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[Historias] Zealandia o Zelandia, el continente que falta y está hundido en el mar
Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com
Ya Aristóteles, en sus tiempos, sostenía que existía otro continente bajo el océano, pero recién ahora se tienen precisiones de tal afirmación, ya que la ciencia ha podido confeccionar un mapa preciso que muestra cuán grande era Zelandia, sumergido en el Pacífico.
Tardaron 375 años en encontrarlo, se extiende nada menos que a lo largo de 5 millones de kilómetros cuadrados y no se ha podido establecer su superficie completa.
Él, Eratóstenes y el cartógrafo Ptolomeo lo llamaron “Terra Australis Ignota”, ya que en la Grecia clásica se creía que existía, sí, pero del otro lado del mundo, por una cuestión de “Simetría Geométrica”.
Más tarde, el explorador holandés Abel Tasman se topó en 1642 con una nueva tierra, las islas que ahora conocemos como Nueva Zelanda, pero claramente su superficie no coincidía con aquellas predicciones.
Según informó BBC Mundo, tuvieron que pasar 375 años para confirmar que el continente, al que se llamó Zelandia, realmente existía, aunque era en gran parte invisible a simple vista, ya que el 94% de la superficie está bajo el agua.
Finalmente, un nuevo estudio logró completar el mapa definitivo de Zelandia o como se conoce en maorí, Te Rue-a-Mui, y que fue publicado en “Tectonics” por científicos de GNC Science y se diseñó uno nuevo, detallando los límites de Zelandia, que pudieron elaborar gracias a las muestras de rocas dragadas del fondo del océano.

Cómo se formó
Su historia está ligada a la de Gondwana, el antiguo supercontinente meridional que, al dividirse hace cientos de millones de años, creó los continentes que conocemos hoy y que, según el país en el que uno haya estudiado, puede ser seis o siete. Zelandia se separó hace unos 80 millones de años, pero, a diferencia de sus continentes vecinos de Antártida u Oceanía, la mayor parte de su territorio quedó sumergido.
La única porción de tierra que quedó en superficie son las islas de Nueva Zelanda, el territorio francés de Nueva Caledonia y los diminutos territorios australianos de la isla Lord Howe y la pirámide de Ball.
Al estar bajo el océano, Zelandia había sido poco y mal estudiada, creando inconsistencias sobre su forma y límites. Hasta ahora solo se había mapeado la zona sur del continente.
Con la nueva investigación liderada por el geólogo Nick Mortimer, se definieron los dos tercios que faltaban y se refinaron los mapas existentes, por lo que “el mapeo geológico de reconocimiento terrestre y marino de todo el continente de Zelandia, de 5 millones de km2., ya está completo”, señala el estudio.

El mapa
Paraello, el equipo de geólogos y sismólogos, estudió las muestras de rocas y sedimentos recogidos en el lecho oceánico, en su mayoría procedentes de perforaciones y también de los ejemplares aparecidos en las orillas de las islas de la zona. Se analizaron y dataron basaltos, areniscas y guijarros de areniscas.
Los investigadores descubrieron que las areniscas eran del Cretácico Superior (unos 95 millones de años) y contenían granito y guijarros volcánicos del Cretácico Inferior (de 130 a 110 millones de años). Los basaltos fueron datados del Eoceno (unos 40 millones de años).
Estos resultados, junto con datos de anomalías magnéticas regionales e información de otros estudios, sirvieron a los científicos para elaborar el mapa de la geología submarina del norte de Zelandia.
Tras aquel primer avistamiento europeo en 1642 por parte de Abel Tasman (quien luego daría nombre a la isla de Tasmania), otros exploradores y científicos recorrieron las aguas de Zelandia en busca del continente perdido sin percatarse de que flotaban sobre él.
Las primeras pistas reales de su existencia fueron recopiladas por el naturalista escocés James Hector, quien estudió en 1895 las islas frente a la costa sur de Nueva Zelanda y concluyó que el país es “el remanente de una cadena montañosa que formaba la cresta de una gran área continental que se extendía hacia el sur y el este y que ahora está sumergida”.
Luego en 1995, el geofísico estadounidense Bruce Luyendyk volvió a describir la región como un continente y sugirió llamarla Zelandia.
La corteza continental suele tener unos 40 km de profundidad y es significativamente más gruesa que la corteza oceánica, que habitualmente solo con unos 10 km.
Zelandia tiene unos 20 kilómetros de profundidad porque su plataforma se extendió mucho al separarse de Gondwana. Al ser tan delgado, con el tiempo se hundió, aunque no al nivel de la corteza oceánica normal.
Los científicos defienden que, tanto por la altura de su corteza como el tipo de rocas que la componen, Zelandia es definitivamente un continente.
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Fuente: Infobae