Se roban todo: De la dentadura de Belgrano y las manos de Perón al anillo de Menem

Escribe: Germán Giacchero

El anillo que le robaron a Menem en su lecho de muerte es una muestra más de una costumbre argentina que se repite en el tiempo. Pero, resulta hasta irrisoria al lado de otros episodios más graves y truculentos que presenta la historia política del país.

A Manuel Belgrano dos ministros de la Nación le robaron piezas de su dentadura durante la exhumación de sus restos, varios años después de la muerte del General patriota. Ambos fueron obligados a devolver los dientes, pero el bochorno pasó a la posteridad.

La profanación de la tumba de Juan Domingo Perón y la desaparición de sus manos constituye otro evento vergonzoso, del que mucho se dijo, pero nada se comprobó en materia judicial.

Ni hablar del cadáver de María Eva Duarte de Perón. El cuerpo embalsamado de Evita permaneció oculto durante 16 años, luego de ser sustraído por agentes militares. Fue una pesadilla para los sucesivos gobiernos dictatoriales que no sabían qué hacer con los restos de la “abanderada de los humildes”. Hasta que, negociación mediante, Perón recibió el cadáver que había estado enterrado en Italia durante algunos años.

Otros hechos más leves, pero no por eso menos reprobables estuvieron relacionados con figuras políticas argentinas. En 2009, por ejemplo, se llevaron el bastón y la banda presidencial de Arturo Frondizi del Museo Histórico de la Casa Rosada.

Y la lista sigue, por supuesto.

El anillo

Carlos Menem falleció el 14 de febrero pasado a los 90 años. Poco después se conoció que le habían sacado el anillo de oro que llevaba en una de sus manos. Las sospechas recayeron en un enfermero.

El clásico anillo de Menem fue devuelto por familiares del enfermero sospechoso.

Este viernes, el objeto fue restituido por familiares del acusado, quien permanece prófugo. Lo llevaron a una Comisaría, les tomaron testimonio y quedaron en libertad.

El anillo estaba grabado con las inscripciones de los nombres de los hijos del expresidente.

Una muestra más de la tristemente célebre viveza criolla.

Pero, como ya lo dijimos, fue solo un capítulo más de acontecimientos lamentables que siguieron la misma modalidad. No el peor, claro.

Dientes y reloj

Belgrano murió en la más absoluta pobreza. Al Héroe de la Patria le enviaron una mínima cantidad de dinero cuando reclamó al Gobierno la liquidación de los sueldos adeudados.

No hubo un funeral destacado ni grandes reconocimientos hasta varios años después. En 1902, exhumaron sus restos para ser trasladados a un nuevo monumento por iniciativa del presidente Julio Argentino Roca.

Algunos huesos y su dentadura se colocaron en una bandeja de plata. Ahí fue cuando los ministros del Interior y de Guerra, González y Ricchieri, se apropiaron cada uno de un diente de Belgrano. La excusa usada luego fue que era para mostrar las piezas dentales al general Bartolomé Mitre.

Una ilustración de «Caras y Caretas» expone el robo de los dientes de Belgrano.

El reclamo de la prensa surtió efecto y las restituyeron. “Que devuelvan esos dientes al patriota que menos comió en su gloriosa vida con los dineros de la Nación”, había publicado “La Prensa”.

Pero, el creador de la bandera nacional padeció otros infortunios. Un reloj de oro, con cadena, obsequio del rey Jorge III de Inglaterra, que le había obsequiado a su médico, el escocés Joseph Redhead, fue robado del Museo Histórico Nacional en junio de 2007.

Mientras tanto, aún resta que se construya una de las cuatro escuelas con un dinero que destinó con esa finalidad en 1.813. No llegó a ver ninguna construida. La de Tarija se levantó en 1974, la de Tucumán, en 1998, y la de Jujuy, en 2004. La de Santiago del Estero, brilla por su ausencia.

Las manos

El 29 de junio de 1987, 13 años después de su muerte, la tumba de Perón en el cementerio de La Chacarita fue profanada. Se llevaron varios objetos, como la espada y su gorra militar, y también sus manos, que habrían sido cortadas con una sierra, según la investigación judicial.

Su féretro estaba blindado con un vidrio de siete centímetros de espesor y tenía cuatro cerraduras que se abrían usando 12 llaves. La tapa de madera estaba cubierta por una plancha de metal.

El cuerpo embalsamado de Perón fue profanado.

Hubo un pedido de rescate inicial y sospechas de una “vendetta” por parte del italiano Licio Gelli, jefe de la logia Propaganda Due (P2), por un supuesto pacto incumplido por Perón. Pero, la hipótesis quedó en la nada.

Seis hombres fueron arrestados y cinco procesados, pero ninguno fue acusado formalmente. Los últimos fueron sobreseídos en 1990. Aunque se sostiene que hubo participación de agentes de inteligencia militar, la causa no posee una pista sólida ni tampoco imputados.

Incluso, varias personas que participaron de la investigación han muerto de manera sospechosa o asesinadas. El juez Jaime Far Suau, por caso, falleció el 22 de noviembre de 1988 en un accidente automovilístico.

El cuerpo

El cadáver embalsamado de Eva Perón fue un botín de guerra disputado entre los propios militares en el poder y el peronismo que resistía.

Su cuerpo fue robado de la sede de la CGT y tuvo un peregrinaje errático y vergonzoso durante largos 16 años. Los militares no querían enterrarla en un lugar donde se la pudiera venerar y se convirtiera en un símbolo de la resistencia al poder de facto.

El cuerpo de Eva Perón y el médico que la embalsamó.

Pesadilla y locura significó el cadáver en manos de sus captores. Uno terminó matando a su esposa embarazada cuando pensó que alguien había descubierto el lugar secreto donde la tenía: el altillo de su casa. Y un jefe de inteligencia fue separado de su cargo cuando se descubrió que manoseaba el cuerpo.

Tras negociaciones con el Vaticano, Evita fue sepultada en un cementerio italiano con nombre y nacionalidad de ese país. El 3 de septiembre de 1971, Perón recibió el féretro con el cuerpo tras un derrotero de una década y media.

Sus restos descansan hoy en el Cementerio de la Recoleta.

Otros robos

En agosto de 2007, se robaron del Museo de la Casa Rosada una lapicera del presidente Ortiz y dos relojes de Avellaneda y Justo.

En octubre de ese año, faltaron cuatro medallones del año 1850 del Museo Fernández Blanco.

En febrero de 2008, tras un asalto al Museo Histórico y Numismático del Banco Nación, se alzaron con monedas valuadas en 100.000 pesos.

Por lo visto, no se salva nada. Ni nadie.

Lástima.

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