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[Te acordás, hermano] Cuando enseñaban cómo conducir por las sierras
La revista “ENERGINA” del otoño de 1938 nos enseñaba a manejar en calles públicas, en poblados o en el campo. Bien, veintiséis años después, otro medio periodístico nos enseñaba “Cómo manejar en las sierras”. Ha pasado mucho tiempo, los caminos son otros, pero la imprudencia y la sensación de omnipotencia como de estupidez se apodera de muchos visitantes.
Escribe: Julio. A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
“Para el individuo que maneja por primera vez en la montaña, esta se le presenta como una especie de monstruo voraz, que está esperando un error, para devorarlo.
Por conversaciones mantenidas sobre el tema, por comentarios oídos al pasar, por el mismo sentido de autosuficiencia del que se considera, a sí mismo, baqueano, el “novato” ve todo con los ojos del temor.
Y con este temor va a las montañas y maneja allí hasta que al cabo de un tiempo nota que no es tan difícil o que resulta más o menos como meter el auto a las siete de la tarde en el camino que une Buenos Aires con La Plata, o la avenida San Martín, en Rosario, o encontrándose con niebla en el bajo de San Fernando.
Pero siempre es mejor aprovechar la experiencia ajena que elaborarse una propia, a costa, tal vez, de un disgusto, por eso hemos compilado una serie de consejos prácticos.
Consejos prácticos
Como primera medida podemos aconsejar aquello tan conocido y tan poco empleado, que recomiendan todas las tías ancianitas del mundo: Prudencia, que no significa transitar constantemente a 5 kilómetros por hora, se puede andar ligero…y ser prudente. Lo que se busca es ayudar un poco a la suerte y no dejar absolutamente todo en manos de ella.
Esta es una apreciación de orden general, pero debe ser tomada con mucha consideración en este caso, que no es lo mismo irse a la banquina en la ruta ocho a la altura de San Pedro que en el camino del Pan de Azúcar (que por rara casualidad no tiene banquina, como corresponde a un correcto camino de cornisa).
Los caminos de las sierras de Córdoba, por lo menos aquellos de cornisa y ripio, tienen una característica común a casi todos, son muy angostos y el camino va dando vueltas y vueltas sobre sí mismo, los clásicos caracoles. Además, son muy abovedados en las curvas cerradas que les impone la montañosa topografía de la zona.
Con autos grandes de tamaño, algo así como el que se denomina comúnmente “bote”, el camino resulta muy estrecho y en ciertas curvas muy cerradas, no es raro que el conductor de un “bote” tenga que hacer un par de maniobras para superar un caracol muy cerrado y al hacer esto, todo el camino es para él.

Cubiertas duras
Aún con lluvia, los caminos serranos son estables, dada la calidad de dureza del suelo sobre el que están trazados, pero tienen en su superficie ese fino ripio característico, que a veces resulta muy “patinador”. Lo más indicado es andar con las gomas bien duras, unas 5 o 6 libras más de lo normal, aunque parezca que la suspensión se está desintegrando, pero de esta manera el auto tiende a derrapar menos.
Por otro lado, las gomas duras soportan los golpes con mayor efectividad que las blandas por piedras en el camino, que son cosa común y que no son por desprendimientos de las laderas de las sierras ni nada por el estilo.
De estas piedras hay a montones, están allí, en su gran mayoría, por camiones, colectivos o automóviles que circunstancialmente han estado detenidos y fueron utilizadas como calzas de las ruedas. Cuando las vea, piense bien en querer pasarlas por el medio del auto, es triste romper algo, y no se haga mala sangre… va a encontrar muchas.
Derecho de paso
Por más intransitables que parezcan, los caminos serranos siempre soportan camiones y ómnibus con turistas y los conductores de estos vehículos, ya sea por manejar hace mucho en la sierra o por derecho del más fuerte, creen que el camino es de ellos y que le toca al automovilista hacer todo el gasto cuando hay que cruzarse o sobrepasar.
Por su parte el conductor de autos debe considerar que no es lo mismo su ágil vehículo que un pequeño monstruo de ocho o diez toneladas.

La práctica indica que siempre tiene derecho de paso el que va cuesta arriba, esto es, si usted se encuentra en un camino descendente y estrecho, con alguien que sube y ve que el pasar resulta dificultoso, le corresponde a usted hacerse a un lado y esperar que el que sube pase tranquilo.
La bocina es una cosa necesaria, ya que avisa lo que va o viene, no escatime el uso de ella, pero no la haga sonar de tal modo que no escuche la de los demás, ya que su sonido no da derecho de paso, es decir que el que toca primero tiene vía libre, no señor, solamente que debe estar prevenido.
Control del auto
En cuanto al automóvil en sí, poco se puede decir, salvo que debe estar correctamente controlado. Frenos, estado de las cubiertas, una exacta puesta punto del motor y no olvidarse de llevar agua por si el radiador comienza a calentar. Es bastante difícil conseguir agua en esos lugares.
Si el calentamiento del radiador ha sido extremo, tener mucho cuidado al destaparlo, es mejor con un trapo que cubra toda la mano, ir aflojando la tapa muy despacito y luego, con el motor en marcha, agregar el agua, de a poco, despacio, pues el cambio de temperatura puede afectar el block o la tapa de cilindros.
Demás está decirle que, si usted usa algún tipo de aceite especial, lleve siempre un aditivo, dado que, como el agua, es difícil conseguirlo por esas zonas.
Fuente: Página 31 – “Revista Suplemento Turismo Parabrisas Nº 4 – Agosto de 1964 – Editorial Abril”.
Con los demás concesionaros del país, figuraron los de Villa María de aquella década:
“Citroen Argentina-Mughini y Troillet” – “Chrysler Argentina-Dodge Tugisa Vargas SA”-“Ford Motor-Massetti y Cía.”-“General Motors Argentina-Andreoni y Ramonda SRL.”-Automotriz Santa Fe-Rogelio Kfuri Automotores”-“Industrias Kaiser Argentina-Heriberto Tissera”-“Studebaker-Surchi y Cía.”-“Mercedes Benz Argentina-Agapito Albert SRL.”-“Isard Argentina-Vargas SA (en formación)”- “Siam Di Tella-Víctor F. Viale”.