.
En tiempos lejanos -y aún hoy- era un día de celebración. Pero, para muchos, sólo tiene de feliz el nombre de un recordado programa de juegos estudiantiles. La palabra deriva del latín dies solis, “día del sol”, nombre de una fiesta romana pagana, y en la Biblia se lo menciona como “Día del Señor”. El emperador Constantino I lo instituyó como día de descanso consagrado al culto. Entonces, estaba prohibido trabajar.
En la actualidad, es el día preferido para hacer las compras en el súper o para sacar a la familia a pasear por los shoppings, al tiempo que los empleados se deshacen en los comercios obligados por patrones y la economía familiar, tibiamente seducidos por las horas extras. O, por lo menos, era así hasta hace poco.
Un pequeño diablillo
Grandes tragedias tuvieron como epicentro este día. Basta recordar el “Domingo Sangriento” en Irlanda del Norte, cuando soldados británicos asesinaron a 13 manifestantes católicos, en 1972. O el “Domingo Rojo”, la matanza ocurrida en 1905 en San Petersburgo, realizada por la Guardia Imperial rusa contra huelguistas pacíficos.
Su pronunciación tiene mucho que ver, para bien o para mal, con nuestra historia. Fue el nombre de Sarmiento y de Perón, pero también es el de Cavallo. Y más que el afamado nombre de un santo, debiera ser la denominación de algún pequeño diablillo que mete la cola y se ríe a carcajada de nosotros, detractores de la época dominical.
Está demás decir lo que implica “un domingo siete”, pero resulta interesante conocer algunos términos derivados. En algunos lugares de América, un “dominguejo” o un “dominguillo” es un pobre diablo; y un “dominguero”, más allá de lo que usted pueda pensar, es un conductor inexperto que solo maneja ese día.
Los manuales de periodismo suelen aconsejar no adjetivar demasiado, pero no puedo menos que otorgarle el calificativo de “maldito”. Aunque ya no me caiga tan mal como antes.
Una pandemia también puede hacer milagros.
- Mirá los videos de dos canciones donde aparece el domingo como protagonista: