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[Música e Historia] Jairo, Salzano y el “Milagro en el Bar Unión”
“Algunos bares parecen hechos a la medida…”
Escribe: Leo Muñoz
25 de Mayo 223
En esa dirección de la ciudad de Córdoba funciona la receptoría de un diario, justo detrás de un puesto de revistas, pero hasta 1994 estaba el bar de la canción de Jairo y Salzano, un bar que pasaba desapercibido a la mayoría de los transeúntes.
Apenas tenía un reducido cartel de pequeñas letras, ocultaba su interior tras una cortina gris que daba privacidad al encuentro de parejas y a los solitarios. Unas pocas mesas con mantelitos individuales y una barra de tres metros, un piano al fondo y el tocadiscos que solo manejaba la dueña, así era el Bar Unión.
Los valses vieneses de Strauss traían el ambiente centroeuropeo a un lugar adornado por algunos típicos cuadros y una total pulcritud. Se hablaba a media voz, casi en susurros, acompañados por cerveza negra, sándwich de pan negro, whisky “Horse White”.
La luz mortecina acompañaba e impulsaba los sentimientos, las miradas tiernas y apasionadas, las declaraciones y los sueños de parejas que recalaban en sus mesas, ya ocasionales y efímeros romances, ya amores para toda la vida.


Mari la Alemana
Una sonriente pero casi hermética austríaca, la señora Mari, la “Alemana” como se la conocía, atendió 40 años el lugar. Según algunos investigadores cordobeses de los que recuperan la memoria de la ciudad, llegó a la Argentina luego del horror de la Segunda Guerra Mundial.
Algunos señalan, aunque no hay evidencia fehaciente, que su marido era un oficial nazi, llegado a Córdoba desde el Paraguay, con ayuda de Manuvens Calvet.
Tuvieron una hija, la tragedia las golpeó cuando su marido habría muerto al caer del tren, debiendo cargar ella sola con el bar y su hija.
Solo ella atendía el bar, con mirada escrutadora en ese espacio sagrado y único en el centro de la “Docta” para pocos, desconocido para muchos.
Vaya el recuerdo para el bar de los milagros y los valses vieneses.
“Milagro en el Bar Unión”
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
Afuera el agua cala los huesos del corazón.
Él pide un whisky Caballo Blanco para empezar,
A él los caballos lo ponen siempre… sentimental.
Prende un cigarro y hace un anillo de colección,
El humo viaje al techo del Bar Unión.
Ella entretanto piensa en el dandy que la ha dejado,
Un tipo duro de ojos azules que era casado.
Mira su cara en el espejo con aflicción,
Si no lloviera tal vez saldría del Bar Unión,
Pero se queda porque prefiere para el dolor,
La luz espesa, color de luna, que da el neón.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión,
Afuera el agua cala los huesos del corazón.
Dios toca el piano, y el segundero en el reloj,
Hace rayitas con alfileres en el dolor.
Pero volvamos donde dejamos la narración,
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión.
Él pone un disco de Ray Barreto en la vitrola,
Va hacia la mesa donde ella llora porque está sola.
No dice nada, corre la silla y saca un pañuelo,
Ella lo acepta, alza los ojos, se arregla el pelo.
El hace señas, pide dos tragos pa’ continuar,
A él los caballos lo ponen siempre… sentimental.
Caballo blanco para la dama y el caballero.
Afuera sigue hachando el aire el aguacero.
Parece un cuadro pidiendo a gritos exposición
Los solitarios color de luna bajo el neón.
Dios cierra el piano, se pone el saco, cruza el salón.
Se va a la calle y sale volando del Bar Unión.
Algunos bares parecen hechos a la medida,
Son como besos que hacen milagros en las heridas.
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión…
Ella está triste y él está solo en el Bar Unión…