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Un hernandense en la cima: Hizo cumbre en cuatro de las siete montañas más altas del mundo [VIDEOS]
Escribe: Germán Giacchero
De la pampa cordobesa pasó casi sin escalas a las diferentes cimas del cielo.
Jonathan Stobbia tiene 33 años y vive en Hernando (Córdoba). En su vida cotidiana es comerciante, pero también es competidor de kick boxing y desde hace ocho se dedica al montañismo.
Acaba de alcanzar la cumbre del monte Denali o McKinley, la montaña más alta de América del Norte. Junto con un grupo de argentinos y montañistas de otros países como Chile y México, entre ellos un atleta ciego, alcanzó la cima en este pico ubicado en Alaska, a una altitud de 6.190 metros.
Esta montaña está situada a unos 320 kilómetros del Polo Norte y es considerada la montaña más fría del mundo y con un acceso complicado y difícil.
Pero, no es el primer ascenso que logra. Ya ha subido en reiteradas ocasiones a otros picos extremos en distintas partes del globo.
Hasta el Aconcagua y más allá
De ser solo un sueño, la práctica pasó a ser realidad. Un hijo de la llanura, puede desvelarse por las alturas, pero el montañismo no siempre es el resultado final. Y el comienzo fue a lo grande. “Todo empezó como un anhelo, porque era algo casi imposible para quienes vivimos en esta región”, recuerda en diálogo con EL REGIONAL Diario Digital.
“Cuando tuve la posibilidad económica y física para poder hacerlo, decidí intentar con el Aconcagua (la montaña más alta de América), no empezar con una montaña chica como empiezan todos. Mi hermana y yo lo hicimos, y no nos bajamos más de la montaña”, explica.
Ambos hacen alta montaña, pero él con un poco más de frecuencia. Además, viajaron en bicicleta por distintos países de América del Sur.
Pero, el Aconcagua fue solo el principio de un itinerario que lo llevó a diversas regiones del planeta con la finalidad de completar el circuito de los siete picos más altos.
“Llevo hechas cuatro cumbres: el Aconcagua, la más alta de América; el Elbrus, en Rusia, el más alto de Europa; el Kilimanjaro, en Tanzania, el más alto de África; y el Denali, en Alaska y Polo Norte. Me faltarían el Everest, la más alta de Asia y del mundo y la más alta de Oceanía. Pero, mi gran sueño es el monte Vinzon en la Antártida”, aclara.
Malvinas en la cima
En su mochila, además de los elementos necesarios para la supervivencia entre los hielos eternos, ocupa un lugar especial una bandera que representa mucho en lo personal.
En cada travesía porta el estandarte del centro de veteranos de guerra y caídos en Malvinas de Hernando. “Es como una identificación mía, me la regalaron una vez y viaja a todas las cumbres del mundo”, destaca.
También la llevó consigo en este viaje. Pero, no resistió las inclemencias del tiempo el registro fotográfico que obtuvo al hacer pie en la cumbre del monte más alto de Norteamérica.
La hostilidad del clima atentó contra esa posibilidad. “Al llegar a la cima, sacamos un par de fotos, pero uno de los dolores más grandes fue comprobar que el gran frío nos había congelado los celulares y los aparatos. No salieron fotos de la cumbre, ni de las banderas”, se lamenta.
“La foto que más quería y que más voy a extrañar es la imagen con la bandera de los veteranos de Malvinas. Es una deuda pendiente con el Denali, tener esa foto de la cumbre con la bandera”, agrega.
¿Lo intentará de nuevo?
“La foto que más quería y que más voy a extrañar es la imagen con la bandera de los veteranos de Malvinas. Es una deuda pendiente con el Denali, tener esa foto de la cumbre con la bandera”.

La resurrección
Tras bajarse del Elbrus, en el Cáucaso, le diagnosticaron dificultades cardíacas y la imposibilidad de continuar con sus aventuras en alta montaña. Pero, el tiempo le dio la revancha.
“Esta expedición tenía programada hacerla en junio de 2019, pero problemas cardíacos me alejaron del deporte. Me dijeron que nunca más en mi vida iba a poder hacer deportes, fueron años muy duros, ya que siempre fui una persona muy activa”, rememora.
“Este año comencé a entrenar, luego del paso por varios médicos, y el parque Denali abrió y se pudo organizar el viaje. Fue muy rápido e imprevisto”, acota para comenzar a relatar el trayecto hacia la helada cima.
Entre las particularidades del pico que escaló sobresalen, según el intrépido hernandense, su dificultad de acceso, la elevada falta de oxígeno y la mayor altitud existente entre el campo base y la cumbre de una montaña.
“Se suben 4 mil metros, lo que no pasa en ninguna de las montañas del Himalaya. En el Everest, por ejemplo, se suben algo menos de 3.800 metros. Además, hay alrededor de 40% menos de oxígeno que en otra parte del planeta”, comenta.
“Con la baja presión atmosférica que hay y las dificultades que presenta equivale a un pico de unos 7 mil metros. Es considerada más dura, físicamente, que incluso el mismísimo Everest. Este tiene otras dificultades relacionadas con la aclimatación por la gran altura. Pero, esta es una montaña desgastante desde todo punto de vista, te cansa”, completa.
«Por las dificultades que presenta, el Denali equivale a un pico de unos 7 mil metros. Es considerada más dura, físicamente, que incluso el mismísimo Everest. Es una montaña desgastante desde todo punto de vista, te cansa”.
La expedición
El grupo de Jonathan estaba integrado por siete personas: Ignacio Lucero (Mendoza), un experimentado guía de montaña; Valentín Bueno (Buenos Aires), Luciano Merino (Corrientes), Pablo Buchblinder (Santiago de Chile), Omar Álvarez (México DF) y Rafael Jaime (Durango, México).
Uno de los puntos excepcionales de la expedición fue la presencia de Jaime, un atleta de élite ciego, que posee varios galardones en su haber y “se encuentra catalogado como una de las diez personas ciegas socialmente más influyente del mundo”. Fue uno de los que hizo cumbre en el Denali.
«Fue un momento totalmente emocionante para todos, pero, por otro lado, debido al clima duro no lo pudimos disfrutar mucho. Estuvimos solo 8 minutos en la cumbre y bajamos».
A continuación, una síntesis del relato en primera persona por parte del protagonista:
- “La expedición comienza en un pequeño pueblo de Alaska, de ahí se llega al campo base en avioneta. Pasás de tener 20 grados a 10 grados bajo cero en 40 minutos, en medio de un glaciar.
- Luego hay ocho horas de ascenso en trineo al campo 1. En total llevamos 52 kilos cada uno, entre ropa, equipos de acampe y comida. Siguen siete u ocho horas de caminata hasta el campo 2.
- Nosotros nos salteamos el campo 3 (fue una jugada medio arriesgada, pero nos salió) y fuimos directamente al campo 4, donde estuvimos a 4 mil y algo metros de altura. Fue el día más desgastante que tuvimos: arrancamos a las 3 de la mañana a 18 grados bajo cero y nos agarró las tres de la tarde en medio de un glaciar con 40 grados. Tuvimos una amplitud térmica de ¡58 grados ese día! Algo muy loco. Nos demandó 21 horas de caminata llegar al campo 4.
- Nuestra idea era estar unos días ahí para prepararnos para llegar al campo 5 y la cumbre. Pero, hizo unos días con mucho temporal y se nos complicó el viaje. Parte del equipo tuvo que bajar porque tenían problemas para cambiar los vuelos. Pablo, Valentín y Luciano se volvieron, quedamos cuatro.
- Ni bien pasó la tormenta, avanzamos a campo 5, esperamos 18 horas y salimos hacia la cumbre a las 11 de la mañana. Llegamos a las 9 de la noche a la cima del Denali. Fue un día larguísimo y agotador, física como psicológicamente. Unas cuatro horas antes de llegar a cumbre se levantó un temporal y la temperatura pasó de 5 bajo cero a 35 bajo cero, con vientos de 50 kilómetros en la hora. El frío es inimaginable. Bajo esas duras condiciones seguimos cuatro horas más y llegamos a la cumbre.
- Fue un momento totalmente emocionante para todos, pero, por otro lado, debido al clima duro no lo pudimos disfrutar mucho. Estuvimos solo 8 minutos en la cumbre y bajamos.
- Fue una expedición rara. Porque a Ignacio, al guía, le habían dicho que nunca más iba a poder escalar, al igual que a mí. Excepcional también fue la presencia de Rafael Jaime. Fue una experiencia única compartir el ascenso con él. La primera vez que un grupo iberoamericano logra hacer cumbre en el Denali, con una persona ciega”.




