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Misterio y terror en el “Castillo Olcese”, entre el mito y la realidad [VIDEO]
El “Castillo de los Olcese”, una antigua casona ubicada a unos diez kilómetros de Etruria, ha sido el centro de numerosas historias -nunca comprobadas- de muertes, tormentos y apariciones fantasmagóricas, que acrecentaron la leyenda. Un documental de una directora de cine etruriense intentó hace unos años dar una respuesta, entre el mito y la realidad. Este es un fragmento de una entrevista publicada entonces por el Semanario EL REGIONAL.
Escribe: Germán Giacchero
Se dice que, al atardecer, “cuando el castillo se convierte en sombras, se escuchan ruidos y lamentos”.
Que la casona, ahora solo un esqueleto huesudo de escombros que inquieta con su sola presencia, alberga fantasmas de toda clase.
Que en el inmenso sótano de esa mansión lujosa enclavada en el medio del desierto se prodigaba toda clase de tormentos y torturas a los malvivientes o indeseables que allí alojaban los Olcese.
Los amos y señores de esas tierras durante varias décadas de finales del siglo 19 y principios del 20.
“Se han contado toda clase de historias sobre esa casa: muertes, desapariciones, tormentos, luz mala, magia negra; cosas que se hablan muy típicas del campo, del pasado y las casas abandonadas”, dice Natacha Bertaina, una joven oriunda de Etruria, licenciada en Cine y Televisión de la Universidad Nacional de Córdoba.
El documental “El Castillo Olcese, reconstrucción de un pasado” indaga en la historia de la casona ubicada a 10 kilómetros de la localidad y de sus misteriosos propietarios.
“El mito fue el punto de partida, pero no es el tema central del trabajo. Yo apunté a la historia de la familia, de la inmigración, del establecimiento, de la colonia”, aclara.

Realidad y leyenda
¿Mito o realidad? “Las dos cosas”, responde.
“El mito va a seguir existiendo, mi intención no es desmitificar, aunque lo haga en parte. Sólo trato de poner algo de luz en la historia de la familia Olcese y del lugar donde se encuentra el castillo. Todo lo que se teje es sobre la base del desconocimiento existente”, explica.
“El foco está en el subsuelo de la casa, pero quise dar otra mirada con lo que yo pude comprobar con mi investigación de más de dos años. Si algún tipo de valor tiene mi trabajo es que traté de aportar datos sobre la historia que hay detrás de ese mito”, fundamenta.
Además de los relatos de varios vecinos, la joven directora pudo reconstruir parte de la historia del castillo con los testimonios de un bisnieto de Luis María Olcese, el antiguo propietario del lugar, y de otros familiares residentes en Córdoba. A continuación, se presenta parte de la vida de los Olcese reflejada en el documental, a través de la voz de su autora.

Los Olcese
- “La familia Olcese provenía de Génova, tres hermanos llegaron en 1871 a Buenos Aires, se instalaron en Rosario y con otros socios abrieron una casa de ramos generales. Estuvieron unos 10 años e hicieron mucho dinero. En 1880, aproximadamente se trasladan a Córdoba. Construyen en 1892 una casa de veraneo en La Calera, que tiene el tamaño del castillo Olcese, pero con un formato más parecido a un castillo típico.
- El caso de los Olcese es bastante particular en la provincia de Córdoba. No eran aristócratas, pero tuvieron una vida diferente a la mayoría de los inmigrantes. No era común que un inmigrante ascendiera social y económicamente en esa época.
- Luis María, el creador del “castillo” fue cónsul italiano en Córdoba. En La Calera hay una calle que lleva su nombre, por ser uno de los primeros pobladores del lugar. Tenían múltiples negocios: importaban y exportaban vinos franceses, eran representantes de la cerveza Quilmes, tuvieron una fábrica de hielo y velas en Córdoba, poseían negocios en Mendoza y Tucumán; y muchísimas tierras en distintas localidades y provincias. El castillo Olcese era solo una mínima parte de su riqueza”.
Lujo en la inmensidad
- “El 27 de octubre de 1894 compraron 10.824 hectáreas, ubicadas entre Etruria, Pascanas e Idiazábal, a través de la firma Olcese & Cía., integrada por Luis, su hermano Juan y el hijo del primero, Mario. Etruria, entonces una colonia, había sido fundada un año antes. No hay datos precisos, pero la casa se levanta poco después de la compra.
- En sí, la vivienda no tiene formato de castillo medieval europeo. Pero, ese nombre da cuenta de su imponente estructura, que alimentó el mote de “castillo”. Es una casona de dos plantas, con un altillo que funcionaba como mirador y un subsuelo tan grande como la casa. Para la época era un lujo, con sus escaleras de mármol de Carrara, sus jardines diseñados por especialistas, su complejo sistema de cañería de agua y las costumbres y modismos de sus propietarios.
- La familia pasa algún tiempo en la casa, pero no se establece en el lugar. Quien se queda luego es Mario. Ahí se funda la colonia San Olcese (un santo de Génova), también conocida como “Ángela”, en 1895. En 1902, vivían allí unas 300 personas y llegó a haber mil caballos, cinco mil ovejas, 500 bueyes, según el censo de la época.
- Los Olcese arrendaban la tierra, pero las condiciones para los colonos eran terribles. Los dueños de las tierras muchas veces trabajaban a medias con los colonos, o vendían o donaban una parte. Pero los Olcese solo alquilaban sus campos. Los colonos vivían en una pobreza extrema alrededor de una lujosa casa”.

Amo y señor
- “Mario, además de ser el mandamás del lugar, actuó como jefe de policía designado por el gobierno provincial. El subsuelo de la casa funcionó como calabozo de la comisaría. Se contaba que eran bastantes bravos con los trabajadores, sobre todo con los ‘golondrina’ que venían del norte.
- Se dice que los castigaban en los cepos del subsuelo de la casa con torturas, sin estar bien alimentados, golpeándolos. Los mismos familiares reconocen en las entrevistas que seguramente hubo abusos de todo tipo. Dicen que Mario salía a custodiar a caballo o que vigilaba todo desde el mirador de la casa”.
Muerte y misterio
- La casa está rodeada de un espeso monte. A pocos metros funcionaba un cementerio, había cruces. Eso también ayudó a que la gente especulara con las historias. Se encontraban huesos de personas, pero esa era la razón. Se decía que mataban gente y la enterraban allí, pero era porque había un cementerio.
- Los cepos y los grilletes quedaron. Y todo eso ayudó a que se fueran tejiendo estas historias. Sumado al efecto de las historias de la pampa. La gente que va a trabajar y cuenta historias de la luz mala, de apariciones, de fantasmas, de una persona que salía del castillo abandonado.
- Se encontraron elementos de magia negra, botellas con mensajes adentro, son cosas que se cuentan. Yo no puedo desmentirlo, pero no he encontrado documentos o fotografías que confirmen esos hechos”.
Casona olvidada
- “Luis María muere en 1918 y los seis hijos se dividen las tierras. El castillo quedó para Ada, la hija del medio, quien es la que más rápido se desprende de la propiedad. Luego, queda en manos ajenas, a diferencia de las otras tierras que quedaron en manos de la familia. Pero hoy, la mayoría de esos terrenos no pertenece a ningún Olcese.
- Aún en los años 60 y 70 seguía viviendo gente en la casa. Incluso, los propietarios de entonces prestaban el lugar a trabajadores para que lo usaran como alojamiento. Con el transcurso de los años se fue deteriorando y quedó deshabitada; se fueron llevando las cosas, la estatua, los mármoles, las aberturas. Nadie tuvo intención de ir a vivir allí, ni de mantener semejante estructura. Se usó como depósito de cereal y de otras actividades rurales. Hoy, solo queda la sombra de lo que fue”.
Historias truculentas de todo tipo se han tejido con el paso del tiempo acerca del castillo. Historias que navegan en la delgada línea que separa la realidad de la leyenda rural transmitida de generación en generación, del mito originado en el temor a lo desconocido, de las verdades a medias. Realidad o ficción. Mito o realidad. Quizás nunca lo sepamos.
Mientras tanto, se dice que cuando el castillo se convierte en sombras, se escuchan los lamentos de los desangelados…
- Mirá el video:
Quemar a los gauchos matreros y aborígenes
Quien fuera colaborador de EL REGIONAL, Oscar Nicola, recordó entre las historias del viejo castillo, una en especial.
“Corría fines del Siglo XIX, el Subcomisario a cargo del Departamento Unión envió una solicitud al Superior Gobierno de Córdoba para realizar una quemazón de pajonales ya que en ellos se cobijaban gauchos matreros y aborígenes (?)… tal vez. Lo cierto es que desde el gobierno llegó la aprobación y se realizó la quemazón, desapareciendo los indeseables que eran observados desde el mirador”.