«Matrimillas»: ¿Puede salvar una pareja una competencia basada en el mérito personal?

«Matrimillas», el último éxito de Netflix protagonizado por Luisana Lopilato y Juan Minujín, pone sobre el tapete la posibilidad de salvar un matrimonio en crisis a partir del uso de una aplicación que suma y resta puntos de acuerdo con el mérito que haga cada uno. Pero, la pregunta es: ¿puede funcionar realmente un sistema así en la vida real?

Luisana Lopilato y Juan Minujín interpretan a una pareja joven con hijos que transita una crisis y parecieran haberse agotado todas las instancias para resolver sus problemas.

Una app aparece como la solución: cada integrante suma o resta puntos según el mérito que vayan haciendo en determinadas tareas. De acuerdo con el crédito que les quede podrán gozar o no de ciertos beneficios y licencias.

Al comienzo, todo pareciera funcionar de maravillas, pero no tardará en aparecer la obsesión por acumular puntos y ganar independencia. Resultado, la vida de la pareja termina en un gran descontrol.

Una nota publicada en diario Clarín bajo el título «Matrimillas: ¿puede un sistema de puntos salvar la pareja?” presentó el testimonio de la sexóloga villamariense y colaboradora de EL REGIONAL Noelia Benedetto.

Benedetto sostiene que un sistema de puntos no podría ser funcional en términos universales.

A continuación, se reproducen algunos de los conceptos expresados por la profesional en ese medio.

“La tecnología puede traer consecuencias negativas y positivas, todo depende del uso que le demos. Creo que un sistema de suma o resta de puntos no podría ser funcional en términos universales”, dijo a Clarín Noelia Benedetto, psicóloga especialista en terapia de pareja y sexóloga.

Dentro de aquello que podría jugar a favor, la especialista mencionó que apps de este estilo ayudan a poner el foco en la importancia del cortejo, a hacer de las obligaciones algo más divertido y a revisar constantemente el contrato y el re-contrato de pareja.

Como contracara se encuentra que el objetivo final sea la obtención de espacios personales; esto, señaló la experta, tendría que existir sin que sea una suerte de premio.

“Yo no pensaría en un sistema de puntos para hacerle lugar a aspectos del espacio personal individual de cada una de las partes. Esto no debería ser una recompensa, sino algo que ya esté contemplado dentro del contrato. Dentro del mismo tienen que incluirse aspectos que tengan que ver con sostener o conservar la individualidad de cada quien”.

Vínculos y reciprocidad

Según explicó Benedetto, “los vínculos tienen que ver con la reciprocidad, pero la reciprocidad no necesariamente es lineal”.

“La mayor parte de nuestras acciones se realizan en función de algún tipo de reforzamiento. Nada es totalmente desinteresado. Para que un sistema se sostenga tiene que estar la retroalimentación”, aseguró.

Sin embargo, aclaró, “cuando la recompensa es del plano personal y tiene que ver con las libertades individuales esto termina haciendo estragos en la dinámica”.

En ese sentido, la psicóloga mencionó que “no deberíamos tener que sumar o evitar la resta de puntos a través de cuestiones del cortejo o en la división de las tareas de la casa para acceder a un espacio propio”.

“En todo caso, la recompensa debería impactar en algo del plano vincular. Si vamos a hacer algo, las consecuencias de esto deberían impactar en los mismos planos sobre los que se hacen las intervenciones y no en aspectos distintos”.

La individualidad

Benedetto destacó que para que una pareja se sostenga en términos saludables hay tres espacios que deben tener cierta armonización y distribución: uno es el espacio personal, relacionado a aquellas áreas preexistentes o por fuera de la pareja; otro es el espacio social, referente a todo lo que hacemos en pareja, pero con otras personas.

Por último, el espacio vincular propiamente dicho, que tiene que ver con todo lo que hacemos como pareja (desde citas a obligaciones entre las personas que componen ese vínculo).

Los tres puntos son fundamentales para que la relación funcione de manera adecuada. “Cualquier sistema que tienda al ‘pegoteo’ duele entrar en crisis”, afirmó la sexóloga.

Soluciones “mágicas”

​ En la vida real, ¿cuáles son los problemas más comunes y sus respectivos intentos de resolución? Benedetto mencionó los principales:

Los celos: ante esto, generalmente las parejas suelen prohibir ir a determinados lugares o realizar alguna actividad, así como impedir ver a determinadas personas e incluso algún tipo de vestimenta.

La falta de tiempo juntos: la falsa solución en ocasiones es, directamente, evitarse; en vez de preguntarse qué está pasando, tapar todo con tareas extras. Como válvula de escape, además, hacer planes con otras personas, pero nunca con la pareja.

Incompatibilidad en la manera de vivir la sexualidad (sobre todo en la frecuencia): las soluciones suelen estar relacionadas a la infidelidad; o a tratar de abrir la pareja, pero de manera irreflexiva casi como un método de compensación; en ocasiones se opta por agregar a terceros o aventurarse a experiencias radicalmente distintas a lo que venían viviendo en la sexualidad (por ejemplo, swingers o fiestas sexuales).

La convivencia y el reparto de responsabilidades: es común no explicitar la división y dar por sentado que cada uno va a identificar qué hay que hacer. También puede suceder que una de las personas asigna todas las tareas sin que eso sea consensuado, lo cual sostiene cierta asimetría.

El dinero: se trata de un tema muy tabú porque se juegan aspectos que tienen que ver con las dinámicas de poder. La errónea solución suele ser no hablar de esto.

«Es muy importante poder identificar los problemas y las soluciones un tanto viciadas para poder desarmar esto y pasar a vincularse en términos más constructivos, funcionales y saludables», concluyó la experta.

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Fuente: Clarín

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