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“Las señoritas”: Las maestras que Sarmiento trajo desde Estados Unidos
Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
La investigadora Laura Ramos escribió en su libro “LAS SEÑORITAS”, la historia que reconstruye vida y andanzas de las 61 pedagogas estadounidenses y 4 varones, que dieron clases en nuestra patria, entre 1869 y 1898, e impulsaron la modernidad que Sarmiento había soñado.
En ese universo de pioneras que delinearon la educación argentina moderna, la investigadora trazó una cartografía de identidades magnéticas y un recorrido de aventuras por las regiones de un país por entonces convulso y peligroso.
Eran solteras y de aspecto atractivo, maestras normales, jóvenes pero con experiencia docente, de buena familia, conductas y morales irreprochables y, en lo posible, entusiastas que también hacían gimnasia; intrépidas y grandes pedagogas; sus nombres y retratos se conservan en escuelas y bibliotecas.
Las seños
En verdad, la idea de trasplantar la educación cosmopolita bostoniana a la Argentina no fue de Domingo Faustino Sarmiento, sino de Mary Peabody Mann, una maestra y escritora norteamericana, gran conocedora del proyecto del sanjuanino de modernizar el país desde las aulas.
En una carta de abril de 1866, Sarmiento había comunicado a Mary Mann las condiciones que había acordado con el gobierno argentino: Contratos por dos o tres años; las maestras podrían abrir cursos públicos o clases particulares además de sus cargos en las escuelas; los salarios oscilarían entre ciento y ciento noventa pesos oro o pesos fuertes para directoras o docentes avanzadas; se crearían escuelas normales y también escuelas primarias llamadas modelo o de aplicación para que los aspirantes a maestros hicieran sus prácticas.
La identidad de aquellas mujeres, su historia, su vida, las alternativas del viaje y su actuación en la Argentina es una trama apasionante. Muchas cumplieron con los contratos de dos o tres años y regresaron, otras se afincaron en nuestro país, casadas o no; dos de ellas se establecieron en la provincia de Mendoza durante cincuenta y tres años. Ninguna se casó con un argentino.
La autora del libro “Las Señoritas” a través de una comunicación por mail con escritores del país del norte, recibió copia de cartas que las maestras enviaban a sus familias y varios diarios íntimos.
Eran muchachas de 22, 25 o 30 años que escribían a los suyos con absoluta sinceridad, hablando libremente de Sarmiento, de los políticos provinciales, de las arañas y las pulgas que encontraban en los hoteles.
Impresiones de Argentina
Florence Atkinson, la más joven, que además escribió dos diarios íntimos formidables, en las cartas cuenta a su familia la vida en la provincia de San Juan, los bailes, los coqueteos, las becas de las sobrinas de Sarmiento y sus intenciones políticas, las revueltas de las montoneras, los asesinatos y también de los baños que se daban en una olla cercana, cómo se vestían para esos baños, cómo nadaban, dónde se bañaban las mujeres y dónde los hombres y nos cuenta, además, la historia argentina minúscula, doméstica, con una pluma graciosa, llena de bromas e ironías, adorable.
También cuentan el viaje en trasatlántico desde Nueva York a Liverpool y de allí a Buenos Aires, sin dejar de mencionar los viajes en diligencia hasta el interior del país, a veces en tren, a veces en carros, viajes interminables de una, dos o tres semanas, en los que a veces no había postas donde dormir o comer. Debían llevar las viandas, pero algunas no sabían esto y debieron contentarse con lo que le convidaban sus compañeras de viaje.
Entonces estas informaciones – dice la escritora – me hicieron sentir que tenía fuego en mis manos… Me fascinó enterarme de la vida de las hermanas y sobrinas de Sarmiento, y de la existencia de la abuela inglesa de Jorge Luis Borges Acevedo, doña Fanny Haslam, que dio pensión a las maestras en su casa de Paraná.
También descubrí que una de las maestras sarmientinas murió de sífilis en Buenos Aires y que este dato fue ocultado para no desprestigiar a Sarmiento, documentación de este caso que se halla en el certificado de defunción, en el cementerio de La Recoleta.
También es interesante aludir a la condición de la soltería, independiente y plena, considerado a cierta edad como “Solterona”, nunca bien vistas en la literatura y objeto de burla, especulaciones, elucubraciones sexuales y de su temperamento. Pero de cualquier forma muchas de ellas eligieron quedarse solteras, vivir y morir en Argentina.
Anécdotas y avatares
De anécdotas está completo el panorama, una de ellas, es de cuando la maestra Emma Caprile, designada en una escuela rural en un campo conocido en aquellos tiempos como los Corrales del matadero, se negó a darles permiso para reclutarse en su escuela a los soldados beligerantes, todos jóvenes pertenecientes a familias importantes, que luchaban en contra del gobierno, en el año 1880.
Y cuando ellas llegaron, la guerra de la Triple Alianza no había terminado, es decir que en esa época ellas, además, estuvieron enfocadas en un momento histórico de nuestra patria, por las batallas y entre cosas, llegó la fiebre amarilla desde aquellos campos de lucha armada.
Mary Graham daba clases con un monito sentado en su hombro y quiso desterrar la costumbre de que las niñas fueran a la escuela con las “sirvientas” caminando atrás, cargando con los libros y no les ponía celadoras porque sostenía que las celadoras son para los hipócritas, para los mentirosos, y además fue acusada de “aires varoniles” y una madre le gritó “gringa bruta” porque le había puesto un nota baja a su hija.
Isabel King murió en Concepción del Uruguay y su pedido fue que la enterraran en Goya, Corrientes, y su cuerpo fue llevado en andas, con antorchas, por las calles de ese pueblo hasta el cementerio.
Además, entre esas maestras estaban las aventureras, como Florence Atkinson y su hermana Sarah, que cruzaron los Andes en mula y caminando. Sarah volvió a los EEUU, y se convirtió en una militante sufragista, luchadora a favor del voto de las mujeres.
Otra de las historias, nos dice que Juanita Stevens, que enseñaba carpintería en Jujuy y lectoescritura a las presas del Buen Pastor, se fue a EEUU con un loro que hablaba español y dos monos, volviendo luego a Jujuy, donde murió.
Otro caso muy triste, el de Addie Stearns, cuyo cadáver esperó tres días y tres noches, por ser protestante, en la puerta del cementerio de Paraná y tuvo que ser enterrada afuera. Durante esas tres noches sus restos fueron cuidados con personas armadas y con fuego a su alrededor por la cercanías de animales salvajes, atraídas por el olor.
Mujeres distintas
Sarmiento estaba fascinado con el tipo de nueva mujer estadounidense que encarnaba Mary Mann, una mujer culta, enérgica y que podía lograr todo lo que se proponía. Era el prototipo de la nueva mujer y él quería que las mujeres argentinas se reflejaran en ese ideal. Y, de hecho, Juana Manso, su gran aliada en Buenos Aires, respondía a ese tipo, aunque era más grande, más madura.
Pero él necesitaba un tipo de mujer muy valiente para que se animara ir al interior, envuelto en las guerras civiles, y que montara escuelas en la selva, en el litoral o en ciudades hostiles a su protestantismo, como la provincia de Córdoba. Era un ideal protoreformista.
Ellas llamaban la atención por sus ropas modernas y sus modales desenvueltos. Sus faldas, que dejaban ver los tobillos, eran vistas como muy cortas, en Buenos Aires y en el interior, como, también, sus costumbres liberales, ya que los protocolos de las señoritas argentinas, consideradas de buena familia, eran bastante estrictos: no podían hablar con los jóvenes excepto en bailes, no podían visitarse en los palcos de los teatros, no podían salir solas y las maestras estadounidenses rompían permanentemente estas convenciones, por ignorarlas. En Córdoba, las nuevas maestras, causaron escándalos, por estas y otras causas, fundamentalmente religiosas.

Existe una historia muy singular, la que protagonizaron Mary Olive Morse y Margaret Collord en Mendoza, que decidieron formar pareja, situación documentada por las nietas de los actuales administradores daneses dueñas de la finca. El tema fue corroborado, cuando al morir las dos, vino un hermano de una de ellas y quemó en una hoguera todas sus cartas y sus libros, lleno de rabia, ya que su familia se había opuesto a que formara pareja con una mujer.
El proceso, en definitiva, fue inverso, las estadounidenses, de algún modo se dejaron argentinizar y Argentina no se “norteamericanizó”, como soñaba Sarmiento.
El libro “LAS SEÑORITAS” fue impreso por “Editorial y Distribuidora Lumen S.R.L.” – Montevideo 604 – 2do. Piso – C101ABN – CABA.



