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Pestes que nunca se fueron: fiebre hemorrágica, lepra y viruela
El nuevo coronavirus llegó para quedarse. Una nueva peste se suma a la lista negra. Pero, hay otras que nunca se fueron, a pesar de que no escuchamos hablar más de ellas o creemos que han sido erradicadas para siempre.
Escribe: Germán Giacchero
Adivina, adivinador…
¿Sabías que una de las grandes pestes que asolaron a la humanidad aún goza de buena salud? ¿Sabías que una de las enfermedades más letales de la historia aún no se fue del todo porque se conservan muestras del virus en laboratorios supuestamente súper seguros? ¿Sabías que una de las enfermedades que más asoló Argentina hace más de 20 años aún sigue vigente y se han detectado 10 nuevos casos en zonas aledañas a Villa María?
La lepra, en primer caso, y la viruela, en el segundo, nunca se fueron del todo. La Fiebre Hemorrágica Argentina (FHA) o “Mal de los Rastrojos”, tampoco.
A pesar de que las creamos desterradas para siempre, a su modo, aún están entre nosotros. Ya no son una amenaza como antaño, pero no hay que bajar la guardia.
La fiebre hemorrágica
La Fiebre Hemorrágica Argentina, también conocida como “mal de los rastrojos”, hizo estragos a finales de los 80 y principios de los 90, sobre todo en las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba y La Pampa.
Es una enfermedad endémica viral aguda grave, causada por el virus Junín. Suele estar presente en algunas especies de roedores silvestres que presentan infecciones crónicas sin síntomas, con eliminación del virus, particularmente por la saliva y las heces.
En plena pandemia por acción de otro virus, se confirmaron 10 casos positivos en distintas localidades del sur de Córdoba. Algunas de estas, cercanas a Villa María.
La vacunación es el mejor método de prevención y se intensificaron campañas para evitar mayores contagios.

La lepra
La lepra, esa brutal enfermedad que estigmatizó a millones de personas a lo largo de la historia, condenándolas al destierro y la soledad de los leprosarios, sigue aquí. Está controlada, ya no representa una amenaza, pero continúa en pie.
A finales de 2019, existían unos 436 pacientes en tratamiento, aunque podría haber personas no diagnosticadas, claro. Según la Sociedad Argentina de Dermatología, citada por el sitio web Chequeado, en la última década se detectó cada año entre 300 y 400 nuevos casos en nuestro país.
Pero desde hace rato no supone un problema de salud pública, de acuerdo con los estándares de la Organización Panamericana de la Salud. Salvo en Brasil, el lugar con mayor cantidad de casos, en el resto de los países de la región hay menos de 1 diagnóstico confirmado de lepra cada 10 mil habitantes a nivel nacional.
Para tranquilidad de todos, la lepra es curable, no deja secuelas si es agarrada a tiempo, no es altamente contagiosa y, según el Ministerio de Salud, alrededor del 80% de la población tiene defensas naturales contra la patología.
De todos modos, es una materia pendiente su erradicación definitiva.
Virus resguardado
La noticia pasó desapercibida para la mayor parte del globo en septiembre del año pasado. Un laboratorio ruso ubicado en la Siberia había sufrido un incendio y explosión en uno de sus sectores. Enseguida se encendió la voz de alarma en el universo científico. Es que en ese sitio se mantiene a resguardo una de las dos muestras del poderoso virus de la viruela, entre otros más.
Se trata del Centro Nacional de Investigación de Virología y Biotecnología, el ex Instituto Vector en tiempos de la Guerra Fría. La otra muestra del virus que sobrevivió a la extinción de la enfermedad de la faz de la Tierra se reserva en un laboratorio estadounidense, en Atlanta. Sí señoras y señores, la viruela no desapareció, en sentido estricto de la palabra, como la mayor parte de nosotros cree.
Se dice que la enfermedad, traída por los conquistadores europeos a tierras americanas, tuvo su última víctima humana en 1978, mientras que dos años después, la Organización Mundial de la Salud (OMS) aceptó el informe final de su erradicación. Se cerraba así un capítulo triste para la historia universal en relación con la enfermedad.
Claro que no del todo. En 1983, la OMS, hoy cuestionada por su papel frente al COVID-19, decidió, presión de las superpotencias de la época mediante, preservar dos muestras congeladas del virus en dos laboratorios diferentes de Estados Unidos y la ex Unión Soviética.

Cuenta el científico Mario Lozano en el libro “Ahí viene la plaga”, que no se vacunó más a ninguna persona desde 1983. Pero, aclara que ya no están inmunes porque los efectos de la acción preventiva tienen una duración limitada. Si el virus llegara a reaparecer, por alguna razón, causaría una catástrofe mundial. En una población nunca vacunada, la enfermedad tendría en principio el 90% de mortalidad. Es decir, nueve de cada diez infectados morirían.
Yanquis y rusos se habían comprometido a destruir las cepas guardadas en el año 2000, pero nada de eso ocurrió. Es más, postergaron la decisión por tiempo indefinido. “Lo que sospechan los especialistas de la OMS es que existen países que han cultivado clandestinamente el virus de la viruela. Así podrían desencadenar una guerra biológica, para la que los restantes países no estarían preparados”, cuenta Lozano.
“El miedo a no poder fabricar suficientes vacunas (para lo que se podrían necesitar las muestras resguardadas) ha sido el principal impulso a esta moratoria (en la destrucción del virus)”, agrega el especialista.
¿Futuro hipotecado?
Tras la caída del muro de Berlín y la disolución del conglomerado soviético, se cree que Rusia no tendría el total control de la cepa del virus. Lozano advierte que algunas muestras podrían haber sido vendidas al mejor postor, como las mafias o incluso Corea del Norte. Pero, que Estados Unidos no se quedaría atrás con sus jugarretas para sacar ventaja de la situación.
“El problema fundamental es que, si alguien dispersara el virus de la viruela en el ambiente, se encontraría con una población virgen. Sobre esta población, el virus tendría inicialmente un 90% de mortalidad. Aun cuando desde las organizaciones internacionales se intentara una producción de vacunas, aquellos países con menor infraestructura sanitaria (como la mayoría de los países latinoamericanos) se verían mucho más afectados en la posible epidemia”, concluyó el profesional en su libro.
Según publicó la BBC, el año pasado la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés) aprobó un medicamento para combatir el virus de la viruela.
Adivina, adivinador…
Hmmm… ¿Por qué será?
Fuentes: Ministerio de Salud de la Nación; BBC.com; Chequeado.com; “Ahí viene la plaga”, por Mario Lozano; Semanario El Regional.