A 15 años de la desaparición de Julio López: «La investigación se hizo mal, no hay ninguna certeza»

A Julio López lo hicieron desaparecer dos veces. La primera, fue tremenda. En 1976, bajo la dictadura cívico-militar de Videla y compañía fue secuestrado, torturado y desfiló por cinco centros clandestinos de detención.

La segunda ocurrió 30 años después de la primera. Y fue peor. Ocurrió en tiempos de democracia. Cuando se dirigía a una instancia del juicio donde previamente había declarado contra el exrepresor Miguel Etchecolatz.

El albañil, militante peronista y sobreviviente de la dictadura de 76 años, fue visto por última vez el 18 de septiembre de 2006, hace casi 15 años. Sus hijos supieron que había sido secuestrado y torturado recién cuando declaró en el juicio.

López, en el juicio contra Etchetolatz. Hace 15 años que nada se sabe de él.

Etchecolatz fue condenado a reclusión perpetua por genocidio, pero López continúa sin aparecer. La carátula de la causa sigue siendo presunta desaparición de persona, aunque su familia pide el cambio a desaparición forzada. Pero, a la Justicia le faltan respuestas.

“El año pasado, unos días antes de cumplirse 14 años, elevamos un pedido como querellantes en la causa para que sea declarada ausencia por desaparición forzada de persona. Lamentablemente, no hay información nueva, estamos a la espera”, explicó Rubén, uno de los hijos de López.

“Siempre se da la causalidad o casualidad que unos días antes de cumplirse el aniversario de la desaparición pasa algo en la Justicia. Esperemos que este año sea el cambio de la carátula. Pero, lo último es que no ha pasado nada nuevo”, remarcó en diálogo con Canal 20 Noticias.

Rubén, hijo de Julio, en una de las tantas marchas en reclamo por Justicia.

Las sospechas

Para López, la ausencia de respuestas es una muestra da la calidad de la investigación judicial. “Hasta ahora hubo pocos avances, aunque se ha investigado mucho. Pero, evidentemente, la investigación se hizo mal, porque han pasado casi 15 años y no tenemos nada cierto”.

Claro que abundan las sospechas sobre quienes su padre identificó como genocidas. “Etchecolatz está descartado él en forma personal, porque fue condenado. Pero solo se lo juzgó a él. Muchos de sus secuaces, que mi viejo identificó en ese juicio fueron condenados recién en 2014”, destacó.

Etchecolatz, el genocida que nunca se arrepintió.

Desde marzo de 1976 hasta fines de 1977 Etchecolatz se desempeñó como director de Investigaciones de la temible Policía de la provincia de Buenos Aires. Fue un colaborador muy cercano del jefe de la fuerza, el entonces exgeneral Ramón Camps.

“Tendemos a pensar, aunque no tenemos pruebas, que el círculo de Etchecolatz o de algunos de estos genocidas condenados posteriormente pudieron haber sido partícipes. Pero hablamos de teoría, no tenemos pruebas”, opinó.

Centro del horror

Julio López fue secuestrado el 27 de octubre de 1976. Durante seis meses permaneció detenido y desaparecido. En ese lapso, pasó por varios centros de detención, tortura y asesinatos. Su testimonio, junto con el de otros testigos, fue valioso para descubrir el horror que escondía Pozo de Arana, un centro de exterminio ubicado cerca de La Plata.

“En la parte posterior de ese centro clandestino se encontraron fosas comunes, con entre 8 mil y 10 mil fracciones de huesos muy pequeños, pero no se pudo determinar a quiénes pertenecen. Eso fue posible gracias al testimonio de mi viejo”, sostuvo Rubén.

Convertido en un testigo del terror, Julio vio como asesinaron a tres de sus compañeros detenidos. Los mismos que compartían la unidad básica con él.  

Hay sospechas sobre los responsables de la desaparición de López, pero ninguna certeza.

“Mi viejo fue testigo, querellante y el que mayor testimonio dio, no solo de lo que sufrió, sino también de lo que vio”, subrayó su hijo.

Y más allá de los culpables directos de la desaparición de su papá, para Rubén, jueces y fiscales también tienen su cuota de responsabilidad, “porque lo tendrían que haber cuidado”.

“Espero que sean juzgados los que hicieron desaparecer a mi viejo. Y pedimos que si hay un fiscal o un juez que se haya sentido presionado, primero que denuncie y luego que renuncie, porque no está a la altura de lo que necesitamos como Justicia”, finalizó.

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