[Redes sociales] ¿Por qué niños y adolescentes realizan desafíos virales que pueden llevarlos a la muerte?

Las nuevas tecnologías en general y las redes sociales en particular como nuevas formas de socialización, la necesidad de pertenecer a un grupo de pares y una noción débil de lo que implica el peligro forman parte de la vida cotidiana de niños y jóvenes. Y, según especialistas consultados por EL REGIONAL, allí se pueden encontrar algunas respuestas a los resultados fatales de participar en desafíos virales arriesgados. Destacan el rol fundamental del adulto para contener y prevenir.

Escribe: Germán Giacchero

La “ballena azul” era un “juego suicida” mediante el cual se debía realizar 50 tareas en la misma cantidad de días. Uno de los mandatos era tatuarse una ballena azul en el brazo, pero el último era el más peligroso de todos: hacer que el usuario acabe con su vida.

El “rompebocas” era un desafío viral o “challenge” que proponía hacer caer a una persona desprevenida con el saldo seguro de romperse los dientes o terminar con el cráneo lesionado.

El “abecedario del diablo” provocaba lesiones en las manos de los practicantes, mientras decían palabras que comenzaban con cada letra del alfabeto.

Estos desafíos virales que se propagaban con furia por las redes sociales terminaban con daños corporales o mentales, incluso con la muerte de sus ejecutantes, la mayoría adolescentes y niños.

El reto popular más reciente en la red social Tik Tok es el llamado «Blackout Challenge» o “desafío del apagón”, que consiste en grabarse aguantando la respiración el máximo tiempo posible hasta el desmayo.

La práctica es compartida en directo con los demás: el ganador es quien soporte más tiempo sin respirar ni desmayarse. La mayoría realiza el desafío en soledad, sin el conocimiento de padres o adultos.

Milagros, una chica de 12 años de Capitán Bermúdez, en cercanías de Rosario, no pudo controlar la situación y murió. Al menos, eso denuncia su familia, mientras la Justicia apunta hacia un caso de suicidio.

«Hizo tres intentos, en dos no funcionó, pudo zafar la soga en el primero y en el segundo, pero en el tercero no, ella no se pudo quitar la soga”, reveló una tía de la niña en las redes sociales a modo de advertencia.

Otro menor habría fallecido por el mismo juego mortal en la provincia de Río Negro, mientras uno más se encuentra en grave estado por la misma causa.

En Estados Unidos, por caso, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) denunció que al menos hubo 82 muertes inducidas por el desafío del apagón. Y no serían las últimas.

Con distintas denominaciones y modalidades, los retos virales siempre están presentes. Algunos más peligrosos que otros, pero en todos los casos con consecuencias que podrían llegar a ser mortales.

Pero, ¿qué hay detrás de las decisiones de menores de participar en estos peligrosos juegos virtuales que tienen efectos nocivos bien reales en sus vidas y las de los demás?

EL REGIONAL consultó a tres especialistas, dos de ellos profesionales de la salud, para intentar obtener respuestas al fenómeno y, a la vez, ofrecer una serie de sugerencias o recomendaciones para prevenir o evitar consecuencias indeseadas en el uso de las redes sociales y otras plataformas virtuales.

Las respuestas parecieran estar en el rol de las plataformas digitales como medios de socialización de niños y adolescentes, la necesidad propia de la edad de pertenecer a un grupo de pares -con todo lo que eso podría implicar-, una idea muy difusa de las prácticas que conllevan peligro y la falta de controles o acompañamiento de los adultos responsables.

“La noción de peligro no está constituida”

La licenciada en Psicología Nadia Quevedo (MP 4753) pertenece al equipo de Salud Mental del Hospital Pasteur. En diálogo con este medio, apuntó que la virtualidad se ha convertido en un refugio para niños y adolescentes como consecuencia de la pandemia.

“Era un fenómeno que venía en crecimiento, pero el aislamiento lo enfatizó. Cuando hablamos de refugio, no necesariamente pensamos en un lugar seguro, sino en un lugar donde se pueden depositar y retroalimentar imágenes 24/7 y, al estar tan expuestos, genera muchos peligros”, explicó.

“Uno de estos grandes peligros son los retos virales, donde se convoca al adolescente a ser protagonista, que experimente y vea cuáles son las sensaciones que eso le provoca”, acotó.

Y alertó: “Tanto en niños como adolescentes, la noción de peligro no está constituida, es algo que se construye y ahí debe aparecer la función del adulto para ordenar, poner palabras, acompañar en esto de lo que está bien, de lo que está mal; de lo que es peligroso y lo que no”.

En este sentido, se pronunció la psicóloga Sofia Sánchez (MP 10946). “A esa edad resulta muy difícil medir los peligros para ellos. Lo que para un adulto resulta totalmente como ‘natural’ saber qué es peligroso y qué no, a los niños no les resulta tan fácil hacer esa evaluación”.

“Sumado a que muchos de ellos sienten la presión social de formar parte de un grupo, lo cual en parte es esperable para la edad, a veces interjuegan estos factores y terminan en un desenlace fatal”, advirtió la profesional.

“Los nuevos medios de socialización”

Sánchez sostuvo que las nuevas tecnologías son importantes en niños y adolescentes en términos de socialización.

“Hoy se sabe que estos medios son nuevas formas de socialización. Con esto no hay que demonizar a las plataformas virtuales que los niños frecuentan. Son formas de relacionarse con sus pares; antes era a través del juego, cara a cara, con amigos del barrio. Esto no ha desaparecido, pero se agregaron otras formas de socializar”, explicó.

Para el licenciado en Comunicación Social y Especialista en Investigación de la Comunicación, Mauricio Grasso esta socialización no se limita a una etapa de la vida.

“Hablar de plataformas implica reconocer que buena parte de la socialización que hacemos, independientemente de las edades, pasa pura y exclusivamente por redes, servicios de mensajerías, etc.”, indicó.

En este contexto, el docente de las Universidades de Córdoba y Villa María aclaró que cada persona va creando su propio “mundo” en la virtualidad.

“Cada usuario al interactuar con la plataforma va dejando una huella y va creando su propia burbuja. Es decir, interactuamos con ciertas preferencias que el algoritmo procesará para que vayamos teniendo un círculo cerrado”, expresó.

“Aunque en apariencia uno puede relacionarse con cualquiera en cualquier parte del mundo, lo que se está viendo es que interactuamos con aquellos que tenemos afinidad. Hay que prestar atención a lo que hacen los niños y jóvenes en estas instancias de socialización”, subrayó el investigador.

En este universo propio creado en la interacción entre la persona y las redes sociales, es común que “se vaya naturalizando ese tipo de retos, que al principio puede parecer algo inofensivo, como algo sin mucho sentido en particular, pero es parte de la socialización en la interacción con estas plataformas”, finalizó Grasso.

Las especialistas en salud mental apuntaron que por sí mismas las nuevas tecnologías no son negativas.

“No hay que demonizar a las plataformas virtuales o estos nuevos medios que los niños frecuentan”, sostuvo Sánchez.

“Hay que enseñarles que es una herramienta que puede ser muy útil para algunas cosas, pero que también conlleva sus riesgos”, enfatizó Quevedo.

“Debemos hablar de la vida digital como algo más: así como les preguntamos cómo les fue en la escuela, preguntarles qué vieron en las redes”

El sentido de pertenencia

El querer pertenecer a un grupo de pares es una característica distintiva de la adolescencia. Pero, a veces, puede vivirse como una presión. Y las redes sociales y otras plataformas virtuales no son ajenas a este proceso.  

“Hay algún aspecto en la evolución en las formas de relacionarse que tiene que ver con el sentido de pertenencia, sobre todo en los adolescentes, en formar parte de un grupo, en sentirse que son mirados como uno más, es una parte fundamental de esta etapa evolutiva”, precisó Sánchez.

“El pertenecer a un grupo de pares es un aspecto fundamental en sus vidas, por lo tanto, es común que quieran formar parte de un grupo, que quieran ser mirados y tenidos en cuenta”, añadió.

Por lo tanto, la psicóloga expresó que “no resulta sorprendente que algunos jóvenes estén dispuestos a hacer cualquier cosa para formar parte de ciertos grupos. Ahí juega un rol importantísimo los adultos que rodean a estos niños y adolescentes”.

En este sentido, su colega Quevedo recalcó: “Es importante que el adulto acompañe, pero que tenga cuidado en interferir con lo privado. El grupo de pares cobra mucho protagonismo en la adolescencia, pero el adulto no tiene por qué correrse de su función”.

“Hay una tarea para los adultos, la de repensar qué hacemos, cómo nos comportamos con las adolescencias y las niñeces. Esto nos habla de la desconexión que genera el uso del celular y la exposición de las redes sociales. Esta desconexión aparece con el vínculo con el otro y con uno mismo, con lo que al adolescente le pasa con su propia vida”, continuó.

“Es muy importante destacar que el adolescente se queda muy solo con sus síntomas y muchas veces no sabe qué hacer con lo que le pasa. Es necesario actuar desde el lugar de la palabra, desde donde se pueda alojar el sufrimiento y el malestar”, alertó.

En el caso puntual de la niña santafesina fallecida, la psicóloga expresó la necesidad de contextualizar: “qué habrá pasado con esta adolescente, cómo habrá sido su situación previa, su personalidad, si había dado señales previas de algo de esto”.

“Muchas veces una misma conducta responde a diferentes causas, y ahí debemos indagar para conocer por qué algunos niños y adolescentes terminan haciendo unas cosas y otros no”, aclaró su colega.

Recomendaciones para adultos

  • Tener una actitud de escucha respecto de lo que ven en internet:

“Son los espacios que habitan los chicos y hay que enseñarles que es una herramienta que puede ser muy útil para algunas cosas, pero que también conlleva sus riesgos. Hay que empoderarlos en forma gradual, transmitirles que tienen que recurrir a nosotros cuando sienten miedo, asco o rechazo frente a un contenido que están viendo o en el intercambio con quién están del otro lado de la pantalla” (Quevedo).

  • No naturalizar ni minimizar lo que nuestros hijos nos cuentan:

“Validar sus emociones y mostrarse como un adulto confiable manteniendo la calma, generar diálogo y espacios de confianza. Debemos hablar de la vida digital como algo más: así como les preguntamos cómo les fue en la escuela, preguntarles qué vieron en las redes” (Quevedo).

  • Actuar como compañía, como guía en su camino:

“Es importante que los padres puedan guiar hasta qué punto está bueno formar parte de un grupo y hasta qué punto no, hasta dónde me ayuda y me hace sentir bien, y cuándo no es así. El rol adulto es fundamental para acompañar estos procesos que son normales en niños y adolescentes” (Sánchez).

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